Esta es la pregunta que se hacen millones de votantes en Norteamérica y la respuesta es incierta, porque lo más seguro de las elecciones estadounidenses es que nadie puede predecir el triunfo de uno de los dos candidatos, la demócrata Kamala Harris y el republicano Donald Trump.
Y es que el sistema que funge de ser ejemplo democrático en el mundo, en realidad no lo es, puesto que se sostiene sobre una elección presidencial indirecta. En los Estados Unidos la población no elige directamente al primer mandatario, sino a electores de un Colegio Electoral que designa al nuevo presidente o presidenta. Un candidato para ser el ganador necesita contar con 270 -de un total de 538- electores que conforman el colectivo del Colegio.
En los EE. UU existen 51 Estados, cada uno tiene asignado un número de electores de acuerdo con su población. El candidato ganador en un Estado se lleva el total de los representantes electores estatales que suma a su campaña. Hay siete Estados que definen las elecciones, porque pueden inclinarse por un candidato u otro: Michigan, Wisconsin, Carolina del Norte, Pennsylvania, Arizona, Nevada y Georgia. Trump tiene ventaja en cinco de ellos y Harris en dos.
Históricamente en los Estados Unidos el Colegio Electoral surge en 1787, como una forma de evitar el poder concentrado. Para evitar dicha concentración se definieron los tres poderes, ejecutivo, legislativo, judicial y cada uno de estos poderes elegía al presidente de la nación. No conforme con el sistema, se creó un Colegio Electoral que elige al presidente cada cuatro años y tiene pesos y contrapesos. En los siete Estados llamados columpio o bisagra que son claves, se dividen las preferencias del votante dentro de un margen de error del 3%. En ellos se tendrá que ver el resultado de la elección condado por condado para dilucidar un eventual empate electoral.
El empate electoral es una posibilidad muy probable en estas elecciones, con Trump y Harris igualados en 269 electores cada uno. Existe una compleja forma de desempatar y los resultados no se conocerán de inmediato. Por lo pronto, hay en el ambiente la incertidumbre propia de una elección muy reñida.
Existen algunos factores que llevaron a la posibilidad de un empate electoral. El electorado de Trump no aparece en las encuestas tan abiertamente, el suyo es un voto “vergonzante”. Harris, en cambio, es oscilante no se sabe quién es ella y puede pesar el voto oculto. Las encuestas dan un empate técnico entre ambos candidatos, pero las apuestas otorgan un 60% a Trump y un 30% a Harris.
Si Trump gana las elecciones en América habrá en el poder una nueva derecha en los EE- UU, una nueva derecha en Argentina y una nueva derecha en El Salvador. Trump ha remontado en los últimos 15 días en las encuestas, en tanto, Harris subió al comienzo de su designación como candidata y luego bajó porque no tuvo buenas respuestas en las entrevistas en materia económica, seguridad y migración. Se percibe a Harris como la continuidad y no un cambio. Trump tuvo una buena gestión económica como presidente y ese es un tema clave de la elección de hoy.
Observadores consideran que detrás del poder visible existe un dominio que determina la política de los Estados Unidos, es el gran complejo cívico-militar estadounidense conformado por influyentes empresas transnacionales, élites políticas y religiosas que controlan la gestión política cultural del país y grupos de poder ultraconservadores del modo de vida americano. Estos actores son quienes determinan la política interna y externa de los Estados Unidos, independientemente de quien esté de anfitrión en la Casa Blanca.
Históricamente los republicanos han puesto acento en su política antinmigrantes, racismo y fundamentalismo religioso. Los demócratas en el poder se han caracterizado por llevar a los Estados Unidos a los mayores periodos de guerras transnacionales y a un deterioro de la situación económica interna del país.
Las potencias regionales siguen su propio camino, los regímenes autocráticos están forjando sus propias alianzas y las devastadoras guerras en Gaza, Ucrania y otros lugares plantean preguntas incómodas sobre el papel de Washington. Estados Unidos es importante por su poderío económico y militar, y por su papel significativo en muchas alianzas.
¿Seguirá Kamala Harris la idea de Biden de que en “estos tiempos inestables, está claro que Estados Unidos no puede retroceder”? ¿O se impondrá la idea de Donald Trump de que “el americanismo, no el globalismo” debe liderar el camino?
No obstante, quien sea el presidente o presidenta de los Estados Unidos, el grado de influencia de la nación capitalista más poderosa del planeta guarda relación con las diversas oscilaciones en la situación geopolítica internacional, que determina la hegemonía de una potencia en el contexto de un mundo cada vez más multipolar.



