Por Leonardo Parrini
Antes se decía entre las abuelas: la letra con sangre entra. Hoy felizmente decimos, la letra con amor perdura. Y lo pone en práctica una abuela, María Dolores Montaño, que nos presenta su libro infantil ilustrado, Preguntas para Mía. Un texto que, de existir el género, formaría parte de la didáctica del amor: Enseñar amando, aprender amado, parece ser la fórmula. Porque, según confiesa Montaño, “no puedo separar los sentimientos al momento de escribir”.

María Dolores, educadora, arquitecta y viajera empedernida, descubre una novedosa forma de enseñar, poniendo en boca de su nieta Mía, respuestas a preguntas sobre cultura general.
El libro de la Colección Oso de Anteojos, de El Farolero Ediciones, viene profusamente ilustrado a todo color por la diseñadora Carolina Corral y contiene las preguntas que la abuela hace a Mía, “una niña de 7 años. Muy vivaz, de pelo largo, morena, alta para su edad, de ojos grandes color capulí. Es muy inteligente y curiosa. Utiliza palabras de adultos para hablar”.
La abuela, jugando el rol de “hada madrina” como personaje del libro, formula una serie de preguntas a su nieta que ésta responde en el formato de un juego, a través de cuentos e historias, “así la abuela llena de conocimientos a la niña, para que jamás olvide”.
Cuando la abuela pregunta ¿Dónde queda el Patio de los Naranjos?, Mía responde: En Sevilla. ¿Dónde queda Notre Dame? En Paris. Y así, sucesivamente, se suceden preguntas acerca de personajes, lugares, hechos, libros, pinturas, artistas del mundo, que van enriqueciendo el acerbo cultural de los niños lectores. Bagaje acumulado por la autora, luego “de ser capaz de capturar los detalles más íntimos de los lugares recorridos y de las personas, a través de cuentos y crónicas”. La didáctica del amor en toda su intensa dinámica, puesta al servicio del conocimiento infantil.
Buscamos una respuesta de la abuela acerca de si el libro, Preguntas para Mía, está escrito sobre niños o para niños, y la contestación iluminada de lucidez no se hace esperar: “El libro está escrito con los niños y niñas”. Y no solo parece creíble, sino además sincero, porque la nieta participó en la creación del libro al compartir vivencias cotidianas con su abuela, confinadas ambas más de un año juntas en pandemia donde aprendieron a conocerse, a relacionarse entre la cocina, el aposento y el jardín de la casa y amarse como ningunas. Esa es la matriz existencial donde se forja el libro de María Dolores Montaño: “Mi libro no inventa, lo mío recrea, yo no soy creadora tomo trozos de un lado y de otro de la vida y genero, sin separarme de los sentimientos, todo lo que he vivido tiene que ver, parte son fantasías, parte realidad y, como profesora, soy rigurosa en el tema del aprendizaje”.

Y el texto ve la luz al cabo de un proceso creativo de escribirlo, corregirlo, y terminar ilustrado por su propia hija, Carolina Corral, diseñadora de profesión que se alegra de la conjunción lograda entre texto y gráfica: “El texto es como la primera pauta que lleva a comunicar mediante la imagen, pero también ésta es un complemento de aporte desde el punto de vista del diseñador. La imagen también habla y se produce un diálogo con el texto”. Y en ese proceso creativo, Carolina, no deja de lados los sentimientos: “Nunca hay una separación, siempre existe ese complemento emocional que va dirigiendo el resultado, cuando uno hace las cosas desde las emociones siempre el resultado es mejor”.
Un producto de la didáctica del amor, Preguntas para Mía, libro bello en su contenido y forma, con letra emotivamente perdurable en la sabiduría infantil y en la complicidad entre abuelos y nietos.



