El Día Internacional de la Mujer, 8 de marzo, no es una fecha feminista, romántica o arbitraria, elegida al azar en el calendario para conmemorar hechos del pasado, consignar tareas del presente o proyectar desafíos futuros. Este día no se inscribe en el tiempo romantizando la historia del protagonismo de la mujer solo por razones de género. La fecha conmemora diversos momentos en que la mujer trabajadora en América, Europa y Asia se manifestó por mejorar sus condiciones de vida, inserción laboral y derechos políticos, sociales y culturales en igualdad de condiciones.
En los convulsos años del siglo diecinueve cobraba impulso el movimiento obrero en el mundo industrializado y la mujer trabajadora no tenía derecho a votar, manejar sus propios recursos materiales o estudiar y su esperanza de vida era menor que el de los hombres. En ese contexto, Lucrecia Mott junto a otras mujeres, organiza en 1848 la Primera Convención Nacional por los Derechos de la Mujeres en Estados Unidos, encuentro que exigió derechos políticos, sociales y religiosos para el colectivo y, principalmente, el derecho al voto femenino. La semilla estaba echada.
Medio siglo más tarde, en 1908, tuvo lugar en Nueva York una marcha de quince mil mujeres obreras exigiendo reducir la jornada laboral, mejores salarios y el derecho al voto, el acontecimiento se convierte en la antesala del Día Internacional de la Mujer que se celebró por primera vez el 28 de febrero de 1909.
Réplica mundial
En Europa, la militante comunista alemana Clara Zetkin propone conmemorar “un día global de la mujer” en la Conferencia Internacional de la Mujer Trabajadora, celebrada en Copenhague en 1910, y mujeres representantes de 17 países aprobaron la moción. Es así que el 19 de marzo de 1911 se celebra el Día Internacional del Mujer Trabajadora en conmemoración de las revoluciones europeas de 1848 y de la Comuna de Paris. En esa oportunidad marchan en Alemania, Austria y Suiza más de un millón de manifestantes. Fue la oportunidad para que miles de mujeres se expresaran por el derecho a voto, derecho al trabajo, a la formación profesional y a ocupar cargos públicos sin discriminación laboral.
El colectivo de mujeres se pronunció en contra de la Primera Guerra Mundial que se inicia en 1914 en Europa. Al fragor de los movimientos por la paz, las mujeres rusas celebraron el Día Internacional de la Mujer el último domingo de febrero de 1913 y organizaron una huelga que duró varios días en protesta contra la hambruna y la pérdida de soldados rusos muertos en la guerra. Centenares de trabajadores metalúrgicos se unieron a la protesta de las mujeres y la manifestación fue violentamente reprimida a sangre y fuego por orden del zar Nicolás II para poner fin a la manifestación. Lejos de aquello, la protesta dio origen a la Revolución de Febrero que puso fin a la monarquía rusa zarista. El éxito del movimiento dio lugar a un Gobierno Provisional en Rusia que reconoció el Derecho al Voto de la Mujer. El día que se inició la huelga de mujeres rusas fue, precisamente, el 8 de marzo y a partir de entonces se proclama esta fecha para conmemorar la lucha de las mujeres en diversos países del mundo.
Medio siglo después la Organización de las Naciones Unidas, ONU, oficializa esta fecha como el Día Internacional de la Mujer en una Conferencia en México, y en 1975 se declara el Año de la Mujer para promover la participación de género, aumentar servicios de planificación familiar y otros derechos femeninos.
Situación de género
La desigualdad de género es un factor clave de la pobreza y menoscaba gravemente los derechos de las mujeres. En la actualidad la situación de género deja de manifiesto que en varios países las mujeres no tienen derechos igualitarios en el divorcio y no pueden acceder al aborto bajo condiciones legales y, según informes de la ONU, son las más afectadas por el cambio climático, ocupan menos cargos de poder en la política y los negocios y realizan trabajos domésticos no remunerados. Persisten patrones culturales violentos y discriminatorios hacia mujeres y aun existen diversos espacios internacionales en que la mujer está subrepresentada y carece de participación igualitaria junto al hombre en el mundo de la economía.
La mayor parte de las personas que viven en situación de pobreza son mujeres. En comparación con los hombres, tienen un menor acceso a recursos, poder e influencia, y pueden experimentar una mayor desigualdad debido a su clase, etnia o edad, así como debido a creencias religiosas y políticas.
Las mujeres solo ocupan el 24% de los escaños parlamentarios a nivel mundial. En el ámbito municipal la situación es aún más grave, ya que tan solo ocupan el 5% de las alcaldías. En promedio, en todas las regiones y sectores, el salario de las mujeres es un 24% inferior al de los hombres.
Casi dos terceras partes de los 781 millones de personas adultas analfabetas son mujeres, un porcentaje que se ha mantenido constante durante las dos últimas décadas. En 153 países existen leyes que discriminan económicamente a las mujeres. En 18 de estos países, los maridos pueden impedir legalmente que sus esposas trabajen. En todo el mundo, una de cada tres mujeres sufre o sufrirá violencias machistas en algún momento de su vida.
La historia que consagra al 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer no solo rinde tributo a la lucha de la mujer por sus derechos. Además, confirma su protagonismo en la lucha política que incluye y convoca a hombres y mujeres a impulsar procesos por una transformación estructural de la sociedad bajo principios de equidad y justicia social.



