Este poema popular de México habla sobre la preparación de chocolate, revuelto con un molinillo o batidor tradicional de madera torneada para mezclar chocolate con leche. Más allá de la rima, el batido de chocolate es la metáfora que representa el debate electoral en el que todo se mezcla, edulcorando la política. Un debate es una forma de debatir ideas y revolverlas en un formato de foro público, en el que se baten la imagen de los candidatos, las posiciones políticas, las propuestas, las mentiras y las verdades.
El debate como discusión en la que dos o más personas opinan acerca de uno o varios temas y en la que cada uno expone sus ideas y defiende sus opiniones e intereses, se originó en Grecia en el siglo V a.C. Sócrates lo utilizó en sus clases de filosofía en la Academia de Atenas y se caracteriza por ser una discusión formal y organizada, no obstante, la mayor parte de las veces el debate no es más que un eufemismo para la exposición de ideas.
Mucho se debate para qué sirven los debates en las campañas electorales, y las respuestas están divididas. Algunos piensan que sí inciden, determinantemente, en la decisión del electorado porque exponen la preparación, capacitación, nivel de inteligencia y propuestas concretas de los candidatos debatientes. Otros, en cambio, no dan crédito a los debates porque los formatos no permiten la exposición de cualidades de los candidatos o porque están previamente amañados como espacios tendenciosos a favor o en contra de uno de los debatientes.
Las pasiones y odios despertados por el correismo anticorreísmo (que en las extremas derechas se ha vuelto irracional), impiden ver con objetividad que la economía social avanzó durante el gobierno populista de Rafael Correa, y demostró las virtualidades de un modelo que no solo ha merecido estudios nacionales e internacionales, sino la evaluación positiva en los informes de los principales organismos mundiales a los que se puede consultar: CEPAL, a la cabeza, pero también PNUD, OIT, BM y hasta FMI. Desde luego, el “correísmo” demostró sus alcances y sus límites. En gran medida esta realidad contradictoria determina el propósito, la parcialidad, el tono y el impacto de los debates en el público.
En los anteriores debates que tuvieron lugar en campañas presidenciales de los años 2021 y 2023 estas circunstancias fueron puestas en evidencia. El Debate Lasso-Arauz, marzo 2021, en términos de estructura fue pesado, repetitivo, el formato fue técnicamente poco profesional con lectura de papeles sobre la mesa en lugar de usar la tecnología electrónica de un teleprompter. La moderación acusó falta de experiencia y dominio escénico, con una conductora nerviosa que comenzó leyendo mal el libreto escrito sobre papeles de la mesa. Una moderadora que no moderó en términos de imponer respeto al reglamento del debate y cumplimiento del formato del programa al permitir a uno de los candidatos -Lasso- sobrepasar su autoridad en la conducción del programa. La moderación por carencia de personalidad y experiencia no corrigió la evidente evasión de preguntas y evidenció la sujeción a un libreto rígido.
Según el estudio de Cedatos, este primer debate fue visto por el 21,0% de la población, mientras que el debate obligatorio del CNE lo vio un 30,2% de la población. Un 67,0% de la población no sintonizó los debates y no sabe que pasó durante su emisión televisiva. Respecto del grado de impacto producido por el debate del CNE, un 16% reconoció que influyó en una toma de decisión, o en un cambió de la preferencia electoral. El 42% de los encuestados rechazó “la forma como se desarrolló el debate”. Un 70% dice que “dejó mucho que desear”. En el informe de la encuesta de Cedatos, la población expresó sus dudas acerca del evento electoral: un 14% confía en el proceso y en el CNE, un 86% no confía.
En agosto del 2023 en el debate contra Daniel Noboa, Luisa González no logró posicionarse y su discurso apelando a “un mejor pasado en nuestro gobierno” no tuvo la fuerza convincente necesaria, porque no se concretó en temas específicos y cómo hacer para que ese pasado vuelva. Su alusión a los otros candidatos y, a ratos, su ataque a uno de ellos fue contraproducente porque se vio interrumpida por los moderadores. Conociendo el formato no se preparó, y prefirió un discurso entre propagandístico y poco específico en propuestas, sin salirse de un libreto que impidió que desarrolle sus propias ideas. Para algunos la gran sorpresa debió ser Daniel Noboa, de quien se esperaba una mini versión histriónica de su padre. No obstante, habló con seguridad de diversidad de temas, sustentó argumentos y mostró solvencia en el manejo de cifras. Fue concreto y atinado en el uso del tiempo.
El debate de la primera vuelta en esas elecciones presidenciales, nuevamente tuvo un par de moderadores parcializados que impidieron que determinados candidatos desarrollen sus ideas, interrumpiéndolos y polemizando con ellos en el contenido de las preguntas. En aquella oportunidad la candidata del Revolución Ciudadana se vio particularmente perjudicada, situación que los medios informativos aprovecharon para posicionarla como la perdedora del debate.
En octubre del 2023, ambos candidatos -González y Noboa- mostraron diferencias en su comportamiento y actitud respecto del debate anterior. Luisa González se mostró más segura, centrada en los temas manejando cifras con sentido estratégico. No evadió las preguntas y esgrimió argumentos fundamentados en la mayoría de ellas, frente a un Daniel Noboa repetitivo, evasivo, inseguro, mentalmente lento, que demostró incapacidad política y técnica en el tratamiento de los temas. En sus respuestas estuvo ausente el cómo hacer lo prometido, convirtiendo varias de las contestaciones en preguntas tendenciosas dirigidas a su interlocutora. En esta oportunidad González utilizó mejor el formato del debate, con solvente capacidad de polemizar con fundamentos, mientras que Noboa desperdició el tiempo en provocar a su contrincante con preguntas fuera del tema y con respuestas repetitivas.
Expectativas del debate 2025
El debate programado para el domingo 19 de enero generó por sorteo previo dos bloques de debatientes: Henry Cucalón, Jimmy Jairala, Francesco Tabachi, Jorge Escala, Henry Kronfle, Luis Felipe Tilleria, Juan Iván Cueva y Daniel Noboa. En el bloque dos estarán: Enrique Gómez, Luisa González, Carlos Rabascall, Andrea González, Pedro Granja, Iván Saquicela, Leonidas Iza y Víctor Arauz.
El encuentro suscita expectativas en los observadores. El analista académico de la USFQ, Santiago Basabe, señala que del debate no saldrá mayor cosa, considerando que “difícilmente los actuales resultados en las tendencias puedan cambiar, y si cambian será por la pérdida de votos del presidente Noboa, y en el caso de Luisa González será muy difícil que alguno de sus contendientes de alguna manera en el debate le pueda restar los votos que ahora mismo tiene”.
Según el analista, los otros catorce candidatos no despuntan porque se debe a que “hay algunos elementos que se pueden indicar, por ejemplo, el candidato Cucalón es el que tiene los criterios más claros e ideas políticas definidas, tiene una trayectoria, pero no tiene un partido político lo suficientemente sólido que pueda empujar su proceso electoral. En el caso de Kronfle, viene de un partido que se ha ido debilitando paulatinamente a lo largo del tiempo, que mantiene una cierta presencia legislativa, me refiero al PSC, pero que ha dejado de tener algunos referentes de política nacional más allá del abogado Nebot”. Hay una serie de candidatos que están en las listas por presencia coyuntural, con excepción de Leonidas Iza que ha tenido una trayectoria política en las calles que le da ciertos méritos.
Los catorce candidatos de este grupo tienen en desventaja el desconocimiento de la población que juega en contra de sus aspiraciones electorales, el debate acaso rompa con ese obstáculo. El analista considera que tal vez existan algunas posibilidades, “sin que se rompa ese espacio, que un candidato que tiene el 1% pueda subir algunos puntos porcentuales, pero de allí que alguno de ellos pueda alterar la tendencia de dos -González. Noboa-, es difícil”.
El debate, en esa expectativa, “si alguna modificación podría dar sería una reducción de votos de Daniel Noboa, y quienes podrían sacar alguna ventaja son Cucalón, Kronfle y, eventualmente, Jairala”. Respecto a Luisa González, ella está en un grupo dentro del debate en que difícilmente alguien la podrá confrontar directamente y sacar provecho”.
Más allá de los entusiasmos o de las antipatías, habría que establecer qué tan sólido es el apoyo que tiene el presidente candidato que subió impuestos, que eliminó subsidio a los combustibles, que superó la crisis energética gracias al clima y no a su gestión, cuya inversión pública se traduce en unas pocas obras. El analista Basabe, señala que “ningún respaldo está escrito en piedra y es más frágil que los de Luisa González, y por eso decía, que lo más probable es que a Daniel Noboa le bajen votos en el debate por una serie de hechos de su gobierno”.
El debate del próximo domingo no se prevé que sea una confrontación de ideas, según estima el analista: “creo que difícilmente en el grupo de Luisa González alguien le vaya a interpelar directamente, Rabascall, por ejemplo, que podría ser un candidato que despunte es difícil que confronte con ella. Eventualmente, Pedro Granja lo podría hacer. Los del primer bloque sí podrían generar más confrontación y la tensión estaría en torno a Noboa que podría tener posibilidades de perder votos”.
El país ha mostrado rechazar las confrontaciones, pero en la política la confrontación permite marcar posiciones y establecer referentes, puesto que la política -según Basabe-, “es de ideas contrapuestas en la política democrática, y no implica de ninguna manera violencia, la esencia de la política es conflicto en ese sentido, y decir que hay que dejar de lado eso, es una posición tibia que habla muy mal de los candidatos que así lo proponen, porque claramente deja entrever que ideas de fondo tras de sus propuestas, no existen”.
El debate como espacio de discusión y comunicación política serio, deberá permitir a los participantes mostrar solvencia frente a los temas tratados, aptitudes adecuadas y argumentos sólidos en defensa de sus posiciones. Por tanto, el espacio deberá ser aprovechado por los debatientes con presencia de ánimo, seguridad y prestancia. No se trata de evitar enfrentamientos, por el contrario, deberá ser una confrontación con respeto y ponderación.
En esa línea de acción la conducta del moderador o moderadora es determinante para equilibrar las acciones de uno y otro debatiente, sin caer en polémica con ellos o limitar la palabra. Y, esencialmente, quien modere el debate deberá permitir que éste sea un espacio de educación ciudadana, orientación electoral y conocimiento más a fondo de los candidatos. No tenemos una tradición de debates en el país fruto de una madurez política, una solvencia ética y una capacidad profesional que garantice un espacio de discusión ideológica con altura, profundidad y alcance necesarios para hacer que la política sea expresión de cultura nacional.
Bate, bate, chocolate, el país espera que esta vez no deje un mal sabor de boca el esperado debate.



