Por Leonardo Parrini
Bajo ese título tuvo lugar un foro internacional que reunió a expertos en comunicación en Santiago de Chile, para analizar un tema que atañe a todas las naciones de la región latinoamericana.
Los asistentes al debate -entre los que se contaba académicos, comunicadores, dirigentes políticos y directores de agencias informativas- coincidieron en señalar que el fenómeno de la desinformación es una amenaza a la democracia, por cuanto, “es un tema muy sensible en nuestro siglo, particularmente porque estamos ante un debate que es global”.
Este debate de índole global plantea un desafió de las comunicaciones frente a las transformaciones sociales como un tema urgente en el marco de los procesos de transformación, puesto que se trata de “un asunto que debe estar en los muros, en las calles, en las redes sociales, en los medios impresos, en la radio, en una diversidad de plataformas”, según la visión de diversos jefes de Estado. En esa perspectiva, se dijo en el foro, que el funcionamiento de los medios de comunicación masivos en sociedades donde cada vez de hace más difícil el intercambio presencial, es consustancial al adecuado funcionamiento de la democracia.
Rol de medios alternativos
El rol que juegan en ese ámbito los medios alternativos es fundamental, toda vez que su temática “es todo esfuerzo en favor de la paz, del cumplimiento de los derechos humanos, del cuidado del medio ambiente, de la no discriminación, de la no violencia en cualquiera de sus manifestaciones, del entendimiento entre las personas y los pueblos”. En esa línea de acción, es esencial reconocer que lo central es que, sin institucionalidad democrática en comunicaciones, la democracia no está completa. Un componente central de las democracias, es el acceso a la información, la posibilidad de pluralismo informativo, de diversidad de ideas, en tanto expresión de soberanía popular, y si no existe no esta completa.
La desinformación, o la mala información, que prevalece en países como Ecuador, Chile, Argentina, entre otros, afecta a la convivencia social y puede tener impactos muy concretos en la sociedad. En ingles la palabra misinformation, permite referirse a la información de mala calidad porque la desinformación e información que se difunde con la intención de engañar, es una información no correcta de mala calidad, errónea, que no necesariamente es desinformación.
Los asistentes al foro coincidieron en manifestar que “hablar sobre el derecho a la comunicación, el derecho a la información, la libertad de prensa, está directamente relacionado con los desafíos democráticos que tenemos en nuestros países”. Y un reto concreto que plantea la cuestión es que, a la hora de asumir este reto, “la desinformación se propaga mucho más rápido que la información veraz. La desinformación se propaga y alimenta ambientes polarizados. La desinformación se basa más que en argumentos racionales o datos científicos, en emoción, y se moviliza rápidamente porque es muy emocional”.
La tarea ideológica
A manera de conclusión, el foro señaló que “el periodismo, el trabajo de los comunicadores, es clave para alfabetizar, para educar y para comunicar con sentido también ético”. Y en esa tarea es importante lo que pueden hacer desde los muros las redes sociales, los medios alternativos. Es lo que definieron como “la complementación de los medios”.
No en vano organizaciones como la UNESCO plantean “establecer medidas y políticas públicas para encarar la desinformación, potenciar la comunicación pública, aprovechar adecuadamente las nuevas tecnologías, avanzar hacia una comunicación más informada, eliminar brechas de género en este ámbito y contar con legislaciones adecuadas, además de una gobernanza para plataformas digitales”.
Nuevamente vuelve a estar presente la idea de que la tarea por democratizar la comunicación y a la sociedad en su conjunto, pasa por una lucha ideológica en el ámbito cultural, puesto que “el neoliberalismo cada vez más elitista y despiadado…no duda en utilizar la manipulación mediática y la perversión de la práctica periodística al servicio de sus intereses (…) por eso es que las mejores intenciones de emancipación deben lidiar con un discurso de odio y de difamación, una estrategia malintencionada que pretende arrastrar hacia la desconfianza y la sospecha con el objetivo de disminuir al máximo la participación social y la participación política”.
En tal sentido, se hace imperativo revalorar una agenda que considere a la información como bien social y situándose a distancia de los manejos de los poderosos y las cúpulas que actualmente desparraman una nube tóxica de odio y falsificación con el objetivo de manipular la información de las personas e impedirles elegir libremente otras opciones de vida.



