Por Leonardo Parrini
Fusionar lo disímil en busca de unidad en la diversidad, no siempre suele tener un final feliz. La conjunción armónica mediante ensamble de instrumentos ancestrales requiere de una energía singular. La agrupación Nêyraq emana esa energía musical renovadora en el escenario, rindiendo tributo a su nombre artístico, Nêyraq, lengua del idioma Tamaziq del antiguo Sahara, que significa nueva energía.

Fusionar la diversidad musical del mundo no es una tarea fácil, pero sí ambiciosa. Más aun en un mundo atribulado por la violencia, en el que Nêyraq armoniza en su música la tentativa infinita de suscitar esperanza y amor.
Su EP, Brújula de la Memoria, resulta ser eso: el indicio de un camino a seguir, la señal que muestra el derrotero de un nuevo destino. Como lo suele hacer una brújula, aquel instrumento que con su magnetismo señala el norte y sirve para determinar las direcciones de la superficie terrestre. Brújula de la Memoria, es una tentativa musical que imanta y determina el sentido de ir al encuentro con los sonidos que emergen de la memoria de la humanidad. El resultado es una conjunción de emociones y pensamientos que conducen a un espacio pleno de saberes universales. No en vano para Nêyraq la brújula representa la fusión entre el alma y el cuerpo, a través de una suerte de sanación musical que reorienta el sentido de vivir.
Y en esa tentativa se vale de un armónico ejercicio, la música de Nêyraq emana de un ensamble de instrumentos que incluye el santur, darbuka, ronrroco, banjo, laúd, gaita, entre otros, que interpretan músicas del mundo en vibraciones y sonoridades conspiradoras para promover un estado místico y trascendental, interpretando folklores de diferentes culturas del planeta y sus ritmos africanos, andinos, árabes, hindúes o celtas.

La danza, lenguaje del cuerpo que mucita múltiples sensaciones a través de movimientos del baile, reúne en sus ajetreos las propiedades necesarias para denotar un contenido específico y connotar significados varios en el espectador. Es entonces cuando música y baile exaltan la contienda humana por liberar sentimientos espirituales y corporales. La sensualidad que estimula una nueva sensación a flor de piel. La metáfora del gesto que evoca realidades hasta entonces inéditas. La insinuación de compartir nuevos sentidos de vida. Diálogo donde cuerpo y alma corean en el idioma universal del arte.
Nêyraq ensaya una revolucionaria forma de convocar al cambio social y lo hace a través de su arte. El aspiracional de un arte que no es un ideal utópico, sino un deber ser distinto, una concepción que propone la alternativa existencial en un mundo diferente. Este acaso sea el rol esencial del arte: soñar un futuro superior al presente.

Habría que decir que Nêyraq asume el arte musical en su exacta dimensión transformadora de la realidad. No en un idealismo fatuo, sino como un aspiracional para transformar la convivencia social.
La presentación de anoche en el Teatro Sucre, donde tuvo lugar el lanzamiento del NP Brújula de la Memoria, es en muchos sentidos reveladora. Evidencia una renovada energía musical de Nêyraq, y pone al descubierto la siempre misteriosa relación existente entre vida y arte, en la que una se vale de la otra para ser mejor y optimizar la existencia en virtud del ser humano.



