Por Leonardo Parrini
El conflicto armado en Oriente Medio amenaza con convertir al Mar Rojo en un nuevo Vietnam para las fuerzas militares estadounidenses. Los combatientes hutíes asentados en territorio de Yemen advirtieron que atacarán barcos que naveguen sus aguas marítimas y cuyo destino fuera Israel, aunque no está claro que todos los buques afectados por su ofensiva se dirigieran a ese país. Desde Yemen, país ubicado a las puertas australes del Mar Rojo, han lanzado misiles y drones contra navíos cargueros y petroleros que trataban de cruzar el Canal de Suez con destino a Occidente desde Oriente y viceversa.
Mientras los hutíes sean capaces de mantener el bloqueo para los barcos israelíes, británicos y norteamericanos, están ganando esa guerra, recordando la resistencia del pueblo vietnamita contra las fuerzas militares estadounidense en los años setenta. Los hutíes no solo muestran una resistencia militar confirmada durante muchos años frente a una coalición liderada por Arabia Saudí, sino que incluso mostraron una capacidad de rechazar a dicha coalición árabe saudí.
Visto así, es difícil que los Estados Unidos y el Reino Unido logren doblegar la resistencia de los hutíes con solo bombardeos aéreos. Se necesita algo más y ese algo es una arremetida terrestre con tropas que no conocen a cabalidad las condiciones que los hutíes sí dominan en su propio territorio. Este hecho recuerda la guerra de Vietnam cuando tropas norteamericanas fueron expulsadas del Vietcong, en 1975, situación que marcó la derrota militar y política de los Estados Unidos en el sudeste asiático. ¿Quién no se acuerda de la inutilidad militar de los bombardeos de saturación sobre Vietnam del Norte?
Todo parece indicar que Estados Unidos está a punto de reincidir en ese error estratégico de los años setenta. Ese sería el caso, si el Pentágono decide mandar tropas a Yemen, sin saber para qué va a enfrentar a combatientes hutíes y yemeníes con una capacidad de resistencia muy importante al igual que los vietnamitas del norte en su momento. Nunca una guerra de ocupación ha tenido un costo bajo o una victoria total, por el contrario, los costos son ingentes y las derrotas están a la vista en la historia. Los Estados Unidos y sus delirantes mandatarios lo saben bien porque lo han experimentado en carne propia en Corea, Vietnam, Afganistán Irak y Siria.
¿Cuáles son los siguientes pasos?
Según expertos observadores, “no hay siguientes pasos” para los Estados Unidos en el Mar Rojo: aquella es una batalla perdida. La estrategia de los Estados Unidos y de la OTAN en los últimos años ha sido aeroterrestre, lanzar misiles y bombardeos desde aviones contra fuerzas militares que no son convencionales, que llevan adelante una guerra de guerrillas, en cambio a los hutíes les basta con lanzar un misil contra un barco que navega en el Mar Rojo para detener el 12% del tráfico comercial del mundo en la zona y el 95% de los productos que llevan como destino Israel. Además, tienen retaguardia estratégica en Irán, por tanto, no les faltará el material bélico necesario para seguir bloqueando el Mar Rojo que amenaza convertirse en un Vietnam para los norteamericanos y sus aliados.
El mayor error estratégico de los Estados Unidos es pensar que con una guerra tecnológica aérea se gana una conflagración, olvidándose que la voluntad, la decisión y el sentido de resistencia y defensa patriótica de combatientes en su propio territorio, puede más que misiles ultrasónicos o bombas de fósforo o de Napalm, como ocurrió en Vietnam. No se sabe a ciencia cierta si el desliz del Pentágono es impotencia bélica o un claro error de doctrina militar, lo cual es muy delicado para la potencia occidental. Esto hace pensar en la estrategia nuclear estadounidense contra Hiroshima: que una bomba pueda poner fin a la resistencia del contrario, pero eran otros tiempos y otras condiciones de guerra: Japón cuando recibió las dos bombas nucleares en su territorio, ya estaba derrotado.
Los hutíes han demostrado estar en condiciones de sostener “una guerra larga y prolongada” como los vietnamitas, porque su resistencia no solo depende de los recursos bélicos materiales sino de su recurso humano y voluntad de resistencia que en un pueblo invadido suele ser enorme. Los hutíes están en condiciones de resistir como lo hicieron durante siete años contra Arabia Saudí que contó con apoyo tecnológico satelital norteamericano e israelí.
Si Estados Unidos pone tropas en territorio yemení, éstas se encontrarán con un enemigo que los doblegará por arrojo y voluntad. Hay que considerar que 35 bases norteamericanas en la región del Oriente Medio, entre Siria e Irak, han sido atacadas con más de 130 incursiones de misiles en dos meses, y están siendo duramente golpeadas por fuerzas no convencionales de combatientes motivados por razones que van más allá del dinero y la tecnología. Aquello no lo entiende Biden y sus tropas, porque son mercenarias.
La del Oriente Medio es una “guerra asimétrica”, con siete frentes abiertos a partir de Gaza, Cisjordania, Sur del Líbano, Altos de Golán, Irak, el Norte de Siria y el Mar Rojo. Una guerra asimétrica de mediana intensidad, en la cual se vence no cuando se logra la “victoria”, sino cuando se impide que el enemigo alcance sus objetivos estratégicos. Esto es lo que hacen las fuerzas palestinas siguiendo la doctrina militar iraní para vencer a ejércitos de ocupación que nada más tienen la tecnología.
En el fondo es una guerra capitalista de ocupación clásica, encabezada por el Estado sionista de Israel y su protector, Estados Unidos, aupada por las potencias occidentales -Reino Unido y otros- contra una guerra de liberación que libran los pueblos palestinos en sus propios territorios
Tres millones de muertos le costó al pueblo vietnamita y 58 mil soldados estadounidenses la guerra de Vietnam. El Pentágono no parece aprender la lección.
Esta vez las fuerzas palestinas volvieron a dar un duro golpe a los efectivos estadounidenses apostados en bases militares en la denominada “zona verde” de Siria. Los múltiples ataques que han recibido las bases militares norteamericanas en el Oriente Medio reflejan, según expertos, la pérdida de influencia de los Estados Unidos en la región. En tanto, en las últimas horas el barco petrolero Marlin Luanda fue alcanzado por misiles hutíes. Los efectos de los ataques a naves mercantes en la economía mundial son significativos, puesto que provoca retraso y eleva los costos de las mercancías que transitan por el Mar Rojo. Los Hutíes declararon “la guerra abierta” a los Estados Unidos y sus aliados, luego de los bombardeos estadounidenses y británicos contra Yemen, mientras que muchas compañías navieras decidieron desviar a sus barcos por el Cabo de Buena Esperanza con destino a Europa.

¿Qué pasa en el Mar Rojo?
El mar Rojo, con 450 mil kilómetros cuadrados tiene 2.200 kilómetros de longitud de norte a sur, es el mar más cálido del mundo con una temperatura de hasta 30 grados Celsius y una alta salinidad del mar, debe su nombre a ciertas algas que provocan mareas rojizas en sus aguas con afloramientos estacionales que se forman en lugares cercanos a la superficie o también puede deberse al reflejo rojizo de acantilados cercanos a sus aguas.
El Mar Rojo es una arteria crucial para el transporte marítimo pues conecta al Océano Índico con el Mediterráneo, a través del Canal de Suez al norte, y el Estrecho de Bab El Mandeb, en el extremo sur, lo cual lo convierte en un punto estratégico para el comercio internacional y el tránsito de productos entre Oriente y Occidente. Alrededor del 12% del comercio mundial transita por esta pequeña franja de agua que conecta Asia con Europa. Por ese ducto marítimo transitan productos estratégicos para todo el mundo, principalmente recursos energéticos -gas y petróleo cuyo tránsito por el Mar Rojo ya cayó en un 40%- provenientes de los grandes productores de Oriente Medio. Una disrupción del comercio en el Mar Rojo que dure un año podría aumentar la inflación de los bienes hasta en un 2 % y causaría un mayor drama en un mundo que ya lucha con precios más altos de alimentos, alquileres y más. Esto convierte a esta franja de agua en un foco de constantes tensiones geopolíticas. Una ruta alternativa de ruta marítima es rodear el continente africano para llegar a Europa Occidental desde el Oriente, tardándose 10 días más e incrementando tiempo y costos de operación marítima, lo cual es causa de inflación mundial. Este es solo un efecto colateral. Los rebeldes hutíes en Yemen, prioritariamente, buscan detener la ofensiva de Israel contra Hamás en Gaza, atacan buques de carga que surcan las aguas que conectan a Asia con Europa y Estados Unidos, y obligan al tráfico a alejarse del canal de Suez y rodear la punta de África.
En el Mar Rojo tienen costas los países de Egipto, Sudan, Eritrea y Yibuti, en el flanco occidental; Jordania, Arabia Saudí y Yemen en la orilla oriental. En la actualidad Yemen es un país que enfrenta un conflicto bélico civil interno entre fuerzas políticas y militares apoyadas por Arabia Saudí contra combatientes rebeldes Hutíes, apoyados por Irán. Esto hace que la guerra sea su forma de vida cotidiana.
Esencia del conflicto
En la zona existe una suerte de alianza anti israelí conformada por combatientes Hutíes, Hamás, Hezbollah y otras milicias sirias e iraquíes. Estas fuerzas atacan barcos mercantes y petroleros algunos de los cuales se dirigen a Israel, que se encuentra al extremo norte del Mar Rojo. Estados Unidos –y aliados como Reino Unido- ha lanzado una acción militar en el Mar Rojo a la que llaman “Operación Guardián de la Prosperidad”, la misma que busca “proteger” a los barcos mercantes y petroleros que transitan la zona marítima en conflicto. La operación incluyó el ataque a 60 objetivos militares en 16 lugares del territorio de Yemen. Lo hutíes advirtieron una respuesta militar a estos ataques y eso es lo que ha ocurrido en las últimas horas. Estados Unidos debe decidir si realiza una intervención militar directa en Yemen.
En el fondo está en juego la unipolaridad geoestratégica de la hegemonía occidental que pretende Estados Unidos, cuestionada hace ya ratos por una multipolaridad mundial que ha emergido en los últimos años. Esta es otra situación internacional que soslayan los estrategas del Pentágono, en su miopía política y afán de predominio mundial. Si la realidad no se impone a su entendimiento, lo hará el fantasma de Vietnam que doblegará su arrogancia con un manto de oscuros hechos acaso olvidados por ellos en el tiempo.



