“Y cómo, y cómo es la huevada, nos violan y nos matan y el Estado no hace nada”. Esa es la consigna más escuchada durante la marcha de mujeres que tuvo lugar en Quito, el 8 de marzo, en un tramo comprendido entre el Parque Egido y el Centro Histórico de la ciudad. La proclama refleja la mayor preocupación del movimiento feminista por la integridad sexual y el respeto a la vida. Sin embargo, no se escuchaban lemas que convocaran a la lucha reclamando otras reivindicaciones de la mujer, como el derecho al trabajo, a un salario justo, a la educación, la seguridad social, la inclusión política y cultural, lo que demuestra que la violencia de género es el tema más sentido entre las mujeres organizadas en colectivos feministas del país.

Manifestación pacífica
La marcha transcurrió en forma pacífica desde diversos puntos de convocatoria hasta el centro de la capital, y a excepción de otros años cuando fue reprimida, esta vez la proximidad de elecciones presidenciales impidió que los representantes del Estado ordenaran hostilidades policiales o militares en contra de las mujeres manifestantes. En el año 2023 ese mismo Estado mandó a las fuerzas represivas a reprimir en el Centro Histórico de Quito a las mujeres que marchaban manifestándose por sus derechos de género. Eliana expresó: «Este es un momento muy conmemorativo para la mujer para luchar por nuestros derechos». En tanto, Francisca instó a que «nos unamos todas por una sola lucha, porque nos faltan muchas, nos faltan más mujeres aquí, nos faltan».

Entre las manifestantes se confundían estudiantes, mujeres indígenas, transexuales y jóvenes de la pequeña burguesía que engrosaban las filas de las feministas. Estos grupos, una vez ingresados en la Plaza de Santo Domingo realizaban manifestaciones alusivas a sus costumbres culturales con expresiones musicales y danzantes. Daniela expresó: «Esta es una lucha constante por la mujer, por eso estoy apoyando a las mujeres que luchan por sus derechos».
Los colectivos integrados preferentemente por estudiantes universitarias, trabajadoras particulares, artistas y gestoras culturales, no necesariamente están organizados visiblemente en instituciones clasistas como asociaciones, sindicatos o comités de empleadas. Dicha carencia hace que el sentido de clase esté ausente como principal factor de lucha política y social del feminismo ecuatoriano, representando una omisión a la hora de plantearse un proyecto político de transformación social de alcance nacional. Si bien la lucha contra la violencia, la cara más visible de la segregación de género, convoca mayormente a la mujer ecuatoriana a luchar por sus derechos, no siempre resulta suficiente en la formación de un gran frente ciudadano que se plantee y que convoque, en su conjunto a la sociedad, a un cambio político y social más profundo. El componente de sectores de clase media, amas de casa y estudiantes, hace pensar en la necesidad de que el feminismo ecuatoriano requiere de una mayor integración de la clase trabajadora que represente una opción de cambio estructural de la sociedad.

Las mujeres en política
Según datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censo, INEC, las mujeres en Ecuador representan el 51,3 % de la población, es decir, en el país hay más de 8.6 millones de mujeres. El INEC registra que 38,5 % de hogares en el país cuentan con una mujer como cabeza de hogar. En el ámbito laboral el 40,8 % de personas que cuentan con empleo son mujeres, y solo el 52,2 % de ellas tienen afiliación al Seguro Social. Además, según datos de ONU Mujeres Ecuador, 6 de cada 10 mujeres han vivido algún tipo de violencia de género.

Las próximas elecciones presidenciales, aparentemente, representan una oportunidad para hacer oír la voz de las mujeres por sus derechos de género y elegir a quien mejor las represente. La presencia de una mujer como candidata finalista para la segunda vuelta electoral debería reflejar de mejor manera esta posibilidad.
El plan de Luisa González dedica un apartado específico a mujeres y niñas, estructurado en tres secciones: Ciudadanía con igualdad de género, lucha contra la discriminación y violencia de género y Economía de los ciudadanos y superación de brechas. En detalle la candidata se propone implementar leyes y políticas que protejan a las víctimas y sanciones a los agresores como una forma de combate de la violencia contra la mujer. Crear programas educativos integrales en escuelas, espacios profesionales y la sociedad en general para prevenir la violencia contra la mujer. Fomentar políticas de igualdad salarial para conciliar la vida laboral y personal, promover la participación y el progreso de las mujeres
El plan de gobierno de Daniel Noboa pone énfasis en la salud materna, proponiendo servicios médicos adecuados antes, durante y después del embarazo, así como estrategias de planificación familiar y educación en salud sexual y reproductiva. Prestar servicios de salud adecuados y oportunos antes, durante y después del embarazo y crear programas de planificación familiar para promover el acceso a la salud sexual y reproductiva y facilitar el acceso a información y métodos anticonceptivos. Eliminar la discriminación y violencia de género en el ámbito de la salud y promover el respeto a los derechos sexuales. Identificar y reconocer a las empresas que tengan buenas prácticas de generación de empleo femenino en igualdad.
Si bien ambos planes incluyen propuestas para mejorar las condiciones de vida de las mujeres, los enfoques y prioridades varían. Mientras que González enfatiza la lucha contra la violencia de género, la igualdad en el acceso a oportunidades y la economía del cuidado, Noboa centra su atención en la salud materna, los incentivos al empleo femenino y políticas para mujeres en condiciones de vulnerabilidad.

Las marchas feministas han conseguido impactar a la opinión pública, y otros logros significativos, como llamar la atención de las autoridades y promover ciertos cambios institucionales y normativos. Los avances más importantes del movimiento feminista se han visto consolidados en materia de educación, trabajo remunerado, participación política y el reconocimiento de la violencia de género como un asunto de interés público; no obstante, es necesaria la creación de políticas de género que realmente se enfoquen en la injusticia social, discriminaciones de todo tipo e inclusión de género en todos los ámbitos de la vida política y social.

El movimiento femenino y sus representantes entre los ocho millones y medio de mujeres ecuatorianas, debe crear las condiciones para que por su propia iniciativa y recursos organizativos genere la conformación de un gran colectivo sin exclusión de clase, condición social y género. La presencia masculina en las filas del feminismo ecuatoriano significa un avance en la lucha por los derechos de la mujer y un síntoma de unidad nacional que se debe fortalecer, a condición de una visión integradora de la sociedad. El pueblo unido difícilmente es vencido en la construcción de una nueva sociedad, el feminismo excluyente no resulta ser suficiente.




