Por Leonardo Parrini
La guerra de Ucrania con Rusia llega a su fin luego de que el líder ruso Vladimir Putin ha hecho una declaración imponiendo condiciones en tono vencedor. La información proveniente de los frentes de batalla, tanto como de las administraciones de Moscú y Kiev coincide en que no hay otra alternativa y que Rusia mantiene el control de la situación. Un asesor del presidente ucraniano Volodímir Zelenski manifestó que “la guerra está terminada”. El colaborador presidencial ucraniano manifestó que no hay ninguna posibilidad de hacer frente en la guerra con posibilidades de éxito para las fuerzas de su país y que lo más razonable sería establecer ahora un acuerdo de paz y aceptar lo que proponga Putin y comenzar a reconstruir la nación ucraniana que está devastada. Putin ha dicho que la suerte está echada y que los territorios prorusos que fueron defendidos por su ejército, son parte de Rusia, incluida Guinea, y que no acepta la posibilidad de una incorporación de lo que queda de Ucrania a la OTAN. Putin sugiere a las potencias occidentales que el dinero que dieron a Ucrania para la guerra se lo entreguen ahora para la reconstrucción del país.
Desde los Estados Unidos, el área de inteligencia de ese país ha dado por concluida la guerra en Ucrania, según información de la prensa norteamericana. Lo que ahora se impone es organizar la salida de la guerra, antes de hacer anuncios formales de paz, pero la dificultad para los EE. UU es que el occidente no tiene forma de anunciar la paz, porque tiene que aceptar un “fracaso espectacular” de su intromisión en una guerra, superior al reciente fracaso en Afganistán o incluso, anteriormente, en Vietnam en los años sesenta. El problema de los EE.UU y la OTAN radica en cómo presentar esta debacle y poder justificar su fracaso en la guerra de Ucrania, para mantener cierto prestigio bélico ante el mundo. El Pentágono no tiene otra alternativa que aceptar la sugerencia de Putin de que la OTAN no continúe avanzando sobre la zona europea fronteriza con Rusia, y en esa perspectiva alcanzar un tratado de paz en condiciones de respetar los derechos de los pueblos.
Las intenciones de expansión de la OTAN hacia el oriente europeo fue lo que forzó a Rusia a su intervención en Ucrania hace ya dos años. La guerra termina con un triunfo de la federación rusa en el campo de batalla y en el campo diplomático. Rusia, a pesar de las sanciones occidentales termina fortalecida, puesto que ahora consolidó acuerdos con China, con Turquía e Irán y fortalece su presencia en Oriente Medio; además, la guerra no ha mermado en nada importante a su economía.
Putin, por su parte, ha sido claro en señalar que no quiere que nuevas naciones se sumen a la OTAN y Ucrania tenga una perspectiva de realimentación bélica con su apoyo, porque esto costaría muchos soldados, precisamente ucranianos.
La guerra en Ucrania termina, porque la realidad es abrazadora y se impone por sobre el deseo de los propios protagonistas, en este caso EE. UU y la OTAN, que exigirían a Ucrania la continuidad de la guerra, considerando que estimulan una guerra que no ocurre en sus propios territorios y con sus propios soldados, mientras su protegido -Volodímir Zelenski- está destruido políticamente.
El mundo ya sabe que los Estados Unidos con su perfil belicista quiere mantener los conflictos a como dé lugar, sin embargo, esta vez la realidad impone otra cosa. Lo que queda al occidente, con los Estado Unidos a la cabeza frente a la guerra en Ucrania, es aceptar la realidad con soldados ucranianos rindiéndose y retirándose del campo de batalla. Aunque la potencia capitalista del norte ha sido siempre hábil en presentar mediáticamente las situaciones de fracaso como una cosa distinta, esta vez deberá esgrimir argumentos presentables para explicar qué sucedió en Ucrania, sobre todo frente a su propia población al interior de los Estados Unidos, país que enfrenta una elección presidencial el próximo año con aspiraciones de reelección de Joe Biden, presidente que no termina de acertar en política internacional con un nuevo traspiés en un mundo multipolar.
Se puede mentir mucho comunicacionalmente, pero la verdad traspasa micrófonos, cámaras y webs. Esta guerra termina con un fiasco de un mundo unipolar que apoyó una causa bélica incorrecta, en una guerra en la que ha tenido una nueva derrota, mientras que la multipolaridad sigue incidiendo, determinantemente, en la geopolítica internacional.



