Por Leonardo Parrini
Cuando escuchamos la expresión norteamericana american way of life, se nos viene a la mente una sociedad mayoritariamente de clase media, con millones de indigentes de preferencia inmigrantes alimentándose de sebosas hamburguesas, en ciudades de altos rascacielos frente a la costa atlántica, acomodados bungalows al sur de los Estados Unidos o ranchos bucólicos en el oeste del país.
Pocas veces nos hemos preguntado de dónde surgió este modo de vida americano o quién instauró el engañoso american way of life. En virtud de la realidad, esta cultura surgió en un proceso histórico que comienza siglos atrás y se expande por todo el territorio norteamericano.
Migrantes entre asiáticos, europeos y latinos -quienes llevan la peor parte dispuestos a arriesgar la integridad física por llegar a los Estados Unidos de manera ilegal, cruzando ríos y desiertos a expensas de coyoteros traficantes de personas, fueron los gestores de estas formas culturales. Proceso migratorio que comenzó entre la propia población norteamericana en el siglo XIX cuando aventureros del Este se desplazaban al Oeste en procura de su conquista.
Desde 1845 la expansión hacia el lejano Oeste dio origen a los famosos pueblos de frontera que vemos en las películas del Far West con notable escases de agua y de mujeres, habitados por colonos, trabajadores en la construcción del ferrocarril, caza recompensas, y aventureros en busca de oro y fugitivos para canjearlos por unos dólares más. Pese al mito de su machismo que los hizo famosos, entre los bravos pistoleros cundía la homosexualidad que no era estigmatizada entonces como años más tarde, cuando arribaron los predicadores protestantes de la vieja Europa. Eran sujetos de género masculino que en la calle fungían de matones y en la intimidad de las alcobas se dedicaban a satisfacer sus instintos, como activos y pasivos dóciles homosexuales.
La imagen que el cine hollywoodense forjó del Oeste norteamericano, es la de un territorio de pueblos polvorientos, transitados por hombres con sombrero, botas de vaquero y pistola al cinto; colonos que visitaban oscuras cantinas donde se reunían a jugar y beber whisky o pululaban en busca de una meretriz que ofrecía sus servicios en burdeles identificados por faroles rojos en sus puertas. Eran los míticos héroes cotidianos que deambulaban las calles donde con cotidiana frecuencia se batían a duelo los pistoleros del Oeste. Los valores cívicos que predominaba en su escasa cultura eran inequívocos, reafirmaban su masculinidad con actitudes desafiantes, agresivas y, a ratos, amorales, con gestos displicentes con los que pretendían infundir temor: era la ley del revolver la que regía sus vidas, y su muerte dependía de ser los más rápidos del Oeste en desenfundar su Colt.
La tecnología estaba ausente con excepción del ferrocarril en construcción, la fabricación o importación de armas traídas del Este, mientras el país se expandía hacia el noroccidente a lomos de caballo. En territorios de Apaches, Cherokee o Comanches, entre otras 500 tribus norteamericanas, el exterminio de pueblos ancestrales que convivían en reducciones indígenas, marcó el desangramiento de miles de nativos asentados ahí desde tiempos inmemoriales, seres humanos que terminaron víctimas de la llamada conquista del Oeste, a manos de un ejército federal en formación. La presión civilizatoria se impuso desde el Este y la costa atlántica donde los primeros yacimientos petroleros surgían en la formación de prominentes fortunas.
La historia oficial norteamericana poco o nada nos dice de estadounidenses, que con su talento fueron forjando con actitud crítica al american way of life, otra visión de los Estados Unidos, artistas, músicos, escritores como Henry Miller, Norman Mailer, Tennesse Williams, Walt Whitman, Joan Baez, Andy Warhol, Vivian Maier, Ansel Adams, y tantos otros que, con su vida y obra, contribuyeron a dar riqueza y sentido a una cultura superior del pueblo norteamericano.
En tanto, el país en formación federal que se había expandido hacia el salvaje Oeste en procura de ensanchar su territorio hacia la costa del Pacifico, se convertía en potencia planetaria desplazando a viejos países colonialistas como España, Inglaterra o Francia. En esa dinámica expansionista Estados Unidos se sintió llamado a imponer su política imperial más allá de sus fronteras y se fortaleció el militarismo con los Marines a la cabeza, mercenarios que desafiaron a Europa, el Sudeste asiático y a la propia Latinoamérica, hasta convertirse en embajadores guerreristas de la potencia hegemónica mundial que se repartió el mundo en el siglo XX, no sin algunos vergonzantes reveces bélicos como Vietnam, y el Oriente Medio.
Hoy que la hegemonía de los Estados Unidos en el mundo está cuestionada en las palabras y en los hechos, surge un mundo multilateral que pone a raya al expansionismo gringo que ha condenado al planeta a interminables guerras regionales y mundiales, fuera de sus fronteras.
Hoy día su enemigo, no es prioritariamente el comunismo, sino la tecnología y la capacidad comercial de países como China y Rusia, los nuevos enemigos de una guerra tibia, una vez superada en el tiempo la guerra fría contra la URSS. Enfrentamiento que, a momentos, sube de temperatura en las aventuras criminales de Estados militaristas como Israel, apoyado por el Pentágono en Oriente Medio.
El american way of life hoy día, es el modo de vida americano de la guerra, motor de su economía y pretexto para su voracidad imperialista. Estados Unidos se encuentra entre los países que más aumentaron sus exportaciones de material bélico. Además de liderar la venta de armamento mundial, el país norteamericano incrementó un 23% su comercio. El volumen de transferencias de las principales armas entre el 2015 y el 2019 fue un 5.5% mayor que en el quinquenio anterior. El aumento más significativo de las ventas fue hacia al Oriente Medio (61%) y hacia Europa (3.2%), subraya el último informe del Instituto Internacional de Investigación de Paz de Estocolmo.
Una cultura de la violencia que solo se explica en la herencia de sus cowboys que buscaron ser los más rápidos del Oeste en desenfundar su Colt. Como en el Far West, los estadounidenses siempre han sido los mas rápidos en sacar sus armas de exterminio. Aunque hoy día, pueblos del mundo que luchan por liberarse del imperio del norte resistan, sin prisa ni pausa, contra la criminal arma del bloqueo comercial en una guerra económica, propinándoles nuevas derrotas que datan del salvaje Oeste al lejano Oriente Medio.



