Por Luis Onofa
El reciente tropezón diplomático del gobierno de Daniel Noboa con Rusia, del que salió con melladuras, ha puesto en evidencia las contradicciones de la política exterior de su administración, en el complejo escenario internacional actual.
Noboa retrocedió en su intención de canjear con Estados Unidos helicópteros militares MI-17 de fabricación rusa, a los que calificó como “chatarra”, cuyo destino final sería Ucrania, a cambio de armas nuevas para combatir el narcotráfico. El mandatario no pudo concretar ese canje porque Rusia le salió al paso para recordarle que para ello necesitaba autorización previa del vendedor y, acto seguido, anunció restricciones a las importaciones de banano ecuatoriano a sus mercados.
El curso del impase mostró que Noboa y sus asesores no habían analizado de manera detenida las implicaciones de su idea. Ni los helicópteros eran “chatarra”, ni tenía libertad incondicional para tomar una decisión como la que había anunciado, sin que corriera riesgo algún sector de la frágil economía ecuatoriana.
Tarde, el embajador de Ecuador en Moscú, Fernando Flores, intentó dorar el traspié de su gobierno, cuando anunció el fin del impase. “Esta es una muestra de la importancia del diálogo que debe existir en todo momento entre dos países que han tenido tradicionalmente una relación muy cercana”, afirmó en conferencia de prensa en Moscú.
El diplomático tenía razón en subrayar la importancia del diálogo. Pero este recurso, a juzgar por el curso conflictivo de los acontecimientos, no fue utilizado previamente por el gobierno ecuatoriano, en el caso.
Flores también tuvo razón cuando destacó las relaciones “tradicionalmente” “muy cercanas” entre Ecuador y Rusia. Pero el gobierno de Noboa, al parecer, no tomó en cuenta esa cercanía a la hora de decidir el destino de los helicópteros. A nivel de embajadores, las relaciones entre ambos países tienen una antigüedad de 54 años, aunque los primeros acuerdos de cooperación se remontan a 1945, los cuales se acercan al centenar, entre vigentes y expirados, según una investigación sobre el tema.
El intento de enviar el material bélico de propiedad ecuatoriana a Ucrania no fue un hecho aislado. A mediados de 2022, poco después de que estallara la guerra entre Rusia y Ucrania, el diario norteamericano The New York Times aseguró que Ecuador, entonces gobernado por Guillermo Lasso, estudiaba la posibilidad de enviar a Ucrania helicópteros MI-17. Al parecer, eran los mismos que ahora Noboa intentaba entregarlos a ese país utilizando como puente a Estados Unidos.
De acuerdo con una versión de diario Expreso, de Guayaquil, la aspiración del gobierno de Quito de entonces era “persuadir al gobierno de Estados Unidos para que le proporcionara aviones alternativos”, a cambio de los helicópteros de fabricación rusa. En ese entonces, la cancillería ecuatoriana desmintió la versión del periódico estadounidense, por “imposible”, desde el punto de vista de la legislación nacional.
Sin embargo, en septiembre del mismo año 2022, la jefa del Comando Sur de los Estados Unidos, Laura Richardson, había declarado al Consejo Atlántico que su país gestionaba en América Latina la donación de armamento ruso a Ucrania, aunque no precisó países. Pero versiones periodísticas aseguraron que al menos Brasil, Argentina y Colombia se negaron a asumir compromiso alguno, para no involucrarse en el conflicto. Además, recientes declaraciones del embajador ruso en Perú, Ígor Romanchenko, revelaron que Washington también intentó convencer a Lima que transfiera a Ucrania sus equipos rusos y soviéticos. Pero ese cabildeo tampoco tuvo éxito.
The New York Times también señalaba que la iniciativa de Ecuador de donar armamento de fabricación rusa a Ucrania, había generado reacciones adversas en la Federación Rusa, y que podría tener consecuencias en los lazos económicos entre ambos países. El pronóstico del diario estadounidense se concretó dos años después en las exportaciones bananeras ecuatorianas.
La catedrática universitaria ecuatoriana María Fernanda Noboa, advirtió recientemente que las gestiones de la Casa Blanca por armamento para Ucrania se daban en un momento en que el gobierno de Joseph Biden enfrenta dificultades en el congreso de su país para aprobar apoyo militar y financiero a Ucrania.
No es extraño el traspié diplomático de Noboa. Uno de los campos en los que su gobierno parece reflejar inconsistencia es la política exterior, no tanto por quien puso al frente de la política exterior, cuanto porque es de los sectores que menos atención suya y de su equipo de gobierno ha recibido, pese a que es uno de los pilares estratégicos sobre los que debiera asentarse su intención de ampliar los mercados externos para la producción del país.
Las relaciones internacionales atraviesan por entramado muy complejo. Se debaten entre la pretensión de Estados Unidos de sobrevivir como potencia hegemónica económica y militar en el mundo, tras el fin de la bipolaridad que trajo la caída del socialismo en Europa Oriental, y la multipolaridad que parece emerger, con nuevos actores como China, la propia Rusia y otros países que bregan por la constitución de bloques regionales que rebasan los límites de continentes.
Nada de esto consta en el plan de gobierno con el que Noboa ganó la presidencia. Su propuesta no tiene un capítulo dedicado estos temas ni a la política exterior. El tema apenas es tratado como instrumento de diversificación y ampliación de mercados externos y de promoción de la cultura en el exterior, propósito para el cual menciona la Cooperación Sur-Sur.
Sin embargo, traspié aparte, el actual mandatario continúa fortaleciendo el alineamiento de Ecuador con Washington, que data de los gobiernos de Lenin Moreno y Guillermo Lasso. Al amparo de sus éxitos en las redadas contra el narcotráfico, el presidente Noboa acaba de ratificar dos acuerdos de cooperación en materia militar con Estados Unidos para la lucha contra el crimen organizado y sus delitos conexos, suscritos por su antecesor Lasso.
En contrapartida, según informes de prensa, Ecuador estuvo ausente de la XIX Cumbre de los No Alineados, uno de los más importantes y tradicionales foros del Tercer Mundo, que se realizó en enero pasado en Uganda. De otro lado, Noboa ha tomado partido por Israel en el conflicto de Gaza, con lo que da continuidad a la posición de su antecesor, Guillermo Lasso, pese a que Tel Aviv comienza a perder terreno en el campo internacional por el rechazo cada vez más amplio que generan sus operaciones militares que dejan decenas de miles de palestinos muertos, entre ellos un altísimo número de niños.
En junio de 2022, Lasso adhirió al país a la Alianza para la Prosperidad de las Américas. En diciembre de ese mismo año, el presidente estadounidense Joseph Biden, a propuesta de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, aprobó La Ley de Asociación Estados Unidos-Ecuador, cuyo propósito declarado es frenar la influencia de China y Rusia, países que desarrollan una activa gestión diplomática en el mundo para afianzarse en el escenario multipolar que se adviene.
Desde los tiempos de Moreno, Ecuador ha arriado las banderas de principios como el multilateralismo, la integración regional, la soberanía, y la autodeterminación de los pueblos, que podrían serle útiles para caminar en el movedizo escenario multipolar mundial y para ampliar sus mercados externos.



