No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague, dice el dicho popular. Y en Venezuela se está cumpliendo el plazo establecido para iniciar un nuevo período presidencial y el pueblo ver saldada la deuda de una democracia cuestionada.
El 10 de enero se inicia un nuevo ciclo en la presidencia del país y en ese contexto los rasgos del cuestionamiento al proceso electoral se caracterizan por movilizaciones de apoyo a Nicolás Maduro, mandatario en funciones, y el compromiso de México, Brasil y Colombia de asistir a la juramentación del nuevo gobierno, junto con organismos internacionales ALBA-TCP, CELAC y CARICOM que enviarán delegaciones al acto de toma de posesión presidencial del candidato ganador -Nicolás Maduro, reelecto-, según el Consejo Nacional Electoral. En tanto, las últimas manifestaciones opositoras al gobierno han contado con poca participación, desde las movilizaciones de septiembre y diciembre del año anterior convocadas por “lideres” que se encuentran fuera del país o en la clandestinidad interna.
No obstante, el gobierno de Estados Unidos y otros países alineados intentan deslegitimar desde su inicio al Gobierno electo y han reconocido al candidato derrotado, Edmundo González Urrutia, como presidente electo pese a que todas las instituciones del Estado afirman lo contrario. González Urrutia, afirmó haber ganado las elecciones del 28 de julio, pero luego dejó Venezuela en septiembre del 2024 para exiliarse en España.
De acuerdo con el Consejo Nacional Electoral (CNE), el aspirante a la reelección se impuso con el 52% de los votos. En contraposición, la oposición asegura que el ganador de los comicios fue su abanderado, el diplomático Edmundo González Urrutia, quien dice haber obtenido casi el 70% de los votos, conforme unas actas de escrutinio obtenidas por la alianza antichavista. La veracidad de las actas en poder de la oposición solo fue corroborada por el Centro Carter, uno de los pocos veedores internacionales.
El año anterior en Venezuela concluyó con un mes de diciembre caracterizado por una relativa paz social, fenómeno que tiene explicación en diversos factores. Las manifestaciones opositoras del año pasado contaron con poca participación, lo que obligó a la oposición a replegarse y no realizar actividades desde el 3 de agosto del 2024, cuando la escasa convocatoria hizo repensar la estrategia golpista de la oposición radical. La calma del mes de diciembre de 2024 se explica en que los sectores opositores violentos no pudieron hacer mucho en época festiva de gran importancia para los comerciantes venezolanos, sopena de provocar pérdidas millonarias en un clima de revuelta social. A esto se suma la propia falta de capacidad, por parte de la oposición desestabilizadora, para movilizar a sus seguidores; la ausencia física de sus “líderes” del país desde septiembre y noviembre de 2024. El diario español El País lo consignó así: “El Comando con Venezuela, el movimiento político de María Corina Machado y Edmundo González Urrutia, ha convocado a una movilización en Caracas este domingo 1 de diciembre. Es la primera convocatoria que hacen desde finales de septiembre, cuando convocaron a protestas efímeras ‘modo enjambre’, en las que no lograron movilizar a mucha gente”. De hecho, la movilización del 1 de diciembre fue tan limitada, peor que las de fines de septiembre que, por obvias razones, nunca más se hicieron convocatorias después de aquella, hasta la que se realizó el 09 de enero de 2025.
En el presente año un nuevo impulso mediático, junto a la movilización internacional de gobiernos subordinados al Departamento de Estado, ha hecho el intento de fortalecer a la oposición liderada por la extrema derecha venezolana. En esa línea, María Corina Machado, cabeza visible de la oposición, instó a sus partidarios a manifestarse el día anterior a la asunción -10 de enero- en todo el país con el fin de derrocar el Gobierno de Nicolás Maduro. La manifestante fue detenida y liberada horas más tarde en la capital venezolana. En tanto, Edmundo González Urrutia, luego de permanecer en Argentina, viajó a los Estados Unidos donde no fue recibido por el presidente electo, Donald Trump, entonces se propuso regresar a Venezuela. Al respecto, el senador republicano Bernie Moreno dijo que el presidente electo de EE.UU., Donald Trump, “trabajará con Nicolás Maduro –presidente venezolano- porque es él quien asumirá el cargo la próxima semana del 10 de enero”. Moreno explicó que “EE.UU. no es quien elige quiénes son los líderes de estos países, ellos tuvieron una elección…”.
Reelecto gobierno de Nicolás Maduro
La renovación del mandato de Nicolás Maduro supone nuevas esperanzas para la población venezolana con la consolidación de un conjunto de políticas que permitieron al gobierno enfrentar de manera exitosa la campaña de sanciones impulsadas por Estados Unidos, y poner fin a la escasez y la inflación descontrolada provocada por la guerra económica. Así lo demuestran las movilizaciones masivas en apoyo de Maduro. Los rasgos propios del proceso político venezolano hacen de la participación popular y de la manifestación colectiva un ejercicio de masas permanente.
Este apoyo es congruente con algunos logros del Gobierno chavista. La escasez de alimentos y la inflación provocadas por el régimen de sanciones estadounidenses que han marcado la presidencia de Maduro han desaparecido, a la vez que la auto sustentabilidad y el autoabastecimiento ha alcanzado a casi la totalidad de los alimentos. Sin embargo, la recuperación de la crisis inducida aún sigue en proceso. La economía venezolana al cierre de 2024 experimentó un crecimiento del 6,2% de su Producto Interno Bruto, según datos de CEPAL. En lo económico, el gobierno proyecta continuar fortaleciendo sectores estratégicos como el petróleo, la producción industrial y el comercio.
En tanto, en lo político el gobierno venezolano espera profundizar los mecanismos de diálogo con sectores de oposición moderados, lo que podría contribuir a una mayor legitimidad institucional. Pondrá énfasis, además, en “la cohesión interna y la ampliación de las políticas de participación y consulta popular junto con un mayor protagonismo de las comunas”. En el campo internacional, la prioridad del gobierno de Maduro “será consolidar alianzas multilaterales para enfrentar las sanciones y promover la integración regional”.
Pese a la reiteración de estos argumentos, éstos no encajan en los alegatos desestabilizadores que cuestionan el periodo de Nicolás Maduro -2019 a 2024- como “ilegítimo”, al igual que su anterior mandato y el de Chávez y de todas las instituciones del Estado desde 1999. Según la oposición, la Asamblea Nacional, así como el Consejo Nacional Electoral (CNE) y todos los poderes públicos son inválidos e ilegales, por lo cual, el inicio del proceso de “derrocamiento del gobierno” puede darse en cualquier momento.
El devenir de los acontecimientos mucho dependerá de algunos factores. De la situación de los líderes activistas opositores y si logran permanecer en el país bajo determinadas circunstancias de sobrevivencia política. El grado de violencia que se exprese en las manifestaciones opositoras buscando protagonismo mediático internacional. El impacto que tenga la presión de los mandatarios estadounidenses para convencer a sectores de las Fuerzas Armadas Bolivarianas de organizar un golpe de Estado violento. La conducta que adopte Washington en relación al actual Gobierno de Maduro, después del 20 de enero de 2025 -toma de posesión de Trump-, entre un posible “pragmatismo” con Caracas, o el retorno a una posición de “máxima hostilidad”, con el fin de lograr un “cambio de régimen”.
Los plazos se cumplen y las deudas se pagan. El proceso político venezolano tiene sus tiempos establecidos para saldar la deuda democrática en un país en que el proceso de cambios no debe estar reñido con la democracia real. Alternativamente, en el caso de máxima presión, Venezuela no podrá sostenerse indefinidamente, mucho menos sin sus aliados tradicionales. Si se llega a una dinámica de “coexistencia” entre Washington y Caracas, será de carácter coyuntural y breve, puesto que en cualquier momento se pudiera regresar a una dinámica de alta hostilidad abierta, y quizás Caracas no podrá sobrevivir sin el apoyo activo de sus aliados tradicionales.



