Por Leonardo Parrini
Haciendo gala de representante de la argentina del desastre, el presidente de ese país, Javier Milei, hizo una declaración de guerra al Estado: “Siento un profundo desprecio por el Estado. Creo que el Estado es el enemigo, creo que el Estado es una asociación criminal (…) De hecho, el Estado es una asociación criminal donde un conjunto de políticos se pone de acuerdo y utilizan el monopolio de la riqueza para robar recursos del sector privado”.
La rimbombante declaración del presidente argentino, fue hecha frente a los micrófonos del periodista italiano Nicola Porro, de la cadena Retequattro, en la ciudad austriaca de Davos, presente en el Foro Económico Mundial que reúne a jefes de Estado, lideres partidarios, corporaciones económicas, organizaciones de la sociedad civil y medios de comunicación planetarios. Milei dijo al mundo que todos estaban equivocados, incluso el propio Foro, respecto de que la mayoría de las 10 principales amenazas contra la población estaban relacionadas con el calentamiento del planeta, con pérdida de la biodiversidad y colapso de los ecosistemas.
La afirmación cayó como balde agua fría a la población argentina que vive la atrocidad de la destrucción de derechos, bienes y en una pendiente cotidiana hacia la pobreza, la indigencia, la enfermedad, finalmente la muerte. El discurso de Milei no es nuevo, toda vez que pretendió gobernar desde una posición previa al Estado con ignorancia de todo contrato social existente, lo cual sitúa a Milei en una tiranía electoral o democracia de mercado de los ultraliberales, quienes propugnan la idea de que cada compra o venta en el mercado debería considerarse representativa de los ideales de la democracia. Postura que viene acompañada de la supremacía mercantil basada en una preminencia que rechaza cualquier concepto que no sea el propio, y que el otro no existe, que únicamente real y acertado es lo propio, convertido en algo superior. Un dogma tan falso como indemostrable, que opera como aparato de destrucción social y nacional denominado por Milei “motosierra” y “licuadora”, con desprecio de las mayorías y violencia estatal.
Lo de Davos fue un circo, con sus payasos y equilibristas de turno, hipermillonarios de las tecnologías de punta y sus aparatos de control del consumo, a través de corporaciones tecnológicas, económicas, financieras y de relacionamiento comunicacional antisocial.
Milei durante el Foro puso el “marco teórico” del planeta que pretenden. Aquella jornada un anónimo personaje del fin del mundo negó 150 años de historia y construcción social con una frase tan simple y falsa como aterradora al afirmar que el mundo vive bajo un “marco teórico equivocado”; la construcción colectiva de los diferentes actores históricos a lo largo de décadas, que debe ser destruido. Se trata de “variantes colectivistas” que tienen que ser aplastadas, desde el comunismo hasta el nacionalismo, pasando por la socialdemocracia y la democracia cristiana, que en muchos casos no se sabe ya dónde moran.
El experimento Milei -constituido en neoemperador del Plata- no es peor que el neoliberalismo del macrismo, es simplemente otra cosa. La situación presente es algo jamás vivido, más dañina aún que aquellos gobiernos que transformaron al país argentino en la república de la actual crisis. De la que son responsables todas esas plagas soeces que detesta Milei, como el Estado, la justicia social, la redistribución de la renta, las medidas contra el cambio climático, los feminismos, la salud o la educación públicas.
Milei se declara enemigo del Estado, por tanto, enemigo del pueblo y de su forma colectiva de organización, de la única instancia que puede conducir a los países por el derrotero del bien común, más allá de las ambiciones del sector privado que defiende Milei. Esa y no otra es la vida actual en la Argentina.
Durante el siglo XX el pueblo argentino sufrió agresiones de toda índole, desde bombardeos sin piedad contra transeúntes en horario de trabajo, hasta fusilamientos en la noche de los basurales, maniatados y embolsados arrojados a los ríos.
Esa es la Argentina que añora Milei, el payaso de un circo tenebroso que comienza la función cada vez que la violencia genera resistencia; la injusticia empuja movilizaciones y la barbarie que él representa engendra organización popular, que da ese paso final que conduce a las victorias.



