El emblema patrio que engalana el edificio del Legislativo en Quito continúa flameando tan campante como si nada sucediera. Es que en realidad no sucedió nada distinto a lo consuetudinario en la Asamblea Nacional durante el juicio político a la ministra del Interior, Mónica Palencia, excepto que un grupo de asambleístas hizo un saludo a la bandera en medio de un juicio parlamentario a Palencia, sabiendo que no contaba con los 92 votos necesarios para su destitución. El guiño de ojo a la bandera se traduce en un juicio moral del correismo y una victoria -aunque pírrica- real del oficialismo.
En la tramoya de la maratónica sesión plenaria no faltaron los equipos médicos, ambulancia, camilla y oxígeno de asistencia de emergencia a la funcionaria acusada de “incumplimiento de funciones”, en caso de descompensación. Tampoco faltaron las barras de burócratas que llenaron los graderíos del recinto parlamentario avivando a su jefa. Y brillaron en presencia también funcionarios de Gobierno como la canciller, Gabriela Sommerfeld; el ministro de Defensa, Giancarlo Loffredo; y el de Gobierno, Arturo Félix, que escoltaron a Palencia hasta el banquillo de los acusados.
Poniéndose el parche antes de la herida, la bancada de Revolución Ciudadana dio una rueda de prensa en la que reconoció que no tendría los votos 92 necesarios para censurar y destituir a la ministra Palencia. Y comenzó el movimiento de fichas.
La bancada de Construye anticipó que se abstendría de acolitar el intento correísta de destituir a la funcionaria. El interpelante Leonardo Berrezueta reclamó el cambio de postura, luego de que Construye se pronunció a favor de continuar con el juicio, olvidando que una cosa es aceptar el juicio en el Pleno y otra es apoyar la censura. Se especuló sobre un posible negociado político de votos a cambio de la inscripción de Construye para las elecciones 2025 o, incluso, el desvanecimiento de glosas de la Contraloría en contra de los asambleístas constructores.
Al cabo de dos horas con cuarenta minutos, Palencia abandonó el foro y se dio paso al debate. Como en el circo romano unos y otros luchaban contra las fieras, unos atacando de pie, furibundos, otros defendiendo de espaldas a la ministra ausente.
Paola Cabezas pedía la cabeza de la ministra del Interior, en tanto en el interior del hemiciclo parlamentario cundía la desazón correista por la falta de votos. Antes de abandonar el recinto Palencia dijo a voz en cuello «Yo por el Ecuador me he fajado siempre, me he fajado siempre, a costa de lo que sea». Y lo que sea es el apoyo incondicional a Noboa y su Plan Fenix que dijo que era más que un papel, un plan con carácter de reservado por tratar temas de seguridad nacional.
Los interpelantes cuestionan la supuesta reducción oficial de muertes violentas puesto que las cifras que maneja la ministra -27% menos- con relación al año pasado, no se compadecen con la realidad que vive el país, según la legisladora Cabezas. Pese a la defensa de la ministra Palencia sus argumentos fueron confrontados con la realidad que vive Durán en el Guayas, en donde, pese a la intervención del Gobierno con tanquetas la violencia no disminuye.
Razones iban y venían mientras que la ministra era acusada por la inexistencia de un plan de seguridad, la profunda crisis de inseguridad que afecta al país y la fallida recaptura de alias ‘Fito’ y otros 90 prófugos.
Al interior del espacio parlamentario el debate llegaba a su fin y solo 77 legisladores celebraban o lamentaban haber interpelado a la ministra Palencia. Afuera del recinto en lo alto del frontispicio de la Asamblea Nacional el emblema tricolor flameaba tan campante, porque al interior del inmueble parlamentario nada nuevo había sucedido bajo el mismo cielo azul de Quito.



