Esta expresión sugiere que las causas y consecuencias de un hecho no son atribuibles a razones personales o culpas endosadas de manera individual a una persona. Y la expresión es válida para entender la política criolla en su real expresión y ubicar en su exacta dimensión la responsabilidad que le asiste a los protagonistas.
Observadores de la política nacional hablan de “un descalabro de la popularidad de Daniel Noboa”. ¿Qué explica su infortunio en las encuestas de opinión ciudadana que exhiben cifras singulares? Un 82% en su mejor momento al declarar la guerra a la delincuencia, para luego descender a un 45% en octubre del presente año, en un panorama que refleja el descontento popular frente a la gestión oficial.
Las cifras, si bien cuantifican la situación, no alcanzan a reflejar cualitativamente la falta de credibilidad y la percepción de ineficacia que son el síntoma inequívoco de una crisis de confianza. La respuesta del régimen a la crisis buscó palear la creciente inseguridad nacional, la inflación y desempleo, en el contexto de promesas de campaña incumplidas y una ineludible percepción de improvisación oficial.
Las oscilaciones en las cifras de popularidad y aceptación a la gestión no son otra cosa que la respuesta ciudadana ante un régimen autoproclamado en teoría de centro izquierda y que, en la práctica, no ha logrado salir del encerrón que le provoca la dicotomía correismo versus anticorreísmo, inclinándose por este último, coincidente con las más recalcitrantes posturas de la derecha política criolla.
Esta coincidencia es la clave en la caída de la popularidad presidencial. La ciudadanía de Ecuador mantiene históricamente una tendencia política moderada, que no coincide con los excesos de la extrema derecha conservadora ni con impulsos de cambio profundo de la izquierda. Entonces la responsabilidad de la imagen de un político no es nada personal, tiene más bien que ver con su alineamiento con tendencias ideológicas ya establecidas en la sociedad.
Noboa representó una alternativa política de un “nuevo Ecuador” cuando se situó al margen de la polémica izquierda derecha; sin embargo, cuando se acercó a la vieja tendencia neoliberal de la derecha tradicional, recibió el castigo de la ciudadanía en las encuestas.
Este acercamiento queda nítido en el impulso que dio a una Consulta Popular, con once preguntas en su mayoría relacionadas a la lucha contra el crimen, de las cuales ganó en nueve de sus propuestas y perdió en dos que tenían que ver con reformas laborales y al trabajo por hora y la instauración del arbitraje internacional, dos clásicas propuestas neoliberales.
En el mes de marzo la aprobación presidencial comenzó a bajar: ese mes se situó en 74,1%. Y 7 de cada 10 ecuatorianos consideraban que la gestión del gobierno era buena o muy buena. Abril se inició con un descenso al 68,8% y llegó a un punto más bajo con un 63%, a causa de medidas impopulares como el aumento del Impuesto al Valor Agregado (IVA) del 12% al 15%. En esos días el 32% de los encuestados votaría por él evidenciando un descontento creciente en la población. Corría el tiempo y la imagen presidencial se ensombrecía: 3 de cada 10 ecuatorianos económicamente activos tenían empleo adecuado. Frente a los 105 mil empleos prometidos por el régimen para jóvenes de entre 18 y 25 años, al menos 83 mil se han perdido, según INEC. El trabajo con un salario por debajo del mínimo, sin beneficios de ley y sin seguridad social alcanzó niveles inéditos en el país, mientras el crecimiento económico no supero el 5% en marzo del presente año.
La migración es otro sombrío panorama entre los ecuatorianos: según encuestas 1,2 millones de ecuatorianos tiene la intención de migrar fuera del país, entre hombres con instrucción secundaria, y al menos 370 mil jóvenes que desean migrar.
Otra medida típicamente neoliberal es el aumento del IVA del 12% al 15% y la eliminación de subsidios a combustibles, que exacerbaron la inflación, afectando el poder adquisitivo de los ciudadanos y alimentando el descontento social. En tanto, el consumo de los hogares cayó un 1,1% en el primer trimestre de 2024, como consecuencia de un sector empresarial con menos liquidez debido a mayores impuestos y menor acceso al crédito. Los apagones de los recientes dias han terminado de ensombrecer la imagen presidencial: en octubre de 2024 la aceptación de Daniel Noboa baja al 45,9%. Y el descontento popular se vive en las calles: solo en Quito se han convocado tres protestas en su contra en el último mes. Hasta octubre de 2024, el 55,83% de los ecuatorianos consideraban la gestión de Noboa como mala o muy mala, en contraste con el 42.07% que la calificaba como buena o muy buena.
Nada personal. Los aciertos y errores del Daniel Noboa se relacionan con un mayor distanciamiento de las políticas neoliberales que, en su momento, el régimen ha identificado como la única respuesta a un descontento y frustración popular creciente.



