Conmemorar un natalicio es un homenaje al inicio de una vida, conmemorar el natalicio de Humberto Vinueza es un gesto de reconocimiento a una vida entregada a la noble tarea de reivindicar una existencia digna del ser humano y recrearla en una obra literaria como una aspiracional posible de cristalizar.
Para evocar al ser humano, al poeta, al luchador social que fue Humberto nos dimos cita en el Centro Cultural Benjamin Carrión Bellavista quienes fueron sus coetáneos y quienes lo conocimos, aunque en forma tardía, cuando de regresó al país luego de su misión diplomática en Irán en aquella oportunidad el poeta estuvo invitado al grupo Kviernicolas en nuestro almuerzo habitual de los viernes. Tuve oportunidad de estrechar por vez primera su mano y percibir la bondad y la fuerza del ser humano que regresa de una vida de lucha en hechos y palabras. Fue una despedida de sus amigos Tzánzicos, en un postrer encuentro que rindió honor a la personalidad y amistad con un poeta andariego, en marzo del 2017.

En una efemérides del natalicio de Humberto Vinueza, -17 de enero de 1942- una pléyade de escritores y artistas, Abdón Ubidia, César Eduardo Carrión, Julio Pazos, Francisco Proaño y Pedro Saa V., evocaron la vida y obra de Humberto, el amigo y poeta que trazó profunda huella entre notables personalidades del mundo cultural ecuatoriano.
Abdón Ubidia lo evocó así: “Humberto poeta, mediano, la piel dorada, el rostro dulce, viajero contumaz, era el otro Melquiades que traía a nuestro Macondo, del extranjero, las novedades del boom literario (…) Humberto se había incorporado al grupo Tzántzico poco después de que yo lo hiciera y por los mismos motivos: la asfixia del aire recoleto de Quito, su inmovilidad, su aura colonial y atrasada y, desde luego, el fervor revolucionario que en los sesenta se había tomado el planeta entero (…) Humberto había llegado de las lejanas tierras rusas con el título de ingeniero y un libro de poemas, para siempre inédito, en lo que la marca romántica del modernista Darío y de Neruda, el de los veinte poemas de amor, asomaban escandalosamente en esos tiempos inquisidores de los jóvenes tzántzicos, quienes consideraron que Humberto tenía grandes condiciones de poeta, pero que debía ser sometido a una operación de urgencia para salvarlo de la melancolía”.

En una reunión inolvidable en el Café 77 fueron destrozados, uno a uno, los poemas del recién llegado Humberto Vinueza, mientras que él y yo -que había llegado un año atrás-, guardamos un silencio absoluto, desconcertados, recuerda Ubidia. Cualquier otro escritor no hubiese vuelto a ver más a ese Torquemada de los tzántzicos, pero no, Humberto regresó con un libro nada menos que de antipoemas, la vena inventada por el chileno Nicanor Parra, que tenía un título provocador y alevoso: Un gallinazo cantor bajo un sol de a perro.
En el tiempo Humberto trascendería como un poeta trashumante, que iba y venía entre los mundos de la poesía y la política con una obra plasmada en la hermosa revista La bufanda del sol -editada allá por los años setenta por Iván Égüez y Raúl Pérez Torres-, en colaboración de los Tzántzicos.
Allí está su obra entre la que destaca Un Gallinazo Cantor Bajo un sol de a perro (1970), Poeta tu palabra (1989), Alias Lumbre de Acertijo (1990), Tiempos Mayores (2001) y Constelación del instinto (2006). Vinueza fue merecedor del Premio Nacional de Poesía Jorge Carrera Andrade en dos ocasiones: en 1991 por Alias Lumbre de Acertijo, y en 2007 por Constelación del instinto. En 2012 recibió uno de los galardones más importante de poesía en América Latina, el Premio José Lezama Lima de la Casa de las Américas (La Habana, Cuba) por Obra cierta, una antología poética que recoge textos escritos entre 1959 y 2006 en la que explora temas como la ciudad, la naturaleza, la geografía y el amor.
Tener menos miedo de celebrar las certidumbres. Ese verso rotundo de Humberto Vinueza es la señal afirmativa evidente de que su poesía necesaria, insurrecta hasta los huesos, abrió caminos, desbrozó tinieblas y dio con certeza en el sentido profundo que acompaña el transitar del hombre en este mundo. Jorge Dávila Vázquez señaló en su mirada crítica a la poesía del poeta guayaquileño que, “Vinueza desmitificó para siempre en su obra primogénita los falsos conceptos de la historia, aquellos con los que nos habían alienado por décadas, léase educado, y que contenían infinidad de falacias y mitos”.
Y en esa actitud desmitificadora radica la fuerza de la poética de Vinueza, enfrentada a los absurdos de un mundo contrahecho que soslaya las verdades esenciales por los juegos de oropel. En esa línea de pensamiento Rodríguez Castello, reconociendo la génesis tzántzica de la obra de Vinueza, afirma que el libro más importante del grupo Tzántzico fue, precisamente, el de Vinueza por su “logro absoluto en el intento de desacralización de los falsos valores patrios y cívicos, y de entronización del humor como elemento estructurante del discurso lírico”.

El poeta Julio Pazos, en referencia a la poética de Vinueza manifestó que “la temática que escogió se vincula con la historia del país, con la relación de Simón Bolívar y Manuela Sáenz, y con la vida de Eugenio Espejo”. Otro elemento del mundo interior del poeta, “es su descripción del arte en que el presente parece eterno en la escritura, Vinueza se refiere al presente del arte de la lírica, tiene muy claro que la estética no debe confundirse con la realidad, hasta se puede decir que el personaje poemático no es el poeta sino una creación del poeta y, aunque nada existe fuera de la palabra, dice: soy ante todo un verso; por tanto, por los versos del poema fluye el amor”.
Un elemento fundamental en la poética de Vinueza es el amor. Aquello ya lo había advertido Fernando Tinajero, cuando dejó establecido en una entrevista que “Humberto vivía empapado de amor; todo lo que escribía, incluso sus poemas “políticos” (que no son carteles), tienen siempre como trasfondo el amor. A veces el amor se vierte a raudales; otras veces es necesario intuirlo porque ha quedado entre líneas (pienso que las entrelineas son frecuentemente lo más importante de la poesía, porque allí está lo sugerido). Siempre está el amor presente en su obra, y está bajo todas sus formas: es el amor al padre, a los hijos, a la humanidad, a la naturaleza, a la justicia, a la libertad, y en forma sobresaliente a su compañera, a Sonia”.
En las reseñas biográficas acerca de Humberto Vinueza se lee: “En el ámbito de la literatura, la crítica ha destacado el riguroso camino trazado por Vinueza en la consolidación de una poética en la que, explorando las posibilidades extremas de la palabra y aun transgrediendo el lenguaje, el poeta nos deja una reflexión en profundidad en torno a todos los temas esenciales de la condición humana, sin claudicar, como creador, en su compromiso de siempre con las causas de la liberación y una transformación digna y esperanzadora de la sociedad”.
En una manifestación de su arte poética, Vinueza dejó escrito: “En uno de mis poemas, escrito cuando yo era un poco más que adolescente, traté de expresar la sensación de que mi ser estaba hecho de la misma sustancia que la de los otros seres y percibía que hay un límite o un entorno que debe ser protegido para mantener la particularidad singular: soy una gota / rodeada de elemental analogía / de hombre / de sangre / de agua. / Mi piel conviene en que no solo soy frontera.
Y Vinueza se interroga: ¿Se puede definir la vida, el verdadero origen del tiempo, la magia de los encuentros, la tentación religiosa, la certidumbre de la muerte, la materia de la música, la identidad esencial, el extrañamiento en sí porque sí, el amor a primera vista?
Acaso la respuesta la hallemos en su poesía, en el acto de crearla de nuevo, de crearse en ella: Soy el sujeto a quien crees amar sin atributos y predicados / sujeto que emerge del encuentro no siempre feliz / entre cuerpo y lenguaje. / Extraña manera de amar / predicas que me tienes sujeto / y que soy un poeta sin perfil bruñido / sin defensa ante los peligros de exclusión / sin escenario y sin posibilidad de representarme / en la fiesta en la cual termine este entusiasmo. / Algún día escucharás mi testimonio cuando los hechos / por yo haberte olvidado / ya no tengan para mi esta fascinación / entre el juego inmóvil de tu recuerdo y el olvido que fluya. / Manida manera de confundir el sujeto / con la palabra y su oficio.



