Che Guevara es un personaje histórico que ha generado polémica política, ética y emocional desde su trayectoria como joven aventurero, luego guerrillero y mártir. Estos días se conmemora un nuevo aniversario de su muerte en las selvas bolivianas asesinado a manos del ejército de ese país sudamericano el 9 de octubre de 1967 en la zona de La Higuera, Bolivia.
El joven médico argentino, Ernesto Guevara de la Serna, que en su adolescencia recorrió el continente sudamericano en una moto y luego combatió en la Sierra Maestra cubana junto a los guerrilleros del Movimiento 26 de julio a órdenes de Fidel Castro, para luego ocupar altos cargos en el Gobierno revolucionario cubano, que luego abandonaría para ir a combatir al ejército regular boliviano y morir asesinado luego de ser detenido en una emboscada.
Para muchos Ernesto Guevara nace ese día en los anales de la historia y su muerte da origen al mito del guerrillero heroico. El Che Guevara constituye uno de los personajes más destacados de la modernidad y, al mismo tiempo, su más alto mito. La mistificación del Che va desde el odio más visceral de las oligarquías latinoamericanas y sus voceros que lo sindican como un asesino múltiple, hasta la glorificación expresada en la frase de J. P. Sartre: “Che Guevara forma parte de los grandes mitos de este siglo XX, su vida es la historia del hombre más perfecto de nuestra época”-
¿En qué radica esa perfección sartreana?
Para muchos en la concepción del Che del Hombre Nuevo, Guevara creía que el hombre nuevo se forjaría a través del proceso de revolución, ya que las personas se verían obligadas a enfrentar y superar los desafíos de construir una nueva sociedad. Escribió que el hombre nuevo sería «un producto de la lucha entre el individuo y la sociedad», y que esta lucha «lo haría mejor”, moralmente superior al individuo burgués materialista y egoísta, un hombre distinto motivado por las injusticias y dispuesto a dar la vida por sus semejantes y por sus ideales. Impronta ideológica que se traduce en inmolación.
En este aspecto el marxismo, o su interpretación latinoamericana y el cristianismo universal coinciden en el mesianismo extremo cuya misión es inmolarse, ofrecer la vida por la humanidad. El mito de la muerte es propio de toda causa mesiánica: el cristianismo mitifica la muerte en la cruz y todas las corrientes del marxismo hacen un culto a la muerte hasta plantearse la disyuntiva de elegir entre la patria o la muerte.
Pero el Che no solo representa el mito, también encarna una línea política, una estrategia y tácticas de la lucha revolucionaria latinoamericana. Políticamente su pensamiento forma parte de una de las corrientes del marxismo que proclama a la Revolución mundial simultánea en diversos países, revolución mundial o planetaria, como una profunda y estructural revolución cultural, concepción que tuvo en Cuba una realidad histórica específica en tiempos de Fidel, el Che y demás combatientes de Sierra Maestra contra la dictadura de Fulgencio Batista.
Dicha corriente se expresa en la arenga del Che, de abril de 1967: “Crear, dos, tres… muchos Vietnam”, en alusión a que la guerra de guerrillas que condujo a la victoria al pueblo vietnamita contra el invasor norteamericano en los años sesenta, debe ser reproducida en Latinoamérica una, dos y tres o más veces en los países de la región. Estrategia y tácticas que el Che intentó implementar en el continente sudamericano, luego de abandonar Cuba para crear un foco guerrillero en Bolivia.
La cultura oficial ha buscado desnaturalizar la imagen del Che como símbolo de contracultura, quitarle su poder movilizador, limarle las uñas por decirlo de algún modo. Tal es así que la imagen icónica del Che convertida en símbolo creado a partir de la célebre fotografía del fotógrafo cubano, Alberto Korda, aparece en camisetas comercializadas junto a fotos eróticas de modelos de moda.
Barthes señala que en los detalles está el mito. El mito no niega, no afirma ni miente, recrea la realidad, la simboliza, está en su lugar. Históricamente la tentativa guerrillera del Che en Bolivia fue un intento militar y políticamente fallido, sin embargo, moralmente se logró constituir en un triunfo transformando la derrota en victoria. He ahí el detalle que construyó el mito. La muerte del Che hizo el resto, similar a lo que sucedió con la muerte de Cristo. Ambos son personajes que mueren para revivir para siempre en la mitología popular. El culto a la muerte es el elemento más movilizador de las causas mesiánicas, su forma de perennizar una ideología más allá de su realidad y eficacia histórica.
Me pregunto si el mito del Che tendrá la capacidad de confrontar a la realidad con la utopía del cambio social, devolverle su poder transformador y movilizar a las nuevas generaciones obnubiladas por la tecnología, entontecidas por el dinero o cooptadas por la delincuencia. Quién sino la juventud de un país la llamada a cambiar el mundo, transitando aquel largo trecho entre el mito y la realidad.



