Celebrar los eventos y logros importantes es una tendencia humana que consagra un aniversario más de existencia como un acontecimiento especial en la vida de personas e instituciones. El acontecer de un cumpleaños es, sin duda, una oportunidad para celebrar la vida, reflexionar sobre experiencias pasadas y proyectarnos al futuro. Un cumpleaños no es un día más en el calendario, sino una fecha especial.
El gobierno nacional cumplió un año de vida y la efemérides oficial debió ser el mejor momento para un nuevo comienzo y una nueva oportunidad, no obstante, el régimen de Daniel Noboa conmemora su primer año de gestión agobiado por una crisis a ratos descontrolada e insuperable. El primer año de acción gubernamental se destaca por una constante inestabilidad, tanto del régimen como del país, en que ambos dan tumbos a momentos sin rumbo fijo.
Se diría en tono aciago: nada que celebrar. Nada de compartir historias y crear buenos recuerdos. Tal vez solo los más allegados al círculo íntimo presidencial hagan llegar saludos, parabienes y buenos augurios, el resto del país acaso cuente los días que faltan para que nuestros gobernantes se vayan a su casa.
Esta ocasión en que el presidente y sus colaboradores debieron haber celebrado con una fiesta entre conocidos y amigos, con regalos y homenajes, en Carondelet se guardó silencio. Un silencio significativo, sin ruido y pocas nueces porque de la expectativa auspiciante con la que el novel político asumió el poder no va quedando nada. El presidente Noboa conmemora su cumpleaños institucional en silencio, aunque como buen ciudadano estadounidense le habría gustado que le digan a viva voz: “Happy Birthday Mr. President”, pese a que, en la intención de voto como medidor político registra una baja en la aceptación popular que descendió del 81,4% en febrero, al 45,9% en octubre del año en curso.
El “nuevo Ecuador” prometido en campaña se convirtió en el viejo país que experimenta una regresión de años en su desarrollo económico y social, con una agenda política que evoca el pasado partidocrático, corrupto y excluyente. Condición que ni los artificios publicitarios a un costo de 12 millones de dólares en propaganda, eslóganes y voladores de luces logran revertir, en medio de la opacidad de un país a oscuras en su presente y en sus proyecciones futuras.
Síntomas de la crisis
La crisis nacional se ha convertido en nuestra forma de ser país. Y en ella destaca la inseguridad nacional y la violencia en un territorio otrora considerado “una isla de paz”. La cifra que se escribe con sangre registra como promedio de 18 personas asesinadas diariamente.
En otro indicador la calle caliente en protesta popular es el mejor termómetro para medir la popularidad del régimen: en menos de un mes dos marchas antigubernamentales violentamente reprimidas. Una situación que conduce al régimen a declarar el estado de excepción como la forma de gobernar o reprimir, asimilando en una misma narrativa la protesta social con la delincuencia común u organizada.
Otro rasgo del régimen de Noboa lo identifica como un gobierno de “jóvenes inexpertos” -del cual hace gala- con viejos paradigmas políticos reconocidos hasta por sus periclitados asesores, como Alberto Dahik. Y en esa cualidad el gobierno incurre en una disonancia cognitiva (León Festinger): dice una cosa en redes sociales para adolescentes -TikTok- y termina actuando a la vieja usanza de la añeja y mañosa partidocracia, con mensajes que la mayor parte de las veces entran en abierta contradicción con voceros del gabinete.
Las relaciones del Ejecutivo con el Legislativo, de suyo conflictivas han transitado 365 días de bronca, interpelaciones a ministros, vetos presidenciales, pugnas legales y chantaje político para salvar a sus adláteres.
El “diálogo con el pueblo” -léase la demagógica práctica de la consulta popular- ha sido un recurso para imponer medidas obvias que bien pudieron ser aplicadas por decreto, como el involucramiento militar en acciones antidelincuenciales o la extradición de ecuatorianos.
El divorcio político del Noboa con Verónica Abad, su malograda vicepresidenta, es un capítulo propio de novela rosa. Enviada fuera del país a una zona de guerra, acusada de conspiradora, el mandatario no ha escatimado esfuerzos por dejar en evidencia el desamor por la funcionaria, hasta delegar a una subalterna del ministerio del Trabajo a suspender de sus funciones a la segunda mandataria por 150 días.
Si bien esto ocurre casa adentro, en el plano internacional las cosas van de mal en peor. El país ha protagonizado abiertos conflictos con naciones otrora consideradas “hermanas” como México, e intervenciones de dudosa eficacia para la reinserción del Ecuador en el concierto mundial, como la tirante relación comercial con Rusia y opiniones de abierto desatino diplomático en referencia a mandatarios como Petro de Colombia, Milei de Argentina o Bukele en Centroamérica, lo cual habla del creciente aislamiento internacional del Ecuador.
A todo lo anterior se suman medidas que para muchos observadores se trata de un año sabático de “un gobierno que no gobierna” y que ha declarado la guerra interna, anunciado la construcción de cárceles y ha favorecido perdonando deudas a empresarios adláteres.
Y la joya de la corona: Human Rights Watch (HRW), ONG internacional de defensa de derechos humanos señaló que en Ecuador existen 15 denuncias de presuntas ejecuciones extrajudiciales amparadas en el «conflicto armado interno» declarado por el presidente Noboa contra el crimen organizado, además de 100 personas que habrían sido abatidas por la Policía como presuntos delincuentes, sin contar los 80 casos de torturas y más de 200 hechos de extralimitación en el uso de la fuerza que reflejan diversos abusos.
Como guinda del pastel: la serenata que la Municipalidad capitalina ofrece al presidente de la República por Fiestas de Quito, en un acto de cordialidad entre los singulares “vecis” de la Plaza Grande, no se realizó. Pabel Muñoz, el edil, prescindió del evento para dar prioridad a las ferias productivas y apoyar a los comerciantes en tiempos navideños, y el “presi” se quedó con los rulos hechos.
Happy Birthday Mr. President. A un año de iniciado el régimen de Daniel Noboa, el país evoca una sabia sentencia: El último día de espejismo y el primero de lo mismo.



