Por Leonardo Parrini
Los sueños, sueños son, desde el instante en que uno despierta; antes de eso son para el durmiente una inobjetable realidad. Así de inequívocos son ciertos sueños y el vuelo onírico de anoche fue muy cierto: una auténtica caligrafia de los sueños. Y no quiero en modo alguno plagiar la novela homónima de Juan Marsé, Caligrafía de los Sueños, esplendido relato de iniciación al deseo y a la escritura que publicó tras recibir el Premio Cervantes 2008.
En mi sueño caligráfico estaba yo con una pluma en la mano realizando un dibujo. Dibujaba una bella caligrafía con una hermosa pluma de oro. Aquella pluma de oro en la vida real me la regaló mi madre cuando cumplí quince años de edad: era una pluma estilográfica Vintage Parker 51, que aún conservo.
Durante el sueño, una mujer llamada Tintamor me enseñaba los secretos de la caligrafia y relataba que escribir o dibujar con estilógrafo a tinta es un acto singular. La tinta, brebaje colorante que contiene pigmentos utilizados para colorear una superficie por lo general blanca, es en sí un ungüento especial. Se sabe -contaba la mujer- que las primeras tintas de todas las civilizaciones se hicieron con negro de humo, una especie de hollín y se llamó Tinta India, porque sus materiales provenían de ese país. No obstante haber sido inventada en China, al moler una mezcla de pegamento de piel, negro de humo y pigmento de hueso negro y verter luego en un plato de cerámica para conseguir un secado uniforme.
La pluma, en tanto, hizo su aparición en la historia, cuando los egipcios la introdujeron como utensilio práctico para escribir sobre papiros. La pluma entonces era literalmente parte del ala de un ave, con el tiempo se inventó su análogo de metal, oro, plata o acero que recibió el nombre de estilógrafo.
Pluma y tinta se unieron en una asociación indisoluble. Surgió de este maridaje la caligrafia o el arte de escribir con letra bella. No es exagerado decir que la caligrafia es armonía visual, como la música lo es al sonido, tiene ritmo, cadencia y compás. El pulso de la caligrafía puede indicar el rasgo definitorio de un estilo, mientras que la cadencia marca la puntuación que abre o cierra una idea. El compás, es entidad musical compuesta por unidades de tiempo que se organizan en grupos. En tanto, el compás de una caligrafía equivale a la sintaxis de la escritura o cómo se combinan las palabras para formar oraciones correctas. Las palabras de una lengua no operan de manera individual y aislada, sino en una cadena semántica.
La caligrafía -indicaba la maestra- tuvo surgimientos diferentes en Oriente y Occidente, según sean tres tipos principales de caligrafía: occidental, oriental y árabe. En Occidente la caligrafía hecha sobre pergamino tuvo lugar en el Medioevo gracias a que los monjes copistas usaban los diferentes signos del alfabeto latino creado por los romanos para escribir todo lo que hasta ese entonces había de conocimiento. Por su parte, en Oriente, los chinos ya practicaban un tipo de caligrafía desde mediados del 200 a.C. durante la dinastía Qin con la escritura, en piedra o bronce, de algunas adaptaciones de los caracteres chinos. En varias civilizaciones orientales, la caligrafía es parte de las ciencias ocultas, -el pensamiento, el pincel, la línea y la idea filosófica son inseparables-, mientras que en Occidente la caligrafía es el arte de grandes calígrafos responsables de contribuir al prestigio de sus soberanos y aristócratas. En cambio, la caligrafía árabe se desarrolla con la expansión del islam, religión que puso las bases de la escritura y, desde el siglo VII, de la caligrafía. Esta escritura a mano nació con la necesidad de plasmar, en el libro sagrado de los Islámicos, los conocimientos que les fueron revelados.
Desde tiempos remotos el desarrollo de la caligrafía ha requerido de ritmo y de armonía, tanto como de belleza, y se ha utilizado como forma de transmitir una cultura y sus saberes de una generación a otra.
Escribir es un arte por sus contenidos, también lo es por la forma de la escritura desde el origen de la caligrafía en la escritura cuneiforme, la más antigua de la historia originaria de la región de Sumeria en el año 3.400 a. C. La caligrafía creó diversos estilos, Gótico, Rotunda, Carolingio, Bastarda, Cincumflessa y otros muchos derivados de éstos con formas más circulares y legibles.
En el sueño yo ensayaba un estilo. Tintamor realizaba un dibujo untando con una pluma un colorante azul que extraía de un tintero y lo vertía sobre un papel blanco mármol, el más fino que manos hayan tocado. Empecinada en enseñarme los secretos estilísticos de una bella caligrafía, le oía murmurar a ritmo de su propia escritura el deseo de transmitirme una habilidad esencialmente manual, el don por adquirir de dibujar signos gráficos propios de las letras alfabéticas. Así, ensayaba las tipografías Mister Grape, Typhoon Type, Dear Mother que ella enunciaba delineando trazos sobre la textura apergaminada. Todo ocurría en un espacio pulcro de luces y sonidos gráciles, en el ambiente de una tarde apacible que dejaba percibir el rumor del trazo de la pluma sobre el papel.
Como siempre, desperté intrigado por descubrir el significado de ese sueño. Aseguran los intérpretes de las experiencias oníricas, si en sueños vemos un estilógrafo significa que debemos poner más empeño y dedicación en un asunto importante, y si es de color azul, indica que el esfuerzo nos puede conducir a la victoria.
Me quedo con esa premonición. El solo vuelo onírico de haber ensayado un bello estilo caligráfico con mi fastuosa pluma de oro conservada en el cofre de los recuerdos maternos, ya es un triunfo consuetudinario de haber descubierto una belleza nueva cada día que pretendo escribir la vida con el mejor estilo que me es posible en la caligrafia de los sueños.



