Por Leonardo Parrini
Que las desgracias no vienen solas es una verdad que en la trágica historia de la familia Restrepo Arismendi cobra dramática evidencia. Al crimen de Santiago y Andrés Restrepo, de 17 y 14 años, respectivamente, a manos de la Policía Nacional perpetrado el 8 enero de 1988, luego de ser detenidos arbitrariamente y torturados en los calabozos del SIC-10 durante el régimen de León Febres Cordero, se sumó el trágico accidente automovilístico en el que perdió la vida su madre, Luz Elena Arismendi, mientras realizaba una intensa campaña de búsqueda de sus hijos.
Hoy el destino ha querido que Pedro Restrepo, padre de los menores asesinados, colombiano residente en nuestro país desde 1970, quien dedicó su vida a localizar a sus hijos, se encuentre en una grave situación de salud afectado por una enfermedad terminal. Pedro, quien en su lucha por la justicia recibiera la solidaridad de todo un país hoy requiere una vez mas el apoyo de la ciudadanía para enfrentar sus últimos días afectado por una insuficiencia respiratoria crónica y una parálisis diafragmática y total del cuerpo. El ingeniero colombiano ha permanecido dos años hospitalizado en un centro hospitalario del IESS, atención médica que desde ese tiempo la institución cubría, subsanando los costos a pacientes extremos mediante los servicios de un prestador externo, situación que ya no ocurre por la realidad que atraviesa la seguridad social en el país.
María Fernanda Restrepo, hija de Pedro, clama hoy por una atención médica profesional a su padre en su domicilio particular: “Mi padre merece tener los mismos cuidados que en la casa de salud del IESS, o morir dignamente en casa, no encerrado en un hospital”, manifestó María Fernanda en su cuenta de X. La joven cineasta que denunciara detalles del crimen en su documental Con mi corazón en Yambo, donde pone en evidencia lo sucedido ese 8 de enero cuando sus hermanos Santiago y Andrés, fueron asesinados, enfrenta hoy una insostenible situación. Ella debe trasladarse todos los días desde su casa al norte de Quito hasta el hospital de IESS, ubicado en el sur de la ciudad, debiendo dedicar gran parte de su tiempo a esta rutina, impedida de realizar normalmente sus actividades.
El legado de Pedro Restrepo
Ecuador, sin duda, tiene una enorme deuda con la familia de Pedro Restrepo. En primer lugar, le debe la vida de sus hijos menores de edad, asesinados en territorio ecuatoriano a manos de los efectivos de una institución policial. Luego, adeuda una respuesta fehaciente del lugar donde se encuentran los cuerpos de los menores. A lo que se suma la falta de una cabal justicia -ejercida por el Estado- a una familia que ha dignificado con su sacrificio la lucha permanente por los Derechos Humanos en Ecuador.
Sin el tesón inclaudicable de Pedro Restrepo y de Luz Elena, y luego de María Fernanda, bajo su ejemplo, Ecuador jamás habría tomado consciencia de que la vida no tiene precio en el alto valor que la asiste en un país en el que se cometió un crimen de Estado que permanece aun en la impunidad, sin que se haya ejercido cabal justicia a la familia.
El ejemplo de inclaudicable lucha por la defensa irrestricta de los derechos, la paz ciudadana y la justicia, son nítida evidencia de que las desgracias también suelen venir acompañadas de la dignidad familiar, en el drama de la familia Restrepo Arismendi, que hoy requiere de la asistencia del Estado y de nuestro apoyo y solidaridad.
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