La muerte acecha en el Vaticano, Francisco, el Papa, entró en un estado de incierta y crítica sobrevivencia a su ya larga enfermedad respiratoria con pronóstico reservado. A sus 88 años de edad Jorge Bergoglio Sivoni lucha por su vida bajo la sombra de un presagio, en el Vaticano alguien va a morir.
Es de esperar que un hombre de paz como Francisco tenga una muerte apacible, dulce, porque ha sido un hombre bueno y tolerante con las diversidades humanas, aquellas que nos separan por razones políticas o de género. Ha sido un Papa justo que modernizó a la Iglesia, compasivo de buenas intenciones que rompió los esquemas de una congregación católica intolerante, reaccionaria con cardenales, como los describe la película El Conclave, ambiciosos, viciosos y perversos como el africano que tenía un hijo abandonado en su país de origen, o aquel otro cardenal fascista que odiaba a los migrantes o el cardenal gringo identificado como un hijodeputa por sus actos.
Todos ellos, o ninguno de ellos, respondía al llamado de Dios al elegir a un Papa y un día de marzo del 2013 Jorge Bergoglio S., el argentino, fue electo Papa convertido en el prelado número 266 en la historia del Vaticano en ser ungido jefe de la Iglesia. En sus años al frente de la congregación católica Francisco revolucionó la imagen de la Iglesia, pronunciándose contra la corrupción imperante en su seno con manejos indebidos de recursos financieros, presencia de pederastas pedófilos entre los sacerdotes y represión moral a las minorías étnicas y sexuales.
Contrariamente, Francisco destacó desde un comienzo por su bondad espiritual, un ser humano que abrazó a los que sufren tolerando las diferencias humanas entre ricos y pobres, de izquierdas y derechas, homosexuales y heterosexuales, bogando por la reconciliación entre los hombres. En ese sentido Francisco fue, es un buen intermediario de la humanidad ante Dios, porque abrió a todos los cauces del camino que conduce a él, sin discriminación.
La fe de quien no duda no merece mérito. La fe ciega no logra ver los límites de lo racional. No obstante, la fe como el amor es un sentimiento inexplicable e indestructible por la vía de la razón. Racionalmente no concibo que Dios exista, sin embargo, soy místico, creo en una fuerza superior, una justicia que debe regir nuestras vidas. Solo veo cuán ciego estoy, pero veo su luz, soy sordo y escucho su rumor. También creo que alguien escucha mi voz en oración. Evoco la armonía universal, imploro por ella, añoro la paz como un estado esencial del ser humano, dádiva divina a un estatus superior del hombre, en tanto, la justicia hay que lucharla, conseguirla con poder humano y la solidaridad es uno de los caminos para alcanzarla.
No voy a discutir la existencia o no de un Dios, creo que hay muchos dioses, deidades idolatradas por diversos pueblos. Cada Dios existe para quien le da cabida en su corazón. La fe es indestructible por los razonamientos, como el aire que respiramos trece veces por minuto, no lo desglosamos en sus componentes del oxígeno que proporciona energía a la vida y el hidrógeno que neutraliza de los radicales libres con propiedades antioxidantes.
Creo en un estado superior de los humanos como seres inteligentes y amatorios, hombres y mujeres redimidos por el amor. El amor, única fuerza de la trilogía de las heridas de la vida la muerte y el amor que confiere sentido a las otras dos lesiones existenciales que enunció el poeta Miguel Hernández. Ese amor que engrandece; tu amor me hace grande, es el mejor cumplido que se puede propinar al ser amado.
En un acto de amor, en su lecho de convaleciente Francisco envió un mensaje a los habitantes de este país: «Me siento cercano al pueblo ecuatoriano y aseguro mi oración por los difuntos y todos los que sufren».
Un presagio indica que en el Vaticano Francisco va a morir, el hombre que acercó la divinidad a la humanidad con amor, sentido de justicia y anhelos de paz. Que su muerte advenga apacible como su vida. Que así sea.



