Por Pablo Salgado J.
El Muro de Berlín cayó el 9 de noviembre, y el 10 de noviembre desapareció Gustavo Garzón Guzmán. Justo, un año mas tarde. En ese año, 1989-1990, no solo se derrumbó el Muro, sino que Fukuyama proclamó el fin de las ideologías. También murió el Ayatola Jomeini, quien poco antes había condenado a muerte a Salman Rushdie. En ese mismo año, la plaza Tiananmen se tiñó de sangre. El dictador Cheusescu fue fusilado. Y murió Salvador Dalí, el divino. Además, el ejército norteamericano invadió Panamá, para derrocar a Noriega. Y el FMI anunció que condonará la deuda, en un 50%, a los países del tercer mundo que, como ahora, se morían de hambre y explotación.
Eran los años del triunfo del individualismo, de la vuelta al neoliberalismo y el inicio de la era del vacío, como advirtió Lipovetsky; “un vacío que no comporta, sin embargo, tragedia ni apocalipsis.” Comenzaba la era del culto al dinero. Y, por tanto, la era de los “ganadores” que sabían jugar con los índices Dow Jones y Nikkei. Tal como Mike Rourke cuenta en Nueve Semanas y media: ¿En qué trabajas? le pregunta la espléndida Kim, y Mike contesta: “Compro y vendo dinero».
En Ecuador, había terminado ya, en 1988, el gobierno de León Febres Cordero, de la peor forma; un terremoto rompió el oleoducto, perdió la consulta popular, y fue secuestrado en la base de Taura. Pero antes, Febres Cordero y su ministro de Gobierno habían proclamado a los cuatro vientos que derrotaron para siempre a los grupos subversivos. Luego, el país conocería que esa “lucha contra la subversión” dejó centenares de desaparecidos, torturados, asesinados, y permanentes violaciones a los derechos humanos.
En 1990 asume el poder Rodrigo Borja Cevallos, de la Izquierda Democrática. En sus dos primeros años, a pesar de tener mayoría legislativa, se producen pocos cambios y nulas transformaciones. Por ejemplo, no desmanteló las “fuerzas de seguridad” ni los cuerpos policiales, que había implementado Febres Cordero, y seguían operando. De ahí que, en la noche y madrugada del 9 al 10 de noviembre, desaparece el escritor Gustavo Garzón Guzmán, en manos de esas fuerzas policiales.
Después de varios años de negar, una y otra vez, tanto la policía nacional, como los gobiernos de turno, finalmente, en enero de 2021, el Estado ecuatoriano reconoció ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos su responsabilidad en la desaparición de Gustavo Garzón, por lo que la Comisión dictó medidas de reparación y justicia. Sin embargo, su madre -Doña Clorinda Garzón- sus hermanos y familiares lo siguen buscando, y exigiendo justicia.
El tristemente famoso Servicio de Investigación Criminal, SIC 10, ubicado en el Regimiento Quito N 2, cerca de La Marín, se había convertido en un centro de investigaciones y torturas; hombres y mujeres fueron sometidos a los más horrendos maltratos y vejaciones. En unos casos, los torturados vivieron para contarlo, y estas prácticas están documentadas, tanto en el Informe de la Verdad, que se hizo público en 2013 -que documentó 118 casos- como en los expedientes y audiencias de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. En otros casos, abandonaron sus cuerpos sin vida o simplemente los desaparecieron.
Ante el incumplimiento por parte del Ministerio de Cultura, una sentencia de la Corte Constitucional, en marzo de 2023, dispuso que en el plazo de un año el Ministerio debe crear el Museo de la Memoria, como un espacio de justicia y reparación para todas las víctimas. Un espacio, precisamente, para no perder la memoria; para que hechos violentos y deleznables no se vuelvan a producir jamás.
El Ministerio de Cultura, poco antes de que se cumpla el nuevo plazo que la Corte había determinado -so pena de destitución de sus autoridades- la Ministra Romina Muñoz al fin anunció que se había creado el Museo de la Memoria. Sin embargo, cuando -el pasado 7 de marzo de 2024- se inauguró el Museo, en el subsuelo del Ministerio, la decepción fue total. Era, es, en verdad un nuevo atentado contra las víctimas y sus familiares. Una verdadera burla, ya que no es un Museo, ni siquiera una buena exposición, tal como señaló Elizabeth Muñoz, de la Mesa Nacional de víctimas: “No hay que olvidar que el ex Sic 10 se identificó como el sitio en donde mayor número de casos de tortura existieron, y donde se formaban torturadores, por ello, siempre contemplamos que ese era el espacio emblemático y simbólico para el Museo de la Memoria. Ante las interrogantes que le formulé a la ministra Romina Muñoz, me dijo de frente que ese es el Museo y es lo que se les puede dar, y punto.”
Ante este hecho, las Asociaciones de familiares de la victimas solicitaron a la Corte que realice una inmediata evaluación del Museo, para determinar si se cumplen o no con los elementales estándares internacionales. La Corte conformó una Comisión y, al momento, se espera su informe y su resolución. Tanto para el Comité como para la Mesa Nacional de víctimas y la INREDH “es imperante que el Estado ecuatoriano reconozca que la exclusión de la participación de las víctimas en la implementación y construcción del Museo de la Memoria, como medida de reparación integral implica directamente una falta de aplicación de estándares internacionales de Derechos Humanos referentes al derecho a la memoria dentro de los procesos de Justicia Transicional, por lo que, reiteremos que para nosotros y nosotras no existe el Museo de la Memoria y el estado sigue en incumplimiento.”
Poco le ha importado al Gobierno Nacional, y al Ministerio de Cultura, las quejas y reclamos de las Asociaciones de víctimas; tampoco cumplir estrictamente con las medidas de reparación y justicia para las víctimas. Y, lo que es peor, poco les preocupa que se vuelvan a producir desde el Estado violaciones a los derechos humanos. Es más, el Ecuador en este último año tiene ya acumuladas 16 nuevas demandas en la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
En tanto, la madre de Gustavo, doña Clorinda, así como familiares, amigos y las asociaciones de víctimas continúan exigiendo conocer qué pasó y en dónde está el cuerpo de Gustavo Garzón, y de tantos otros -como los Hermanos Restrepo- que también fueron desaparecidos.



