Ese dicho popular hace referencia a la tendencia a juntarse de personas aparentemente diferentes que terminan identificadas, homologadas y asimiladas en torno a “propósitos oscuros”, “intenciones perversas” o “realización de fechorías”. Esta expresión popular me asaltó a la mente cuando leí sobre la reunión de las derechas reaccionarias o Cumbre de Acción Política Conservadora (CPAC), desembarcada en Argentina, con protagonismo de las milicias digitales mileistas.
La cita tuvo lugar el 4 de diciembre realizada en el Hotel Hilton de la capital bonaerense, y fue la quinta ocasión que el presidente Javier Milei participa de la Cumbre, ahora de anfitrión. El evento, organizado por la Unión Conservadora Estadounidense (American Conservative Union, ACU) con sede en Washington, uno de los principales mecanismos de articulación de los líderes de las “nuevas derechas reaccionarias» en todo el mundo occidental. Entre los invitados especiales destacaba Donald Trump, presidente electo de Estados Unidos y Elon Musk, dueño de X y futuro funcionario del mandatario norteamericano, aunque no han concretaron su presencia. La cita tuvo el propósito entre quienes “creemos en la libertad y que debemos unirnos para hacerle frente a esta barbarie y formar una alianza de naciones libres, custodios del legado occidental, estableciendo nuevos lazos políticos, pero también comerciales, culturales, diplomáticos y militares”, según el discurso de Milei.
De diverso origen y procedencia diversos interlocutores asistieron desde Estados Unidos: Lara Trump, presidenta del Comité Nacional Republicano e hija del presidente electo; Barry Bennett, principal estratega político de Trump; Ron Paul; fundador del partido libertario en EEUU, entre otros. Desde Europa lo hicieron, Santiago Abascal, líder del partido Vox de España y Víktor Orbán, primer ministro de Hungría.
Un propósito regional único
La CPAC ha venido ganando influencia en la región de América Latina desde la victoria de Milei. En el subcontinente la organización cuenta con representantes como Jair Bolsonaro, ex presidente de Brasil, su hijo Eduardo y Nayib Bukele, presidente de El Salvador. Al conservador entramado de personajes de la derecha latinoamericana se suman el magnate mexicano Ricardo Salinas Pliego, y Branko Marinkovic, empresario y opositor del MAS en Bolivia; Eduardo Verástegui, líder de la derecha en México; Rafael López Aliaga, alcalde de Lima, Perú, y Pablo Viana diputado uruguayo del Partido Popular.
El conspicuo colectivo reaccionario se articula bajo el objetivo de dar “la batalla cultural”, que “debe ser librada desde las redes sociales, donde reside el poder de nuestro tiempo”, en detrimento de los medios masivos tradicionales.
Bajo un propósito regional único construyen sus discursos con ideas reaccionarias, valores conservadores, antifeministas, anti Derechos Humanos, anti Estado y contra “el socialismo, el progresismo y el globalismo”. Su estrategia de comunicación digital consiste en activar los servicios de inteligencia y la estrategia digital, como una arquitectura de la “batalla cultural”.
Un botón de muestra lo constituye el lanzamiento del “brazo armado de Milei”, autodenominado las Fuerzas del Cielo, que tuvo lugar el 17 de noviembre, evento que contó con una escenografía que retomaba la estética del fascista Benito Mussolini, mezclada de consignas conservadoras, como «Dios, patria y familia» y reminiscencias al Imperio Romano que caracterizan la estética de la infantería digital del oficialismo argentino.
Este entramado internacional permite comprender cómo la derecha regional campea en tiempos de la “restauración conservadora”, que le permite sostener su imagen en grandes sectores de la sociedad latinoamericana, a pesar de haber llevado adelante un brutal programa de ajuste sobre las mayorías trabajadoras, con una acelerada transferencia de recursos hacia las cuentas privadas, agudizando la desigual puja distributiva para aumentar los privilegios de la clase empresarial. Impulsados por esa derecha oscura, cavernaria e ignorante que no aprende de los cambios del mundo y de las exigencias de los nuevos tiempos: “¡América Latina tiene derecho a una nueva clase política!”
Sin embargo, mientras Dios los cría y el diablo los junta a conspicuos conservadores sur continentales, la izquierda latinoamericana asiste impávida a un cónclave que tiene en sus manos el devenir de la región.



