Por Leonardo Parrini
El presidente Daniel Noboa realizó declaraciones desatinadas, consideradas escandalosas, al periodista norteamericano John L. Anderson, del periódico The NewYorker. Las declaraciones las realizó durante una visita que Anderson hizo al Ecuador, en el mes de marzo, y que fueron publicadas recientemente en el periódico norteamericano.
Noboa opinó sobre diversos presidentes de la región, diciendo que “Bukele es arrogante, se dedica a controlar el país para sí mismo y a enriquecer a su familia”; y que “Milei, no sé por qué piensa que es tan genial, cuando no ha logrado nada desde que asumió la presidencia”. Consultado por el periodista con cuál mandatario se identifica en Latinoamérica, Noboa respondió que con qué líder que se siente alineado es con el mandatario de Brasil, Lula Da Silva.
Lo sorprendente, además, fue que el mandatario ecuatoriano, reconoció sus contactos con la CIA norteamericana y revelo que pidió ayuda a dicha agencia: “Tuve una reunión y le pedí ayuda”.
La afirmación de Noboa que más revuelo causó, interna e internacionalmente, es aquella en la que señaló: “Sicarios cruzaron la frontera norte para atentar contra mi vida”. Los criminales que fueron interceptados en la frontera con Colombia fueron enviados por narcotraficantes, y cuatro de ellos murieron en el enfrentamiento con las FFAA, mientras otros fueron arrestados.
El Ministerio de Defensa de Ecuador ante una consulta de CNN “no afirma ni niega” los hechos. Entre los hechos Noboa señaló que su esposa “Lavinia es adicta al celular”, y que él está “dispuesto a construir una cárcel en la Antártida.”
Sectores de oposición dijeron, como señaló Viviana Veloz, que “las declaraciones de Noboa son escandalosas y pueden generar problemas internacionales”. La secretaria de Comunicación, Irene Vélez, restó credibilidad a The New Yorker señalando que las declaraciones de Noboa “fueron descontextualizadas”.
En este contexto, la Asamblea Nacional busca declarar la incapacidad mental del presidente Noboa para su destitución. Por lo pronto, con al menos 86 votos los parlamentarios se declararon contrarios a las declaraciones presidenciales. Y en los actuales momentos una petición de juicio político debe ingresar al CAL para su calificación, el organismo tiene diez días para calificar su aprobación. Acto seguido, se debe solicitar al IESS, al Ministerio de Salud y a la Asociación de Facultades de Ciencias Médicas, que nombren una terna de profesionales médicos especializados que deberán presentar un informe detallado sobre la salud física y mental del primer mandatario. La Asamblea Nacional con una mayoría de 92 votos puede declarar la incapacidad física o mental permanente e inhabilitante del presidente, y decidir su destitución.
Un diagnóstico polémico
La salud mental del presidente es un tema que viene siendo discutido desde hace algún tiempo. Un diagnóstico realizado por especialistas a la salud mental del presidente Noboa, señala que el mandatario ecuatoriano padece Autismo.
No obstante, el psicólogo Felipe Vega de la Cuadra, especialista en el tema, señala que “no es así, porque el autismo es un mal que lo imposibilitaría para ejercer el cargo de presidente y cuyos síntomas le habrían impedido ser campeón de natación y abanderado en el Colegio Alemán, porque su capacidad de socialización y de relacionamiento es nula. Le diagnostican eso porque es un poco más venial, como una manera de exculparlo políticamente y dicen, los autistas son genios, pero no hablan. Es una trampa miserable”.
Daniel Noboa nunca ha sido autista, el presidente se mantiene medicado y el autismo no tiene tratamiento con medicación porque no supone problemas de bioquímica cerebral, emocional ni fisiológico, es una condición que no reacciona con medicamentos, afirma Vega de la Cuadra, “lo que él tiene es un trastorno del espectro psicótico, y ahí están las esquizofrenias y Noboa tiene los síntomas negativos como la Dislalia, es decir, habla poco, tiene poquísima expresión emocional, no logra alcanzar placer y puede ser brutalmente cruel. Un autista es inofensivo y el psicótico tiene paranoia y narcisismo, con un fondo neurótico”.
El neurótico construye una versión falsa de la realidad y actúa en concordancia con esa versión. Noboa tiene una versión del Ecuador donde él es el rey, él manda, todo le pertenece, es el pantocrátor todopoderoso. Las valoraciones que hace de los presidentes, son las valoraciones típicas de un psicótico que descalifica al otro, es decir, hace una proyección de su problema sobre los otros con un discurso absolutamente bizarro y reñido con la realidad. ¿Cuál es la realidad de que él se identifique con Lula da Silva o quiera poner una cárcel en la Antártida? Sus afirmaciones corresponden a la realidad de un discurso desarticulado y fabulante, típico de una fabulación psicótica, dice el especialista.
Es políticamente necesario revisar aquel diagnóstico de autista, porque lo justifica, lo exculpa y lo deja como un genio. “Al presidente sí lo conozco desde muchacho, y es un absoluto error diagnosticarlo de autista. Noboa es un neuro psicópata. Y habrá que descartar que la psicopatía no se haya producido por consumo de sustancias alucinógenas, porque la narcodependencia de cocaína genera brotes psicóticos”, puntualiza Vega de la Cuadra.
Noboa puso fin al subsidio a los combustibles, sin importarle la respuesta popular que aquello pueda generar, porque puede echar mano fácilmente a una violencia desmesurada, y eso es un rasgo psicótico.
La conducta presidencial obsesiva sobre la situación de la vicepresidenta de la República evidencia otro rasgo psicótico. Allí existe “un encaprichamiento de niño rico, que es un rasgo psiconeurótico, es un pequeño tirano que mantiene una acción depredadora”.
El psicótico puede derivar en un psicópata y los síntomas negativos pueden ser comunes con el autismo: el temor que siente el autista lo limita, cuando la emocionalidad lo rebasa, a veces tiene desarrollo limitado del aula debido a un desarrollo cognitivo tardío. El autista tiene una discapacidad social y, por lo tanto, debe ser apoyado; un psicótico es una persona que altera la realidad, manipula y provoca daños. Es una persona de la cual hay que cuidarse, no cuidarla. Esa es la diferencia fundamental, concluye el especialista.
Esa diferencia deberá ser establecida por la investigación parlamentaria con el propósito de juzgarlo con justicia, sin exculpaciones, ni condenas políticamente pasionarias.



