Las decisiones y acciones del presidente estadounidense, Donald Trump, han suscitado diversas reacciones en la opinión pública. En artículos de opinión, redes sociales y manifestaciones públicas en medios informativos se expresan criterios condenando las determinaciones de Trump o solidarizando con los afectados por las resoluciones de la Casa Blanca.
Las expresiones de rechazo se registran en varios aspectos: Condena a los intentos de intervención en América Latina, bajo la pretensión de tomar el control del Canal de Panamá o cambiar el nombre al Golfo de México por el de Golfo de América, en un afán de menoscabar un símbolo regional latinoamericano. También voces diversas se manifiestan en contra de la amenaza de apropiación por la vía de una invasión militar norteamericana de la Franja de Gaza, expulsando a dos millones de palestinos, con intenciones de convertirla en un enclave capitalista de clubes privados y hoteles de lujo a la venta para millonarios de todo el mundo. O expresar el rechazo a los intentos de anexar Canadá como otro Estado de la unión norteamericana o apropiarse Groenlandia.
No obstante, todas estas muestras de rechazo a Trump y de solidaridad con los afectados por sus decisiones, buscan movilizar sentimientos de apoyo moral que no necesariamente tienen implicancia política.
Las acciones del Pentágono ameritan una reflexión a mayor profundidad de los hechos en busca de despejar una interrogante clave: ¿Cuál es el plan de Trump? Se trata de establecer qué hay detrás de la mayor deportación de inmigrantes en la historia del país del norte, nuevos aranceles a países latinoamericanos, una política exterior norteamericana aislacionista y una mayor actitud proteccionista en términos económicos.
El verdadero plan de Trump es devolver la hegemonía a los Estados Unidos, supremacía que la potencia capitalista viene perdiendo en un mundo multipolar que asiste al surgimiento de China o Rusia como hegemón mundial. La pérdida de influencia estadunidense fruto de la reacción soberana de los pueblos afectados por su geopolítica -Oriente Medio, América Latina y otros- marca un antes y un después en la presencia omnipotente de los Estados Unidos en el mundo.
La ingente asignación de recursos económicos estadounidenses, en armas y en dinero, para causas políticas que no resultaron ser justas o exitosas, ha motivado al mandatario norteamericano a recuperar grandes cantidades de dinero mediante el cobro forzado a los beneficiarios. Casos de corrupción y desvío de fondos, como es el tema de USAID en Venezuela, parecen dar razón a Trump en su decisión de poner fin al desembolso descontrolado de recursos financieros estadounidense para supuestas causas de «libertad y democracia» en el mundo que terminaron en escándalos de corrupción.
Simultáneamente, la administración Trump decide favorecer la participación de Chevron en el país latinoamericano, exigiendo a Nicolás Maduro que destine 100 mil barriles diarios de petróleo, a través de Chevron hacia a los EE. UU, reduciendo esa misma cantidad que Venezuela entregaba a Cuba diariamente, a 8 mil barriles diarios, provocando una grave crisis energética a la isla caribeña con la paralización de más de veinte plantas eléctricas cubanas abastecidas por petróleo, condenando al país a la paralización industrial en medio de la oscuridad.
La decisión de Trump de redefinir el papel de Estados Unidos en el escenario mundial, buscando imponer su voluntad a América Latina, Europa y a otros actores internacionales, forma parte de un plan geopolítico global de recuperar la hegemonía mundial norteamericana. Prueba de ello es la persistente actitud de Washington de relegar a sus aliados a un rol secundario en el tratamiento de diversos conflictos como Ucrania, Oriente Medio y otros, en un claro indicio de cómo estos temas están siendo manejados sin considerar la voz de los involucrados directos.
Esta actitud geopolítica hegemónica de los Estados Unidos se ve reforzada por la determinación de Trump de ver todo bajo el prisma de un negociante con fines económicos. Trump pone la economía por delante de la política con opción de obtener réditos de esta postura, prueba de ello es que busca apropiarse de tierras ucranianas ricas en litio, tungsteno y petróleo por un monto de 500 mil millones de dólares y en Gaza hacer un pingüe negocio inmobiliario con sus empresas.
Se vive un momento distinto al orden que surgió de la Segunda Guerra Mundial con una potencia norteamericana repartiéndose el mundo con las naciones aliadas que resultaron vencedoras en el conflicto. Hoy, ante la pérdida de la hegemonía norteamericana, el plan de Trump es redefinir el mapa geopolítico mundial a favor de los Estados Unidos.



