A solo dos semanas antes de conmemorarse el 36 aniversario del crimen de los hermanos Andrés y Santiago Restrepo Arismendi, falleció su padre Pedro Restrepo Bermúdez, al cabo de una larga enfermedad.
El 8 de enero de 1988 los dos menores Restrepo desaparecieron en manos de la Policía Nacional, luego de ser detenidos en un operativo de tránsito en la ciudad de Quito. El llamado “caso Restrepo” constituye el más oprobioso asesinato a dos ciudadanos inocentes perpetrado por efectivos armados de las fuerzas del orden del Estado ecuatoriano, bajo el régimen de León Febres Cordero.
La mañana de ese 8 de enero, Carlos Santiago y Pedro Andrés Restrepo Arismendi, hermanos de 17 y 14 años respectivamente, salieron de su casa con destino a recoger a un amigo, habían sido dejados solos junto con su hermana menor, por sus padres que en ese momento se encontraban fuera del país. Los hermanos salieron de su casa ubicada en Miravalle, barrio nororiental de Quito, en un Jeep Trooper, color almendra, de placas PHD-355 hacia las calles Río Coca y Av. de los Shyris, para recoger a un amigo suyo para llevarlo al Aeropuerto, pero nunca llegaron a su destino.
Según un testigo policial -Hugo España- los menores fueron detenidos por efectivos armados y llevados a las dependencias del SIC 10 donde -según lo que España publicó en su libro, El Testigo- el hermano mayor Santiago falleció a causa de las torturas de las cuales fue víctima, el hermano menor Pedro Andrés fue asesinado días más tarde para eliminar al único testigo del crimen. Luego de una búsqueda infructuosa sin resultados, a mediados de 1989, los padres de los menores denuncian el caso ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, CIDHU, se inician posteriormente denuncias por los medios de comunicación, sin resultados acerca del paradero de los cuerpos de las víctimas. El Estado ecuatoriano reconoció su responsabilidad del caso de los hermanos Restrepo, comprometiéndose a pagar una indemnización de $2’000.000,00 (dos millones de dólares estadounidenses) y de realizar la búsqueda de los cuerpos de los menores, sin resultados positivos hasta la fecha.
Una vida tras la justicia
Pedro Restrepo, padre de los hermanos Andrés y Santiago, muere en su hogar al cabo de una larga enfermedad crónica. Restrepo, de 81 años, estuvo dos años internado en un hospital del IESS de Quito, y falleció a causa de enfermedades derivadas de la insuficiencia respiratoria crónica que padecía y una parálisis corporal generalizada. Su esposa, Luz Helena Arismendi, de nacionalidad colombiana, había fallecido en julio de 1994 en un accidente de tránsito mientras recorría el país en busca de sus hijos desaparecidos. Tentativa que continuó su hija María Fernanda Restrepo Arismendi desde su condición de cineasta.
Luego de su larga lucha por la justicia, Pedro Restrepo muere con una convicción confesada alguna vez en una entrevista: «Ellos cogieron a nuestros niños. Como no tenían licencia de conducir, los chicos se asustaron y huyeron, pero fueron apresados, torturados y asesinados. Para los uniformados, esas muertes son daños colaterales. Pasó y nadie los iba a investigar. La Policía era intocable. Ni la prensa se atrevía a hablar de las barbaridades que hacía. Nadie protestaba por las cosas que pasaban porque había miedo».
Su partida es un llamado de alerta a la conciencia de los ecuatorianos que habitamos un país en el cual los abusos del poder no son cosa del pasado, cuando nuevamente cuatro menores de edad permanecen desaparecidos luego de ser detenidos por efectivos de la fuerza pública en la ciudad de Guayaquil, según testigos.
Pedro Restrepo deja un legado imborrable en el país en busca de la verdad por los derechos humanos, en su incansable búsqueda de justicia ante el crimen de Estado cometido en la persona de sus hijos. Paz en su tumba.



