Por Carlos Iván Vigletti*
Las elecciones de 2025 no son simplemente la elección de un presidente; es la encrucijada entre dos visiones de país. De un lado, un proyecto neoliberal desgastado que ha demostrado ser incapaz de ofrecer estabilidad, seguridad y desarrollo. Del otro, una alternativa progresista que enfrenta el reto de superar las fracturas internas y articular un programa económico y político que no solo se base en la memoria, sino en una propuesta de futuro.
Ecuador ha sido gobernado en los últimos años por élites que no tienen un proyecto de nación. Su única estrategia ha sido entregar los recursos estratégicos, desmantelar el Estado y alinear el país con potencias extranjeras sin un beneficio real para la ciudadanía. El país no necesita un gobierno que simplemente gestione la crisis, sino uno que tenga la capacidad de pensar en términos de desarrollo económico y autonomía soberana.
1. El Verdadero Desafío: Recuperar la Soberanía Nacional
La crisis actual no se reduce a lo económico, sino que es una crisis de soberanía. Se nos ha dicho que Ecuador necesita seguir dependiendo de organismos financieros internacionales, que nuestra seguridad debe estar en manos de asesores extranjeros, que la única salida a la crisis es vender los recursos naturales y precarizar el trabajo.
El neoliberalismo en Ecuador ha sido una política de saqueo, no de desarrollo.
Países con menos recursos que Ecuador han sabido manejar sus economías con mayor independencia. La pregunta central de estas elecciones es:
¿Seguiremos permitiendo que se tomen decisiones estratégicas desde fuera, o recuperaremos nuestra capacidad de definir nuestro propio destino? Para ello, no basta con cambiar de gobierno, es fundamental un proyecto de país que no solo administre crisis, sino que genere crecimiento.
2. La Necesidad de un Proyecto de Desarrollo Nacional
El problema del neoliberalismo no es solo ideológico, es un problema de resultados. Ecuador, con todas sus potencialidades, no puede depender exclusivamente de la exportación de materias primas ni del endeudamiento externo.
Alternativas viables que un gobierno soberano podría implementar:
Fortalecimiento de la producción nacional: Invertir en sectores industriales, agroindustriales y tecnológicos para reducir la dependencia de importaciones.
Desarrollo del talento humano: En lugar de precarizar el empleo, se necesita apostar por la innovación y el conocimiento como motores de la economía.
Control estratégico de los recursos naturales: Ecuador debe beneficiarse de sus recursos, no regalar sus riquezas a corporaciones extranjeras.
Reactivación del Estado como motor de inversión: No para sustituir al sector privado, sino para generar empleo y crecimiento en áreas estratégicas.
Una política exterior soberana: No alineada ciegamente con una potencia, sino con acuerdos que beneficien realmente al país.
3. El Desafío Político: Construir Unidad en la Diversidad
Para enfrentar este momento histórico, se necesita una visión más amplia y madura de la política. Las diferencias entre sectores progresistas, sociales e indígenas no pueden ser una barrera que impida un frente común.
La fragmentación solo beneficia a las élites que quieren seguir gobernando sin ofrecer soluciones. Las elecciones deben ser una oportunidad para articular un pacto social amplio, donde los sectores populares, trabajadores, académicos, empresarios nacionales y la juventud puedan coincidir en una visión de país que trascienda la polarización y apueste por el desarrollo real.
4. Un Llamado a la Cordura y la Responsabilidad Histórica
Ecuador no puede permitirse otros cuatro años de improvisación, crisis y entrega de su soberanía. Es momento de construir un consenso basado en principios claros:
Soberanía nacional sobre nuestros recursos y economía.
Un Estado que promueva el desarrollo sin caer en corrupción o clientelismo.
Un modelo productivo que genere empleo sin precarización.Una política de seguridad que no solo sea represión, sino prevención e inversión en educación y oportunidades.
Un liderazgo que piense en el futuro del país, no en sus propios intereses políticos.
La unidad no significa unanimidad, significa reconocer que hay un enemigo común: el subdesarrollo impuesto por quienes gobiernan solo para sí mismos. Es hora de pensar en grande. Ecuador no puede seguir siendo un país gobernado con mentalidad de crisis. Se necesita un gobierno con visión de futuro, con capacidad de transformar las crisis en oportunidades. La elección de 2025 es una decisión entre seguir en el estancamiento o construir un país con dignidad, soberanía y desarrollo para todos.
*Sociólogo y politólogo, graduado en la Universidad Central del Ecuador, con estudios de cuarto nivel en análisis de opinión y políticas públicas. Desde los años 80, se ha dedicado a la investigación social, abordando temas de opinión pública, migración, desarrollo territorial y políticas sociales. Ha ejercido la docencia en el Instituto de Altos Estudios Nacionales (IAEN), la Universidad Central del Ecuador y la Universidad de Guayaquil, combinando su experiencia académica con el trabajo de campo y el análisis aplicado en diversas instituciones.



