Por Leonardo Parrini
En las últimas horas la geopolítica del banano se impuso. Rusia le doblega la mano a los Estados Unidos ya que el gobierno bananero ecuatoriano decidió no enviar a los gringos la “chatarra soviética” armamentista con destino a Ucrania. Claro, si era chatarra no debía ir a la guerra como deshecho intercambiable por doscientos millones de dólares en equipo militar estadounidense.
Ecuador en un gesto cándido, ingenuo, intento desconocer el acuerdo contractual con los rusos y destinar armamento soviético al enemigo de Rusia, situación que está explícitamente prohibida en una cláusula del contrato. Los equipos considerados chatarra son seis helicópteros adquiridos por el Ejército en 1997 que no están volando por falta de repuestos, 12 sistemas múltiples de lanzamiento de cohetes de largo alcance y 34 sistemas de defensa antiaérea de corto alcance, sistemas portátiles con vehículos lanzacohetes BM2, que el ejército utilizó durante el conflicto del Alto Cenepa contra Perú en 1995.
En respuesta, el Kremlin entonces vetó a cinco bananeras ecuatorianas y había decidió no comprarles un solo plátano más. Pero la situación dio un vuelco luego de una entrevista del presidente Daniel Noboa y el embajador ruso en Quito, Vladimir Sprinchan. Ecuador concluyó en no entregar las armas soviéticas a los Estados Unidos luego de haber incurrido en un bochorno internacional de mostrarse sometido a los poderes geopolíticos estadounidenses. ¿Entreguismo o inexperiencia? Ambas cosas, a la vez.
La geopolítica del banano se impuso y vale recordar que estos intereses deben definirse no a favor de las potencias hegemónicas, sino de los países periféricos, pese a ser gobernados por más de una década por criollos neoliberales.
El gobierno ecuatoriano no dejó de ser bizarro en las declaraciones de la ministra de la Producción, al decir que Ecuador salió a vender la cantidad que dejó de comprar Rusia de banano, a otros países interesados. Rusia argumentó que ningún país del mundo le va a comprar a Ecuador la cantidad de banano que le compra Rusia, y sí hay muchos países interesados en vender a Rusia la cantidad de banano que le vende Ecuador, como es el caso de India. Noboa tuvo que recular en su arrogante e inexplicable desatino y desistir de complacer a su “socio estadounidense”, en un subsidiario papel de títere sin rubor por parte de la gallada neoliberal que le estimula semejantes desatinos.
Este bochornoso capítulo había comenzado el día que un grupo de imberbes terroristas se metió a la fuerza a un canal de televisión y puso en vilo a todo un país bajo amenaza armada. Al día siguiente del incidente desembarcaba en Ecuador la generala Richardson, del Comando Sur, con la solución de vender a Ecuador armas para combatir al terrorismo y llevarse la “chatarra rusa”.
Según observadores, Estados Unidos demuestra que comienza a perder el pulso geopolítico frente a su rival ruso. El vocero Ted Sullivan dijo que las armas soviéticas chatarra iban a llegar a manos ucranianas. Todo esto no ocurre gratuitamente. Es, por decir lo menos, sospechoso que todo concuerde con una lógica preestablecida. Surge el zafarrancho terrorista en Canal 10 y al día siguiente se presenta la solución gringa a la crisis: vendernos armas poniendo al Ecuador bajo los designios geopolíticos norteamericanos. Ecuador tomó la decisión «bajo la fuerte presión de partes interesadas exteriores».
Ya lo dijo Noam Chomsky, cuando los gobernantes estadounidenses quieren lograr algo, primero generan una crisis, provocan miedo con la crisis y luego esperan la reacción del afectado, para luego ellos presentarse con “la solución” a la crisis provocada de antemano con la oferta de dar seguridad. Esa es la lógica que estimula el negocio armamentista de mercaderes que ponen precio a la soberanía de los pueblos que se muestran débiles. En medio de la crisis, se impuso -quien sabe si para bien o para mal- la geopolítica del banano.



