Los últimos acontecimientos que rodean a la situación venezolana hablan de ocaso de la oposición al régimen de Nicolás Maduro en una coyuntura caracterizada por acuerdos bilaterales entre el gobierno de Donald Trump y el gobierno venezolano. Mientras en el mundo se creía que la oposición venezolana llevaba la delantera y esta vez sería capaz de derrocar al régimen chavista, una serie de movimientos ocultos cambió el curso de los acontecimientos. En reuniones bilaterales secretas en Caracas y Washington “el equipo de Maduro consiguió negociar un acuerdo que dejó sin margen de maniobra a la dirigencia opositora”, mientras documentos evidencian que la Casa Blanca dejó de respaldar a Corina Machado y Edmundo González y tomó decisiones que desmoronaron su estrategia. Concesiones económicas y un cabildeo imprevisto, con toda seguridad, cambiará la percepción de la política bolivariana en lo que se avizora como una nueva etapa en las relaciones bilaterales estadounidense venezolanas signadas por el cálculo político y los gestos inesperados.
La “agenda cero” de la visita del funcionario estadounidense Richard Grenell que trató el tema de los vuelos de repatriación forzada de migrantes deportados y la liberación de estadounidenses de detenidos en ese país, marca un rumbo distinto a las relaciones internacionales entre ambos países. Si bien en declaraciones de prensa el enviado norteamericano ha dicho que “Trump no reconoce a Maduro como presidente de Venezuela”, en la práctica de los hechos no recibió a Edmundo González autoproclamado electo mandatario de Venezuela, y Trump está hoy dialogando con Maduro sobre temas de Estado.
Se suma la situación económica que desplaza a los temas políticos. Washington emitió nuevas autorizaciones para que empresas petroleras estadounidenses puedan seguir operando en Venezuela e, incluso, mantengan negocios y asociaciones directas con la estatal petrolera Pdvsa: las compañías petroleras estadounidenses Repsol y Chevron, continúan extrayendo petróleo de Venezuela: «Chevron ha estado presente en Venezuela durante casi 100 años, apoyando al país en sus esfuerzos por lograr el progreso económico y social a través del desarrollo responsable de la energía. Tenemos comprometidas inversiones y una gran fuerza de trabajadores que dependen de nuestra presencia allá», dijo el portavoz de Chevron, Ray Fohr. Las probables deudas pendientes de cobro y la posibilidad de recuperar las inversiones realizadas son también parte de las razones que tiene la petrolera estadounidense para seguir presente en Venezuela.
El acercamiento entre Maduro y Trump toma por sorpresa a todos. El mandatario venezolano recibe al emisario norteamericano en el palacio de Gobierno en Caracas y Maduro se reúne con Richard Grenell en visita oficial lo que marca el “nuevo comienzo en las relaciones bilaterales” y redefine el panorama político interno de Venezuela, al tiempo que marca un hito en las posiciones de ese país buscando eliminar las diferencias del pasado con EE. UU y agendando un nuevo capítulo en el diálogo basado en un mutuo respeto y la ausencia de imposiciones en lo que observadores consideran “una jugada maestra de Maduro”, que ha logrado imponer una nueva narrativa en el escenario internacional.
En contraste, la oposición venezolana reitera su incapacidad de mostrarse como una alternativa viable de poder. Edmundo González, proyectado por la derecha internación como un supuesto líder ha resultado ser una figura “sin peso politico” a la zaga de Corina Machado que mueve los hilos de sus acciones como en un teatrino de títeres, incapaz de enfrentar el desafío de la coyuntura actual. Machado se aferra a “una estrategia de confrontación” que no ha dado resultados esperados, los llamados a “la desobediencia civil y a la movilización” han sido ignorados por una población cansada de promesas vacías y decisiones sin rumbo claro. Su postura radical en las palabras ha sucumbido frente a la realidad nacional que exige pragmatismo y negociación política.
Observadores consideran que, para los venezolanos, Edmundo González ha “pasado de ser la esperanza del cambio a convertirse en una burla nacional”, su falta de liderazgo lo hace desaparecer del debate público y aumenta el cuestionamiento popular a su inhabilidad política. En contraste, Maduro ha sabido utilizar la diplomacia y la estrategia política para fortalecer su legitimidad en el ámbito internacional. Además del campo político, el fracaso de la oposición venezolana se advierte también en el terreno militar, no obstante los intentos de desestabilización las Fuerzas Armadas Bolivarianas mantienen su lealtad al presidente Maduro sin fracturas significativas en su gestión institucional.
Internacionalmente la oposición venezolana ha sufrido considerables reveces, el respaldo y reconocimiento de países se ve disminuido en el tiempo, mientras que el apoyo de Washington, su aliado clave, ha quedado en el aire. En tanto, las relaciones entre los gobiernos estadounidense y venezolano dan nuevos resultados con la visita de Grenell a Caracas como un síntoma de los cambios que se gestan en la política del gobierno estadounidense hacia Venezuela, golpeado por la crisis energética y la presión de aliados estratégicos que le ha hecho comprender que aislar al gobierno de Maduro no ha dado los frutos esperados. Los graves problemas político-militares con naciones petroleras del Oriente Medio y la urgencia norteamericana de mantener su abastecimiento hidrocarburífero, ha obligado a EE. UU a reconsiderar su postura frente a Venezuela, uno de los primeros productores de petróleo del mundo. El bloqueo estadounidense al país sudamericano ha sido roto con una serie de alianzas comerciales de Venezuela con diversas naciones del mundo en un escenario geopolítico muy distinto a la Guerra Fría. La tregua ha sido clara: Washington requiere petróleo y Caracas, reconocimiento. El acuerdo llega luego de un largo periodo de negociaciones reservadas entre ambos gobiernos y la agenda puesta sobre la mesa habla de nuevos puntos de interés bilateral.
La prioridad de Trump no es el derrocamiento de Maduro sino la estabilidad regional bajo influencia norteamericana, las negociaciones petroleras y la repatriación de migrantes, de esta manera la oposición venezolana queda sin piso. Maduro, en tanto, precisa consolidar su permanencia en el poder bajo las formas que la democracia popular venezolana lo hagan posible, neutralizando a la oposición beligerante y desestabilizadora, así como todo intento de intervención extranjera atentatoria a la soberanía venezolana.
Al interior del país las sanciones norteamericanas han sido un factor de fortalecimiento de la unidad nacional reconfortando la base de apoyo al régimen en base a la soberanía y la resistencia, mientras que la oposición continua apostando a estrategias que han mostrado ser ineficaces, como la tentativa de colusión internacional que ha perdido efectividad, en tanto los países que mostraron en América y Europa su apoyo a González han cambiado su prioridad y no están dispuestos a seguir apostando por una estrategia fallida.
El gobierno venezolano aprovecha el desgaste de la oposición para consolidar su permanencia en el poder con una economía en crecimiento (6% del PIB) y con claros signos de recuperación. La población ha perdido su confianza en una oposición que no ha sido capaz de ofrecer alternativas concretas de poder, con divisiones internas y ausencia de un proyecto político claro que llevan a muchos venezolanos a distanciarse de sus propuestas por la falta de un plan de gobierno viable. Unos sectores promueven la iniciativa electoral en cambio otros apuestan por la confrontación directa con el gobierno, esa falta de unidad es el principal factor de su fracaso. El régimen ha mostrado una estructura sólida y una estrategia coherente, basada en el nacionalismo, la soberanía y la resistencia popular con apoyo militar de sus fuerzas armadas, además de haber mostrado habilidad para forjar nuevas alianzas, lo que explica su permanencia en el poder.
Paralelamente ha quedado en evidencia la debilidad de la estrategia internacional de apoyo a los propósitos desestabilizadores de la oposición incurriendo en acciones que rayan en el despropósito y un gesto risible, como otorgar honores de estadista a Edmundo Gonzalez en Quito, condecorarle con la máxima presea diplomática del Estado ecuatoriano y pretender un acuerdo parlamentario para reconocerlo como “presidente electo”, tentativa que no prosperó en la Asamblea Nacional ecuatoriana.
Todos estos pasos en falso encaminan al ocaso de la oposición venezolana del régimen de Nicolás Maduro, cada vez más aislada perdiendo su capacidad de incidencia política, mientras que el gobierno venezolano con un discurso soberano, de resistencia y confianza en sus objetivos políticos, consolida su permanencia en el poder.



