Los acontecimientos internacionales dan cuenta de una nueva época. El ordenamiento mundial que surgió a partir del mapa geopolítico que se conformó luego de concluida la Segunda Guerra Mundial se está recomponiendo. Los países del bloque de aliados que ganó la conflagración bélica sobre el eje fascista de Alemania, Japón e Italia, se realinean en torno a nuevos objetivos políticos y económicos.
¿Estamos ante el surgimiento de un nuevo orden mundial? Los acontecimientos parecen indicar que es así, y que ese nuevo orden surgirá del resultado de un nuevo conflicto que resuelva la trilateralidad entre Estados Unidos, Rusia y China, y que llamaremos la Guerra Tibia.
Al término de la Segunda Guerra Mundial en 1945, el mundo se dividió en dos bloques opuestos: el occidental capitalista y el oriental socialista. El orden mundial de posguerra estuvo marcado por la Guerra Fría, con la presencia y enfrentamiento de dos modelos, uno que promovía el capitalismo y la democracia liberal, encabezado por Estados Unidos, y otro que abogaba por el socialismo y el comunismo, liderado por la Unión Soviética y China. Dicha guerra, sin enfrentamiento directo entre las partes en conflicto, era preventiva y las acciones relevantes eran el espionaje, la propaganda, las conspiraciones y la presión económica y política como las principales formas de la disputa. No obstante, la lógica del enfrentamiento había quedado demarcada de manera tajante por sentimientos como la desconfianza, el miedo y el desprecio por el otro que hicieron grieta en la cultura política de toda una generación.
La Guerra Fría
El nuevo ordenamiento global surgido de la Segunda Guerra Mundial quedó plasmado en una organización internacional creada en octubre de 1945, las Organización de las Naciones Unidas después de que la Carta de la ONU fuera ratificada por China, Francia, la Unión Soviética, el Reino Unido, los Estados Unidos y la mayoría de los demás signatarios. Sin embargo, la ONU no constituye nada en términos de contener los conflictos, puesto que no hace más que secundar todo giro del desarrollo de la Guerra Fría, durante un enfrentamiento político, económico, social, ideológico, militar y propagandístico que enfrentó a Estados Unidos y la Unión Soviética entre 1947 y 1991, puesto que sus métodos y procedimientos, aunque tienen cierto valor, los verdaderos problemas y fenómenos objetivos no se solucionan con discusiones normativistas o procesales.
Más aún la Guerra Fría, que fue una confrontación por espacios de influencia con despliegue de ayuda, presión económica, intervención militar, espionaje y propaganda, de dos potencias ante sus aliados -EE. UU y URSS- con una gran tensión entre ambas. La mayoría de los conflictos fueron de carácter local con una incesante carrera armamentistas con fines de defensa, disuasión política o demostración de poder.
Las partes en confrontación organizaron sus recursos para ejercer influencia en zonas de interés geopolítico. El bloque occidental liderado por los EE. UU se organiza a partir del Plan Marshall desde 1947, consistente en la entrega de préstamos estadounidenses para el rescate económico y reconstrucción de naciones afectadas después de la Segunda Guerra Mundial. La Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, se organiza con fines militares con el objetivo de garantizar seguridad de países miembros en caso de amenaza externa. Además, se crea un orden financiero internacional con instituciones destinadas a favorecer el modelo capitalista, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. En tanto, el bloque oriental o socialista se organiza a partir del Consejo de Ayuda Mutua Económica con el objetivo de fomentar las relaciones comerciales entre naciones socialista y firma en 1955 el Pacto de Varsovia, acuerdo de cooperación militar integrado por las naciones socialistas cuyo fin era protegerse de cualquier acción militar proveniente del occidente.
Este orden de posguerra observa diversos conflictos internacionales que fueron desgastando a las potencias líderes. La división de Alemania en dos Estados y la Guerra de Corea dan inicio a una época de conflictos que buscan ser amainados con la llamada Coexistencia Pacífica entre los años 1953 a 1975, mediante un acercamiento diplomático entre las dos potencias mundiales. Bajo esta lógica de la diplomacia se resuelven conflictos como la construcción del Muro de Berlín en 1961 y la crisis de los misiles en 1962 cuando la inteligencia norteamericana descubre misiles nucleares soviéticos en Cuba, apuntando directamente a los Estados Unidos. La posterior guerra de Vietnam entre 1964 y 1975 fue un hecho que puso en riesgo la coexistencia pacífica, así como el surgimiento de los regímenes neoliberales de EE. UU e Inglaterra, la Revolución Sandinista en Nicaragua en 1979 y la intervención de la URSS en Afganistán ese mismo año.
La Guerra Fría marcaba nuevos hitos. Es así que en la URSS se inicia un proceso de apertura comercial que pone fin a la herencia estalinista y la ayuda soviética al bloque socialista de países como Hungría, Checoslovaquia y Polonia que dejan de recibir apoyo para sus economías centralizadas, lo que marca el inicio del derrumbe del campo socialista.
En el occidente, Estados Unidos adquiere una posición aventajada después de la guerra mundial y se consolida como líder económico global y prestamista de las naciones en construcción con gran influencia sobre varios gobiernos del mundo. Al interior de EE. UU surge una nueva realidad con el advenimiento de una sociedad de consumo posbélica y diversos grupos al interior del país que se pronuncian críticamente en temas como la segregación racial, el pacifismo y el feminismo que busca la igualdad de derechos políticos bajo una visión de género.
La guerra tibia
La Guerra Fría llega a su fin con el desgaste de la URSS y su extinción posterior y su falta de apoyo al bloque socialista que inicia su ocaso. En 1989 cae el Muro de Berlín, símbolo de la división del mundo y en la URSS hay elecciones en 1990, a partir de entonces la potencia del este deja de ser un contrapeso para los Estados Unidos. El mundo bipolar con el equilibrio de poder surgido de la Segunda Guerra se desdibuja con la emergencia de China en el escenario mundial.
El surgimiento de China como potencia internacional se ve consolidado por lo que se ha dado en llamar el poder blando de China, consistente en una influencia indirecta y no militar de la República Popular China que tiene lugar fuera del país en todo el mundo. El poder blando bien se puede resumir como «lograr que otros cumplan tus órdenes» sin recurrir al poder duro, que el gobierno chino utiliza con un enfoque diferente especialmente en los países desarrollados. Según el Índice de Poder Asiático de 2019, China lidera la influencia diplomática y ocupa el segundo lugar entre 25 países en influencia cultural después de Estados Unidos. China ocupa el tercer puesto entre 193 países en el Índice Global de Poder Blando 2024 publicado por Brand Finance, una consultora de evaluación de marcas. El poder blando chino en los países del Oriente Medio se ha estado expandiendo desde principios del milenio e incluye esfuerzos en los campos de la educación, el periodismo y la cultura popular. En los últimos años, China ha exportado su cultura al exterior principalmente a través de video juegos. Empresas de juegos como Tencent se han convertido en instrumentos para que China ejerza poder blando, adquiriendo acciones en importantes empresas de videojuegos e incorporando elementos culturales chinos en los juegos para promover la influencia de China a nivel mundial.
China se ha transformado en una superpotencia militar asimétrica. Es decir, ha desarrollado sistemas armamentistas que cuestan una fracción de los estadounidenses y que, sin embargo, pueden neutralizarlos. Explotando los puntos vulnerables de aquellos, pueden destruirlos o hacerlos inoperativos. China en el 2030 habrá de superar el PIB de Estados Unidos en términos reales. De hecho, en 2014 ya lo superó en términos en Poder de Paridad de Compra. A partir del 2030, Pekín podrá sobrepasar los gastos militares de Washington, sin que este pueda hacer mucho al respecto. Para 2050 la economía china será mucho más rica que la estadounidense, quizás hasta tres veces mayor de acuerdo a algunas proyecciones. China estará en capacidad de sobrepasar a su antojo los gastos militares de Estados Unidos (The Hundred-Year Marathon, New York, 2018).
Esta realidad conocida por Estados Unidos y sus gobernantes, hace cambiar las prioridades estadounidenses. El enemigo prioritario ya no es Rusia, sino el coloso oriental chino. La guerra es con este nuevo enemigo que disputa la hegemonía mundial en la trilateralidad EE. UU, Rusia y China. Esa guerra no es lo suficientemente caliente, tampoco es tan fría como la anterior, es una Guerra Tibia que se da en los mercados internacionales, los campos de influencia diplomática, la carrera armamentista y el influjo cultural al resto del mundo.
Este nuevo escenario bélico recompone el mapa mundial con Estados Unidos de vocación imperialista que se saca la máscara de paradigma occidental democrático y libertario, y desafía tradicionales valores de su propia cultura y del occidente. La potencia capitalista deja a un lado la democracia formal e inaugura regímenes autoritarios como el de Donald Trump, abandona los principios de libre mercado con aranceles impuestos a los productos competitivos, declara el intervencionismo proteccionista en el campo económico y politico. En esta nueva lógica de la política estadounidense frente al mundo, se resquebraja la alianza con Europa surgida en la Segunda Guerra Mundial y el viejo continente se ve obligado a buscar un nuevo paraguas de protección nuclear propio ante lo que considera una potencial amenaza rusa, en esa línea busca un rearme en una carrera armamentista que supone comprar material bélico a los Estados Unidos, un ex socio, hoy ya nada confiable en la conformación de un nuevo orden mundial.
En esta guerra tibia Estados Unidos tratará de tomar el control económico total del mundo. Utilizará los avances científicos para ejercer control sobre el mundo entero. Buscará crear una hegemonía mundial que se apodere del poder politico, social e incluso de los medios de comunicación. El camino del nuevo orden mundial que nos lleva a la más profunda perversión y apostasía en toda la historia humana.
El nuevo orden mundial
Este concepto del nuevo orden mundial no es nada nuevo, ya fue enunciado con anterioridad. El Apocalipsis advierte sobre un líder carismático que se alzará en el mundo. Será dotado de elocuencia, pero extremadamente cruel convirtiéndose en un líder de culto y adoración, se apoderará del control del mundo, será un maestro del engaño y se volverá arrogante, destruirá a muchos, aunque será quebrantado no por poder humano.
El nuevo orden se levanta sobre el caos y la confusión de un mundo que no alcanzó entendimientos por consensos y hoy busca imponer la centralización del poder en ámbitos policiales y judiciales, donde se replantean debates sobre la soberanía y la libertad nacional y desaparecen las fronteras frente a una autoridad central que domina la vida humana.
¿Utópico o distópico? El nuevo orden pretende ser una suerte de organización mundial con una élite económica que nos gobierne. El nuevo orden mundial tiene características que se alinean con la figura del Anticristo, un líder carismático y estratégico que cautivará con sus propuestas y acciones presentándose como solucionador de los problemas del mundo. El Anticristo utilizará una falsa promesa de paz para adormecer a las naciones, mientras establece su régimen de terror y destrucción.
En la actualidad todo el mundo anhela un líder que pueda aminorar sus sufrimientos, mejorar sus finanzas y ofrecer esperanza para el futuro. Para muchos lo que importa no es el carácter o la naturaleza del líder si no que si éste puede cumplir sus promesas.
El mundo está en un estado de transición que sugiere una preparación para un nuevo orden mundial. El dilema de establecer un nuevo orden mundial radica en que ofrece algo que no puede cumplir. La razón es porque todas las naciones integrantes de ese nuevo orden mundial están lideradas por individuos con corazones corruptos. El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente.



