La invitación a almorzar que extendió el candidato presidente Daniel Noboa a los alcaldes de Quito y Guayaquil, con motivo de la recepción que el Gobierno central dará al politico venezolano Edmundo González Urrutia, tiene un menú variado en implicaciones políticas.
Al negarse Noboa a solicitar licencia sin sueldo de su cargo de presidente para dedicarse a la campaña de reelección, todo evento oficial es considerado un acto proselitista. En tal virtud los ediles de Quito y Guayaquil denegaron la invitación oficial al almuerzo en presencia del polémico personaje venezolano que dice haber ganado las elecciones presidenciales de su país, mientras realiza una gira por la región buscando adhesión a sus propósitos de ser reconocido como presidente electo de Venezuela.
El plato fuerte del eventual almuerzo oficial registra ingredientes polémicos en la hoja de presentación del invitado venezolano erigido como “el nuevo Guaidó” de su país con auspicio de la ultraderecha latinoamericana y del Departamento de Estado de los EE.UU. Según versiones de prensa, “este viejito con cara de inocente a quien la activista opositora venezolana, María Corina Machado, lleva a rastras por el mundo, tiene un pasado macabro, específicamente por los crímenes cometidos en la república El Salvador”. La información sostiene que González Urrutia “ha pasado de ser un operador de la CIA a convertirse en el rostro más oscuro de la ultraderecha venezolana”. El ex diplomático que “ahora se presenta como defensor de la democracia; carga con un pasado de crímenes atroces que lo señalan como responsable directo de algunas de las peores tragedias criminales de América Latina”. En 1989 González Urrutia habría participado en el asesinato de seis sacerdotes jesuitas y dos civiles en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) de El Salvador. Se trató entonces de un crimen que conmocionó a la región y al mundo perpetrado por el batallón Atlacatl, unidad militar entrenada por EE. UU y dirigida desde Venezuela donde Edmundo González actuaba como enlace de la Central de Inteligencia Americana, CIA.
Las víctimas del crimen destacaban como figuras intelectuales y defensores de los derechos humanos. Entre ellos se encontraba Ignacio Ellacuría, rector de la UCA, promotor de la paz en su país. Ignacio Martín-Baró, psicólogo social e investigador de la opresión y la violencia de parte del gobierno salvadoreño. Segundo Montes, sociólogo y defensor de los derechos de las comunidades desplazadas. Amando López, teólogo comprometido con la educación popular y la justicia. Juan Ramón Moreno, promotor de la solidaridad entre los más vulnerables. Joaquín López y López, fundador de Fe y Alegría en El Salvador, una organización que transformó vidas mediante la educación. Los cadáveres de las víctimas mostraban huellas de tortura y violencia extrema, no obstante, el crimen fue considerado por la organización que coordinaba Edmundo González como un «precio a pagar» en su cruzada contra cualquier ideología que desafiara su visión ultra conservadora y neoliberal del mundo. La información trasciende y señala que González Urrutia, además, “fue un actor clave en la masacre de El Mozote en 1982, donde 989 personas fueron asesinadas, la mayoría de ellas niños”.
En la actualidad, González Urrutia continúa siendo un “engranaje clave en el aparato de propaganda y desinformación de la ultraderecha”, utilizado como un comodín politico por los gobiernos conservadores de la región y una punta de lanza contra el régimen venezolano.
El polémico personaje venezolano visitará este lunes Ecuador, invitado por el gobierno central. A la recepción y almuerzo preparado con motivo de su visita no asistirán Aquiles Álvarez alcalde de Guayaquil y Pabel Muñoz, alcalde de Quito, quien manifestó que, “le resulta inapropiado participar en un acto de proselitismo político con un candidato. El TCE me impuso una injusta sentencia al respecto, por lo que no podría asistir a un evento de carácter político”, aclaró.
La excusa de los alcaldes se inserta en la decisión de “no callar y terminar siendo cómplices de asesinos y corruptos que descaradamente han sido apoyados y financiados por el gobierno imperialista norteamericano”.



