Por Leonardo Parrini
¡Ay Jalisco, no te rajes! era el grito de los guerrilleros cristeros ante los soldados del ejército federal, durante el enfrentamiento armado, o guerra civil mexicana, acaecida entre agosto de 1926 a junio de 1929. Los insurgentes se daban valor con esa frase que supone no acobardarse, acojonarse, dirían también los mexicanos, ante una situación dura y hacerle frente.
Hoy día, esa arenga de combate parece aupar a México, coreada por la casi unanimidad latinoamericana que solidariza, variopinta, con el gobierno azteca ante la grave violación de su soberanía diplomática territorial cometida por un puñado de efectivos policiacos reclutados en un llamado Grupo de Seguridad, creado por la Presidencia de Ecuador para combatir el crimen organizado. La lista de países que mostraron su solidaridad a México y pidieron acciones en contra de Ecuador fueron Argentina, Bolivia, Colombia, Panamá, Costa Rica, República Dominicana, Perú, Guatemala, Honduras, Cuba, Chile, Venezuela, Brasil y Nicaragua, este último que suspendió relaciones diplomáticas con Ecuador. La Organización de los Estados Americanos (OEA) ha manifestado su solidaridad al Gobierno mexicano después de que las autoridades ecuatorianas se llevaran a la fuerza al ex vicepresidente Jorge Glas.
Historia de una ignominia
Todo comenzó el pasado viernes 5 de abril cuando en un acontecimiento histórico, la embajada de México en Quito fue el escenario para una irrupción y violación del derecho internacional después de que ingresaran hombres armados, pertenecientes a la policía, en búsqueda de un refugiado político. Se trató de Jorge Glas, el ex vicepresidente de Ecuador, durante la administración de Rafael Correa. El ex funcionario fue acusado por peculado y desvío de recursos, en consecuencia buscó refugio en el extranjero y acusó de persecución política al gobierno de Daniel Noboa, ya que había una orden de arresto emitida por la jurisdicción de su país.
Glas es identificado como el segundo hombre más importante del correísmo perseguido por la derecha política en Ecuador, después del ex presidente Rafael Correa a quien profesa lealtad absoluta. En opinión de sus coidearios, Jorge Glas puede ser cualquier cosa menos un traidor, pero irónicamente su condición de perseguido político se inicia en el seno de la traición y la más innoble felonía cometida por Lenin Moreno, mandatario ecuatoriano en el periodo 2017-2021 del que Glas fue vicepresidente de la República. Bajo la consigna de “descorreizar el país” y destruir todos los logros políticos y sociales alcanzados por el régimen correísta durante una década, Moreno destituyó a Glas de su cargo el 3 de enero del 2018, acusado de presunta asociación ilícita dentro del caso de corrupción de la firma brasileña Odebrecht, Glas ingresó en prisión preventiva el pasado 2 de octubre y el 13 de diciembre fue sentenciado a seis años de prisión.
Se había consumado una estrategia que se comenzó a poner en práctica con el llamado “trujillato”, en el 2018 cuando una consulta popular que no contó con el dictamen de la Corte Constitucional, dio paso a la conformación de un Consejo de Participación y Control Ciudadana Transitorio presidido por Julio César Trujillo, un oscuro personaje de traspatio político criollo, que se encargó de “evaluar” las diferentes funciones del aparato Estatal y destituir arbitrariamente a las autoridades de control consideradas allegadas al ex presidente Rafael Correa. El “Transitorio” conocido como el ‘trujillato’ cambió todo, incluida la Corte Constitucional, menos al Contralor, quien se constituyó en uno de los puntales de la persecución política del régimen a sus adversarios. Trujillo instauró un entramado jurídico político destinado a destruir al correísmo y fue la vanguardia reaccionaria que instaló a la derecha oligárquica en el poder político. El todopoderoso y dictatorial Consejo de Participación Ciudadana y Control Social Transitorio, liderado por Trujillo, se operó para depurar la presencia del «correísmo» a nivel institucional, tarea que finalizó con el cambio del Consejo de la Judicatura y el nombramiento de las autoridades de control definitivas a través de un reglamento a todas luces inconstitucional, al no respetar el proceso que para estos fines quedó signado en la Constitución, con rasgos de totalitarismo con el que se conduce en cuanto a su gestión quedan patentes cuando se atreve a identificar que en caso de conflicto entre sus decisiones y la Constitución, son estas las que tienen prelación frente a la Carta Magna, justificando tal aberración con que a él le han encargado hacerlo, por mandato popular, y por tanto está por encima del bien y del mal. El CPCCS transitorio, en definitiva, fue un instrumento reaccionario con el que se operó el retorno de la oligarquía al control estatal.
En la cruzada anticorreísta había que instrumentalizarlo todo y es así que surge el instrumento idóneo para el montaje jurídico político de la persecución en el país: Diana Salazar. Con Moreno encumbrado en el poder, se instala el “neoliberalismo por sorpresa”, y habiendo traicionado el proyecto político mediante el cual fue elegido presidente, la nueva Fiscal General de la Nación asume las riendas de la persecución el 8 de abril de 2019 ante el Pleno de la Asamblea Nacional: la doctora Diana Salazar Méndez fue posesionada en el cargo luego de ganar el concurso de méritos y oposición realizado por el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social Transitorio (CPCCS-T) dirigido por el trujillato. En síntesis, en Ecuador, desde mayo de 2017, estaba en marcha una recomposición neoliberal, o restauración conservadora, conducida por Moreno y su alianza gubernamental con las viejas élites oligárquicas, los gremios empresariales del país, los oligopolios de la comunicación y los partidos de derecha, orientados por las pautas que marca el capital financiero transnacional de EE. UU (banca multilateral y banca de inversiones privada).
Jorge Glas fue el objetivo elegido para consolidar la destrucción política del correísmo, luego de que sus principales lideres incluido el ex presidente Rafael Correa, judicializados por una justicia corrupta, cooptada por la derecha política criolla, tuvieran que salir al exilio a Europa y México, cuando no detenidos por una trama judicial que inició un montaje hasta el extremo de implicar a los perseguidos por “influjo psíquico» en los actores protagónicos de la corrupción.
Un blanco fácil
Jorge Glas fue el blanco fácil elegido para poner fuera del juego político al correísmo. Su actual situación como político y ex vicepresidente de la República de Ecuador, al fin de cuentas, termina siendo el resultado de un affaire surgido de la más ignominiosa traición de un político discapacitado para gobernar con dignidad y consecuencia con sus coidearios. Lenin Moreno que, a nivel político, continuó con su estrategia de ‘aniquilamiento’ a la RC. Preso Jorge Glas y con Rafael Correa en Bélgica con orden de prisión, fueron por Ricardo Patiño a quien un juez ordenó prisión preventiva acusándole del delito de instigación por un discurso que tiempo atrás diera a la militancia.
La prensa internacional ha consignado los hechos en los siguientes términos: “El destino de Jorge Glas ha fracturado la convivencia entre México y Ecuador. Glas, uno de los políticos ecuatorianos más importantes de los últimos 20 años, llegó a ocuparse de los recursos del petróleo en un país que alcanzó un desarrollo vertiginoso por el dinero que le llovía del crudo. Víctima propiciatoria de la persecución política en su país, Glas cayó en desgracia por tres casos de corrupción en los que lo involucra la Fiscalía. Él considera que se trata de una persecución judicial de sus oponentes, quienes están ahora en el poder”.
La inmunidad de Glas era un espejismo, conforme instrucciones del presidente Daniel Noboa agentes policiales derribaron puertas y unas verjas que dan acceso al jardín de la Embajada mexicana en Quito hasta que dieron con Glas, quien asistió perplejo a su captura y a la violenta forma en la que se lo llevaron. Los agentes empujaron y derribaron a Roberto Canseco, jefe de la sección consular mexicana, y Embajador encargado, quien intentó frenar a los agentes. El diplomático desesperado e impotente vio cómo una caravana de camionetas con cristales oscuros se llevó a Glas. Al amanecer, el ex vicepresidente fue trasladado en avión de la FAE a Guayaquil, y conducido al centro penitenciario de máxima seguridad, La Roca, donde fue tratado como un criminal peligroso bajo riesgo de fuga, grillete en manos y una sudadera gris era toda su indumentaria. Un flagrante caso de violación de la soberanía mexicana que pone la seguridad interior y el castigo severo por sobre el respeto a los derechos humanos.
¡Ay Jalisco no te rajes! México, nación solidaria, siempre abierta a cobijar en su territorio a los perseguidos políticos latinoamericanos que han luchado contra regímenes dictatoriales como Cuba de Batista, Chile de Pinochet, Argentina de Videla, Brasil de Castelo Branco y los gorilas militares, Bolivia de Banzer, Paraguay de Stroessner, Uruguay de Bordaberry, todo hijos del Plan Cóndor, doctrina de seguridad nacional impulsada por los Estados Unidos y caracterizada por promover la ampliación del campo de acción de los militares, como “garantes” de la seguridad interna.
La historia la escriben los pueblos, muchas veces con sangre de los perseguidos y vilipendiados en las mazmorras de imberbes mandatarios que nada saben de diplomacia, ni de convivencia respetuosa del derecho internacional entre sus Estados y pueblos.
Fotografia El País



