Poderoso caballero Don Dinero, crea monstruos que presuntamente vienen a devorar la violencia, la corrupción, la migración ilegal, la inflación, la competencia en el mercado, el crimen organizado, la guerra. También ha dado paso a una nueva generación en el poder. Así la política muestra su evolución a distintas formas de ejercerlo.
Aquello que Lolo Echeverría llama la nueva derecha, que “produce acontecimientos sin cesar, no da tiempo para reflexionar, no permite la acción de los organismos de control siempre rezagados, no se asusta con fallos judiciales cantinflescos porque opera con los hechos cumplidos. La nueva derecha es una corriente internacional conducida por líderes como Trump, Milei, Meloni, Bukele”.
Emergentes protagonistas que decidieron representarse a sí mismos y dejaron de lado a viejos políticos profesionales a quienes habían venido confiando, como intermediarios, la defensa de sus intereses y privilegios. La nueva derecha es la vieja derecha de siempre, en reemplazo de quienes se mantuvieron con disimulo en la tramoya detrás del poder y ahora salen del clóset. En la democracia formal la derecha tradicional jugaba el juego de la representación política eligiendo a sus representantes cada cuatro años, hasta que frente al fracaso y la crisis de representatividad decidió asumir el protagonismo personal de magnates, banqueros y empresarios.
Su única deidad es el dinero que les aúpa ante todo y ante todos para hacer y deshacer el mundo a su antojo: Todo lo ven en términos de transacción comercial. Trump quiere invadir Gaza para reconstruirla con sus empresas inmobiliarias y luego vender hoteles de lujo y clubes privados a sus amigos millonarios. Trump negocia con Maduro la permanencia de Chevron y Repsol en Venezuela, a cambio de ingentes negocios petroleros y aplica aranceles a México para desequilibrar el comercio internacional de ese país con Estados Unidos. En el patio trasero los símiles tercermundistas emulan sus acciones con patéticas muecas de esbirros.
El estilo de la nueva vieja derecha no muestra ambages morales ni reparos cívicos. Mientras sus viejos representantes provenían de la academia – doctores, abogados, arquitectos, ingenieros o cientistas políticos-, los nuevos actores son magnates, empresarios, banqueros o comerciantes desprovistos de elemental formación política y cultura general que exhibir en sus anaqueles de potentados. Sujetos de una casta política que “no cree en el diálogo, sino en la polarización, inunda los medios con escándalos, banalidades y distractores hasta que no se pueda reconocer lo que es relevante y lo que es verdadero. No quiere seguidores, sino fans, su lenguaje es el trino, el meme, el video; es un lenguaje absoluto, definitivo, megalómano”.
Irrumpe en el escenario político de las recientes décadas sin “una propuesta económica, sino un planteamiento moral que exige adhesión emocional, religiosa; recelan de los medios, de los intelectuales, de los políticos”. La nueva vieja derecha convoca a un conglomerado social decepcionado “del populismo, sin partidos, sin sindicatos, perdido en la soledad de las redes sociales, el elector carece de alternativas. La nueva derecha le ofrece seguridad, le promete cambiar la realidad, le conduce una vez más a la fantasía”, como apunta Echeverría.
La nueva vieja derecha constituye un desafío para una sociedad que requiere consensos, equilibrio, armonía. Sus desequilibrados actores, inarmónicos y autocráticos, son también flagrante amenaza para la vida en sociedad, convencidos de dominar el mundo bajo la égida de poderoso caballero, Don Dinero.



