Por Leonardo Parrini
Todo ejercicio de intimidad femenina me resulta provocador, tratándose de un gesto auténtico, más aún como el que se percibe, con aroma de verdad, en el libro Íntimo, de María Dolores Montaño. He ahí el primer valor de los relatos cortos que contienen este libro, a medio camino de ser poemas, cuentos o reflexiones breves que exhalan esa atmósfera de intimidad prohibida y revelada, no sin valentía, en una sociedad apresurada en juzgar mal a la mujer que osa reconocer sus pasiones obsesivas, anhelos más intrínsecos y toda expresión suya con aires libertarios.
No es fácil transitar de las vivencias a la literatura, de la acción real a la palabra escrita para narrar experiencias, sueños y anhelos, a través de historias -ciertas o inventadas- que hacen parte de una vida que, como María Dolores, hay que vivir para contarla, con coraje.
María Dolores Montaño, mujer manaba, la vivió no sin dolores, en el contexto social de un mundo patriarcal, y nos la cuenta con serena pasión, con el tono exacto entre lo real e imaginario, como quien comparte en una tarde de lluvia un anecdotario entre amigos.
No suficiente con haber vivido, obsesionando pasiones íntimas de mujer, era indispensable para María Dolores que, como autora de este libro, Íntimo, estuviera blindada de valor espiritual y literario y apele a su entereza moral y talento para construir un relato lleno de vitalidad y conciencia plena sobre sus derechos de género. No es el feminismo fácil, proselitista, el que se advierte en estas páginas salpicadas de tragedia y comedia a la vez, sino el firme propósito de exorcizar los demonios que la atormentan.
Íntimo es un libro escrito por María Dolores sobre sí misma, sin llegar a ser una autobiografía estricta, explayada en tiempo alguno, y en eso radica un valor innegable: refiere un drama personal que atañe a todas las mujeres que necesitan, que no pueden o no quieren exteriorizar sus cuitas de amor y sexo frente al sexo opuesto. En tal virtud, el libro exterioriza sensaciones que dan cuenta del sentido y sin sentido de una existencia que clama por una íntima libertad.
La mujer rota, decía Simone de Beauvoir, para describir el segundo sexo, proscrito en sus derechos de género, María Dolores nos habla de una mujer destinada a “ser sufridora”, sin embargo, por algunas jugarretas del destino, “he sido feliz en mi vida”.
Libro propio y extraño es este de María Dolores. Propio, en tanto transcurre en una introspectiva de la autora-protagonista, extraño porque no es habitual encontrar una mirada marcada por la franqueza, espontáneo y sin poses, con la única razón y decisión espiritual de rendirse cuentas. Un acto deliberado y liberador de aquellas cortapisas que la mantenían secuestrada dentro de sí, “sin sacarme los velos de a poco y mirarme al espejo desnuda”, reconoce la autora. Y que María Dolores observa en un vistazo furtivo, pero profundo, al confesar “una rutina de mil años en la cual no tengo esperanzas”, no obstante, dispuesta a mirar el presente como un regalo de la vida. Así, María Dolores Montaño reitera en este libro, Íntimo, su aspiración de ser un espíritu libre.
Y luego de reconocerse, la autora se refiere en tercera persona a un personaje ausente al que busca, al que espera, al que ama y alude en un amor imposible, platónico dirán algunos, sin embargo, en el fondo más bien aristotélico porque tiene inicio, nudo y fin. Asistimos a encuentros y desencuentros furtivos de imprevista provocación y apasionamiento. No engaña a nadie esta suerte de biografía atribuida a otros, ajena sin negarla, extraña sin desconocerla.
Encarnando las Penélopes que esperan a sus Ulises en esa atmósfera en que la desolación es el aire que se respira, la autora describe un paisaje desde una idealización que da cuenta de un mundo real. Uno no tiene otro remedio que rendirse a la nostalgia de una mujer que se narra a sí misma, redescubriéndose.
Dijimos al comienzo que la intimidad de una mujer siempre provoca, sugiere nuevos estertores del alma y del cuerpo. Este libro lo confirma al suscitar el disfrute de un universo con aroma de mujer, para degustar emociones sinceras en un texto que reúne las condiciones para ser leído con placer. Un par de verdades irredargüibles que confirman que María Dolores Montaño está en camino de convertirse en escritora de tomo y lomo.



