Por Leonardo Parrini
Los alemanes nazis proclamaban que una mentira repetida mil veces se convertía en verdad. Esta afirmación acuñada por Joseph Goebbels posicionó a la comunicación política como algo innoble, fue entonces que los políticos profesionales decidieron llamarle marketing político para devolver el perdido prestigio a la propaganda, desvirtuada por el ministro del nazismo al decir que una mentira puede convertirse en verdad con solo repetirla.
En estos tiempos de crisis social en Ecuador se debe estar alerta sobre cómo surge el extremismo fascista. El fascismo ha tomado fuerza en los sectores más reaccionarios de la derecha clasista y racista y ha mutado durante años oculto en una democracia no evolutiva como la ecuatoriana para renacer con distintas máscaras. Se valió de regímenes impostores como el de Lenin Moreno, luego se vale de los gobiernos acomodados de Lasso y Noboa, quienes permitieron que su semilla germinara tras el discurso de un odioso anticorreísmo.
No había que tolerar a los intolerantes nos recuerda Karl Popper, en la llamada paradoja de la tolerancia. El fascismo en su intolerancia tiene una clara identificación en la actual coyuntura social, a la que nos ha llevado una oligarquía tóxica que miente por miedo a perder sus privilegios frente a aquellos que considera en inferioridad social y racial.
Los rasgos de fascistización de la sociedad comportan valores ideológicos que son parte del fascismo clásico, junto con torcer la nariz a la verdad: La exaltación al patriotismo donde la visión social se manipula para manejar a las masas. El desdén hacia las posturas de defensa de los derechos humanos. Para el fascismo y quienes defienden posturas como leyes antiinmigrantes, discriminación hacia los homosexuales y racismo; las organizaciones de derechos humanos atentan a su postura de odio y represión. Los intelectuales y la cultura son visto como enemigos del Estado. El fascismo actual tiene su gran base en la ignorancia de sus elementos que lo forman: el militarismo como eje del poder fascista. El fascismo se conecta directamente a una sociedad como si fuera una organización militar. Para ellos, las FFAA son su soporte armado para poder mantener las estructuras de control.
Para encubrir estos rasgos definitorios, el fascismo pone en práctica la estrategia de posicionar mentiras como verdad, la cual se ve amplificada en los aparatos ideológicos del Estado como la Prensa, la Educacion y ciertas doctrinas del sistema Jurídico, entre otros medios de formación de la opinión pública. En un remedo de fascismo o, mejor dicho, en una fascistización de la política criolla se trata de posicionar a la fuerza mentiras como verdades.
Un tema recurrente
En un tema recurrente, ahora a todo el mundo le apesta Carlos Polit, un personaje puesto de actualidad ante la sentencia por sus actos de corrupción. Ya nadie quiere acordarse de él y marcan distancia con el corrupto desenmascarado por la justicia estadounidense, si se les pregunta niegan haberlo conocido. Rafael Correa dice que, en 2007, él no sabía quién era este personaje. Y quienes lo eligieron, desconocen que Polit llegó a la Contraloría de la mano del Partido Sociedad Patriótica de Lucio Gutiérrez y otros partidos que tradicionalmente participan en tramas de corrupción. Ellos fueron quienes lo pusieron primero en la terna para Contralor; Correa, que no tenía legisladores aliados en el Congreso, simplemente nombró al primero en la terna propuesta. Esto queda claro en la publicación de diario El Universo del 18 de enero de 2007: “Los bloques del Prian, SP, PSC, UDC y PRE aprobaron la terna que el Congreso Nacional enviará al presidente de la República, Rafael Correa, para la designación del Contralor General del Estado. La aprobación se logró con 75 votos a favor de la mayoría parlamentaria conformada por el Partido Renovador Institucional Acción Nacional (Prian), Partido Sociedad Patriótica (PSP), Partido Social Cristiano (PSC), Unión Demócrata Cristiana (UDC), a la que se agregó el Partido Roldosista Ecuatoriano (PRE)”.
La fijación de anticorreístas, los mismos que eligieron a Polit, que alguien «hable» y denuncie a Rafael Correa es obsesiva. La verdad es que Polit tiene que guardar silencio ya que no puede alegar algo para defenderse porque solo podría incriminarse más el mismo. La verdad sea dicha, Carlos Polit nunca fue militante del movimiento correísta, no fungió de candidato, ni asistió a sus reuniones partidistas.
Cuando fue escogido por el Congreso como el primero de la terna, ya era un personaje ampliamente conocido, puesto que había sido una de las fichas más cercanas al expresidente Lucio Gutiérrez, como secretario de la Administración de su gobierno y luego secretario de la Presidencia. Su nombre surgió como parte de un acuerdo entre Sociedad Patriótica y el correísmo, a cambio de obtener apoyo en la Asamblea Constituyente que tendría lugar en Montecristi. El acuerdo se habría fraguado a inicios del 2007 y Gutiérrez, entonces, hizo que su partido vote a favor de la convocatoria a la Constituyente con otras bancadas más pequeñas, entre las que estaba la de la Izquierda Democrática.
Correa solo debería explicar cómo una de las acciones iniciales de Polit en el cargo de Contralor fue desvanecerle una glosa que tenía él cuando en el Ministerio de Educación fue denunciado en 1992 de haber cobrado un sueldo de 1.300 dólares mensuales durante un año sin haber trabajado en un proyecto financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo.
Hacerse los desmemoriados a estas alturas no sienta bien a nadie. La creación de un Estado impostor de la política, para liquidar esta enfermedad del engaño que vive nuestro país, es también una mentira extrema. Para nada es bueno olvidar que la instalación de la mentira en política, como respuesta sistemática de quienes regentan el Estado, doblega lo que dicen proteger: la justicia. En tal sentido, lo increíble son las declaraciones que hacen personas supuestamente juristas o con estudios universitarios. Otra cosa distinta es que la derecha mediática, embauque masas decepcionadas e ingenuas.
El tratamiento de falsedad que se aplica a la sociedad en crisis deviene en un nítido reflejo de la tiranía de la mentira. La opinión pública se ha rendido al culto a la mentira, por obra y gracia de las élites y múltiples medios privados que desde su posición de “cuarto poder” intentan sacar del imaginario colectivo el principio de verdad y la práctica de garantías a una información verificada. La estrategia, en última instancia, es suponer e imponer la idea de que una democracia no puede sostenerse en un Estado de derechos sino en un Estado embustero.
Un rasgo del Estado mentiroso es la profundización de la irracionalidad como estilo de la vieja forma de hacer política en la detentación del poder. Se traduce como el afán de controlar a las masas por medio de proclamas reñidas con la verdad y el sentido común, en un afán protervo de manipular a la sociedad.
En definitiva, el actual estado de cosas falsas fermenta la descomposición social en un país engañado por políticos, cuya única práctica es embrutecer a la ciudadanía con mentiras inspiradas en el odio. Esa y no otra es la dinámica de una política fascistizada que nos quiere imponer su dudosa verdad.



