Este viernes pasado en la Casa Blanca, sede del gobierno estadounidense, tuvo lugar uno de los momentos más bochornosos de la diplomacia actual. Vladimir Zelenski, presidente de Ucrania, había sido convocado a Washington para firmar el acuerdo mediante el cual el gobierno ucraniano reconoce una deuda de 350 mil millones de dólares con los Estados Unidos por concepto de armas y pertrechos militares que ese país transfirió a Kiev para enfrentar la guerra con Rusia.
Desde su llegada a la Casa Blanca, Zelenski resultó humillado por la manera informal como se presentó vestido, luego durante la rueda de prensa conjunta con Trump fue menospreciado por la altanería de Zelenski de no doblegarse ante Trump y el vicepresidente Vance.
Trump, al recibir al presidente ucraniano, se burla de la vestimenta casual de Zelenski, una sudadera negra y pantalón casual del mismo color y le dice que está muy elegante. Luego durante la álgida reunión le saca en cara que Estados Unidos es el país que más ayuda ha entregado a Ucrania durante la guerra, cuando Zelenski le señala que Ucrania siempre ha estado sola frente a su enemigo ruso. Ante esta afirmación, le dicen que es un desagradecido que no dio las gracias al gobierno norteamericano de Trump que está queriendo salvar a Ucrania de una destrucción total. De paso le recuerdan que es una falta de respeto presentarse vestido de ese modo y hablar en ese tono en la Casa Blanca, frente a todos los medios de comunicación norteamericanos.
Trump acusa a Zelenski de estar jugando con la Tercera Guerra Mundial y que ya no tiene ninguna carta en la mano sin el apoyo de Estados Unidos. Le acusan de montar reuniones de propaganda bélica en Kiev y de estar quedándose sin soldados para combatir en el campo de batalla.
El resultado final del humillante encuentro entre Zelenski, Trump y Vance es que lo que iba ser un almuerzo con firma del tratado no se cumplió, y luego Zelenski fue despedido de la Casa Blanca por el personal de Trump porque se negó a firmar el acuerdo.
La pregunta que surge de este hecho: ¿La no firma del tratado de Ucrania con los Estados Unidos estaba en la agenda de Zelenski acordado previamente con sus asesores en Kiev o fue que en último minuto, ante la desastrosa reunión con Trump frente a la prensa norteamericana, no se dieron las condiciones para la firma del acuerdo?
Lo cierto es que este hecho es sin duda un paso en falso de Zelenski que ha manejado la comunicación con graves errores, como las sesiones de fotografías frívolas que se realiza con su esposa posando como un héroe ante las cámaras, mientras la juventud de su pueblo muere en el campo de batalla.
La actitud de Zelenski ante Trump no es diplomacia inteligente ni dignidad política, es un acto de desesperación ante la prepotente humillación de sus interlocutores, Trump y Vance.
La sorprendente conclusión que saca Trump es que el show montado en la Casa Blanca va a tener un elevado rating televisivo, en un gesto impresentable de un sujeto que tenía en mente esa idea manipuladora del televidente, en lugar de tratar en forma seria un tema tan delicado del cual depende la paz mundial. No es sorprendente en un sujeto como Trump que piensa como negociante para ganar siempre y que solo le interesa cobrar el dinero invertido por EE. UU en una guerra perdida desde el comienzo por Ucrania frente a Rusia.
Trump, en un gesto desproporcionado e inoportuno, le exige a Ucrania saldar una deuda de guerra equivalente a la mitad de sus recursos naturales en metales raros que están en tierras ucranianas, en consecuencia que nunca quedó claro si se trató de un préstamo o una donación de guerra en defensa “de la libertad y la democracia”.
Estados Unidos tiene en la Casa Blanca un presidente elegido por un pueblo ignorante, manipulado, y que gobierna a la cabeza de un régimen que actúa políticamente bajo un acto de fascismo imperialista. El verdadero peligro para la paz mundial se llama Donald Trump.
Zelenski mostró ser un pésimo comediante que actuó mal frente al actor de televisión llamado Donald Trump y perdió el montaje televisivo con humillante derrota mediática, luego de la derrota militar frente a Rusia.
El mundo observa con estupor el bochorno de la Casa Blanca y, más allá del destino del sacrificado pueblo ucraniano, importa el futuro de la humanidad ante el peligro que significa el imperialismo norteamericano conducido por un sujeto impredecible e irrespetuoso de las más básicas normas de la diplomacia.
Corren malos tiempos para la democracia formal, la paz mundial y el equilibrio internacional con un país que busca recuperar su hegemonía con una geopolítica imperialista que impone con el inocultable afán de obtener además réditos económicos de su gestión. El único muro de contención es un mundo multipolar y la unidad de los pueblos contra esta nueva agresión imperial.



