Dar regalos por Navidad es una costumbre tradicional cuyo sentido radica más en cómo nos regalamos, que el regalo en sí mismo por su valor material. En familia practicamos la costumbre de hacer una lista de los regalos que quisiéramos recibir, y el resto de los familiares contribuye con un regalo de la lista para cada miembro del núcleo familiar.
Esta vez me pregunto ¿qué sucede si me entrego una lista de los regalos que quiero recibir? Aquí está el decálogo de mis regalos anhelados y que estoy dispuesto a darme a mi mismo resumido en un regalo esencial: sabiduría.
Uno. Mantener un buen estado de salud. La buena salud permite mantener las actividades deseadas y prolongar una vida equilibrada entre la mente y el cuerpo. El ejercicio diario mantiene una buena salud y esa sensación de que somos independientes de los demás. El autocontrol y la disciplina contribuyen a la salud física y mental. La felicidad y la libertad comienzan con el reconocimiento de que hay cosas que podemos controlar y otras no: una de ellas son los cambios en el cuerpo. Acercarnos a nuestro cuerpo con respeto y gratitud, es esencial. Un mal estado de salud erosiona la relación con los demás. Vivir en paz, comer sanamente y hacer ejercicio contribuyen a una buena salud para una total vitalidad.
Dos. La mente debe seguir siendo aguda. Mantener la mente despierta, mantenerse alerta y atento a los peligros y engaños. Desconfiar de “especialistas” que hacen ofertas de ganar dinero fácil, conferencias gratuitas, actos de mercadeo engañosos, y otras trampas. No quedarse en el pasado, no soñar en el futuro, centrar la mente en el momento presente, siempre alertas. La mente lo es todo: en lo que piensas, te conviertes.
Tres. Mantener una estabilidad financiera sin agobiar a los demás. La estabilidad refleja una madurez emocional. En esa sabiduría radica el desapego: el valor de las cosas no está en la posesión sino en la libertad que proporcionan. La independencia económica proporciona armonía y libertad para vivir a plenitud en los últimos años.
Cuatro. Tener aficiones atractivas. Mantener la vida vibrante y atractiva con aficiones gratificantes que aporten alegrías. El taoísmo dice: actuar en armonía con el flujo natural de las cosas, fluir con la vida en lugar de resistirnos a ella. Lo que cuenta no son los años en la vida sino la vida en los años, con una actitud lúdica en la vida. Mantener aficiones que nos permitan jugar en la vida.
Cinco. Un estado de aprendizaje continuo. Esto se logra con la buena lectura que proporciona nuevos conocimientos y habilidades. Invertir en conocimientos produce el mejor interés en la vida. Lo que impide la acción es lo que la hace avanzar: así es el aprendizaje continuo. No se puede abrir un libro sin aprender algo nuevo. Acercarnos a la vida con permanente curiosidad, es vital.
Seis. Mantener el corazón y la mente abiertos. Adaptarse a lo nuevo con la mente dispuesta a aceptar lo nuevo y afrontar el presente como el mejor día. Afrontar la vida con sabiduría como un acto de resistencia. Liberar el alma de cargas innecesarias, dejar atrás el pasado y asumir el presente sin miedo al futuro. La vejez tiene la capacidad de mirar el panorama completo que nos permite cultivar la empatía y la compasión por los demás. La bondad amorosa significa actitud de amor por los demás. Encontrar alegría en las cosas sencillas, descubrir una belleza nueva cada dia, el amor de una mujer, la capacidad de acercarnos a la naturaleza en armonía, renunciar a toda cosa material. Una mentalidad abierta trata de entender que la sabiduría, la resistencia y fortaleza pueden seguir creciendo en uno, más allá de los años.
Siete. Mantener relaciones armoniosas con los hijos. Mostrar empatía y dejar que los jóvenes aprendan de sus propias experiencias. Las palabras construyen o queman puentes, la paz viene de dentro no buscarla afuera para relacionarnos con los hijos. Ser un roble que resiste las tormentas con sus raíces profundamente arraigadas en la tierra, dando cobijo y fuerza a los descendientes. La mejor manera de encontrarse a uno mismo es perderse en el amor a los demás, en especial con los hijos. Que la familia siga siendo una unidad fuerte y cohesionada.
Ocho. Mantener fuertes conexiones sociales. Esto es vital para mantener una sensación de pertenencia. La soledad provoca depresión, los fuertes vínculos sociales prolongan la vida. En la vida el concepto de comunidad es esencial. Somos animales sociales, decía Aristóteles.
Nueve. Desafío a vivir con un propósito. Es gratificante tener una razón para vivir, da sentido a la vida. Cultivar aficiones y pasar tiempo con los seres amados. Explorar nuevos intereses, aprender algo nuevo. Aprender la importancia de vivir en forma ética: la tarea es descubrir tu propósito y dedicarte a él. El propósito tiene que ser significativo para quien lo busca. Descubrir nuestro propio camino alineándolo con el sentido del universo.
Diez. Mantener una conexión con lo espiritual. El sentido de la vida, el paso del tiempo y lo que dejamos atrás adquiere sentido al perseguirlo con pasión y compromiso. La espiritualidad da sentido a los cambios y las pérdidas de la vida. La vida es cíclica y todo lo que ocurre tiene un sentido mayor. Es vital la conexión con algo más grande que nosotros mismos. La espiritualidad es una fuente inagotable de vida.
En definitiva, mi regalo tiene cualidades esenciales: salud física y emocional preservada, aficiones atractivas, aprendizaje continuo, estabilidad económica, una mente y un corazón abiertos, fuertes conexiones sociales, relación armónica con los hijos y tener un sentido de propósito, son los pilares para seguir siendo un ser humano inspirador que vive a plenitud.
Reconocer el ejemplo de quien vivió más de cien años, sin ningún secreto esotérico sino con el esfuerzo de mantener un estilo de vida equilibrado, con una mente abierta y corazón grande lleno de compasión y alegría. He ahí el regalo que me daré a mi mismo y a los demás, para quienes quieran recibirlo.



