El sueño americano, sin duda, es una idea que guía la cultura y sociedad de los Estados Unidos y suele referirse a los ideales tercermundistas relacionados con el aspiracional de prosperar y tener éxito para lograr una movilidad social ascendente. El historiador James Truslow Adams definió el sueño americano en 1931 “como una oportunidad para todo el mundo según su habilidad o su trabajo, independientemente de su clase social o las circunstancias de las que proviene. Por lo cual el sueño americano es un sueño”.
Sin embargo, el sueño americano para los gringos del Departamento de Estado norteamericano consiste en convertir en pesadilla la vida de sus detractores políticos, declarándolos indeseables para su país a quienes niega el ingreso y permanencia en su territorio, estigmatizando su nombre como enemigos de la sociedad norteamericana, auto considerada como una tierra de abundancia, tierra de oportunidades, tierra de destino.
Condecoración imperial
Recientemente el Departamento de Estado ejecutó una acción en esa línea y anunció que Rafael Correa y su exvicepresidente, Jorge Glas, ya no “son elegibles para ingresar a territorio estadounidense”, la medida también se extiende a sus cónyuges e hijos.
El ex presidente Correa a menudo adoptó posturas políticas contradictorias a la visión de Estados Unidos durante su gobierno, y uno de los ejemplos más claros fue abrir la embajada de su país en Londres para recibir al fundador de Wikileaks, Julian Assange, cuando aún era un hombre buscado por las autoridades estadounidenses. Adicionalmente, el ex mandatario no renovó el Acuerdo suscrito en 1999, con diez años de duración, con Washington sobre el uso estadounidense de la base aérea y del puerto de Manta en el Ecuador. El “no” al establecimiento de un “Centro de Seguridad Cooperativa” se sustentó en razones jurídicas, pero también de índole política que desmantelaron una de las estructuras militares estadounidenses más grandes de América Latina.
Lo insólito del caso es que EE. UU niega una visa no solicitada por Correa y Glas en ningún momento, e incluso Correa residió es ese país durante cuatro años considerados por él como “maravillosos” y fue un defensor del modo de vida americano frente a los excesos antimperialistas.
La defensa internacional de los afectados esgrime sendos argumentos señalando que no solo no se ha solicitado ninguna visa, sino que además se hace extensiva la declaratoria de “no ser elegible” para visa norteamericana a sus familias, en un gesto estimado “rastrero y bajo”, del gobierno de ese país. En el supuesto de que Correa fuera culpable de corrupción no se puede aplicar la consanguinidad de las personas para castigar a su familia.
Se argumentó, además, que Interpol se ha negado a emitir órdenes de detención relacionadas al caso Sobornos por considerarlo un tema politico, y que los sentenciados han recibido asilo en países como México, Canadá y Bélgica.
Si bien la declaratoria no tiene consecuencias jurídicas ni es vinculante, cumple como maniobra política con el propósito de ser un “distractor” de la atención de la opinión pública ecuatoriana e internacional sobre el actual descenso de la aceptación popular a Daniel Noboa y su régimen. Hecho que se relaciona con la cercanía de las elecciones de febrero de 2025 y el supuesto desplome del presidente Noboa frente a la Revolución Ciudadana, una abierta intervención en la campaña electoral previa a los comicios presidenciales del año próximo.
El ex presidente Rafael Correa ha calificado la medida del Departamento de Estado norteamericano como «una condecoración imperial», según dijo, por no haberse sometido a los intereses estadounidenses. Un sueño tercermundista convertido políticamente en pesadilla.



