Por Pablo Salgado J.
El 2023, fue el año más violento en la historia del Ecuador. Nunca como este año se cometieron tantos asesinatos, asaltos, secuestros y extorsiones. Un país tomado por el crimen organizado, bandas de sicarios y el narcotráfico. Mas de 7.500 asesinatos violentos en el año nos ha convertido en el país más inseguro del Continente. Nunca como en este año se vivió un clima de tanta inseguridad y miedo.
El presidente Guillermo Lasso al terminar su mandato, de modo anticipado, anunció que “deja un mejor país” y para demostrarlo publicó el libro “900 días”, en el cual señala los logros de su gobierno. Sin embargo, apenas asumió el nuevo presidente de la República, Daniel Noboa, su ministro de Economía y finanzas, Juan Carlos Vega, anunció, en cadena nacional, que lo que había asegurado Lasso, era una vil mentira: “Recibimos una cuenta única del tesoro con solo 184 millones; existen atrasos por 2.872 millones; el déficit superará los 5.000 millones; y una deuda de 63 mil millones. Es decir, es un país extremadamente empobrecido.”
Es en este país empobrecido y violento en el cual los artistas y gestores desarrollaron su trabajo cultural. Y además debieron enfrentar un año complejo y difícil porque todos sabemos que los tiempos neoliberales no son buenos para la cultura. Para intentar un breve resumen de lo que ha sido la gestión cultural en este año que termina debemos partir de tres puntos claves que caracterizaron al gobierno del presidente Lasso: la continuidad en el desmantelamiento de la institucionalidad cultural, un constante recorte a los presupuestos de inversión en cultura y patrimonio, una profunda precarización de artistas y gestores culturales y un casi total incumplimiento a los mandatos de la Ley orgánica de cultura.
La cultura en el gobierno de Guillermo Lasso
El presidente Lasso en su libro de despedida “900 días”, dedica el capítulo ocho a la cultura y señala siete logros de su gobierno: “El teatro del barrio, transformamos vidas mediante la cultura y el arte; la cultura vuelve a abrir sus puertas, información para el fomento del patrimonio cultural; apoyo e impulso financiero al cine y la creación audiovisual; proyecto incentivo tributario; Festival de artes vivas de Loja; Salud mas Arte.”
En verdad, de los siete puntos que Lasso señala como logros de su gestión, apenas dos son iniciativas de su gobierno: El teatro del barrio y el impulso al cine y el audiovisual, a través de la expedición de la Ley de transformación digital. El resto, son programas y proyectos que ya existían. Y Salud mas Arte, es un proyecto totalmente desconocido, nadie sabe en dónde ni cuándo se ejecutó.
En este contexto, otros cinco hechos han marcado al sector cultural: la crisis económica generada por la implementación de un modelo neoliberal que generó un gran deterioro en la calidad de vida de los ecuatorianos; aumento del desempleo, la pobreza, la inseguridad y la migración; la pésima gestión de la Ministra de cultura, Ma. Elena Machuca; un sector privado ajeno a la cultura y las artes, y una ciudadanía que no termina de comprender los procesos culturales y de valorar a los artistas y trabajadores de la cultura.
Hay una excepción en la gestión cultural del presidente Lasso, y tiene que ver con el cine y el audiovisual: la expedición -el 7 de julio de 2023- de la Ley orgánica de transformación digital. Esta ley contiene un capítulo, el VI, que está dedicado exclusivamente al sector audiovisual. Son ocho artículos, del 24 al 31, en los cuales se considera al audiovisual como un sector de interés nacional, se establece un régimen especial de exoneración de aranceles y tasas para la importación de equipos técnicos, bienes y servicios; se exoneran del impuesto de salida de divisas, ISD, tanto para importación de equipos como para pagos y honorarios por servicios de producción audiovisual para quienes tengan residencia fiscal en el exterior; se exonera del impuesto a la renta en pagos al exterior; y se exonera del Impuesto al Valor Agregado, IVA, para servicios digitales que tengan que ver con cualquier fase de la producción de contenidos audiovisuales. Y además, se crea el Certificado de Inversión Audiovisual, el cual “será emitido por el SRI a favor de productoras nacionales o extranjeras, por el 37% de los costos y gastos que incurran en el Ecuador en servicios audiovisuales y logísticos.”
Sin duda, una gran conquista del sector audiovisual y sus gremios. Aunque también se han manifestado voces que sostienen que este capítulo de la ley se inscribe dentro de las políticas de extractivismo cultural, que es una maquila de producción audiovisual, que beneficiará a las grandes productoras transnacionales y precarizará a los trabajadores audiovisuales ecuatorianos.
La principal fuente de financiamiento en el año que termina siguió siendo el IFCI y sus Fondos concursables, que han sido replicados por varios municipios. El IFCI, a pesar de los cambios de director, no ha logrado superar su ineficiencia y los cuestionamientos a las bases de las convocatorias y sus procesos de selección. Además, no ha generado indicadores del impacto de esos recursos en la sociedad o en el sector cultural. Indicadores que deben servir para que el Ministerio de Cultura genere líneas de política pública. Convocatorias a Fondos concursables que no han logrado democratizar el acceso a recursos públicos, pues los beneficiarios se concentran en Quito; mas bien, con su sentido clientelar, han contribuido a precarizar aún mas el sector cultural.
A propósito del IFCI, el presidente Lasso escuchando los pedidos de los gremios del audiovisual, el 5 de julio de 2023 emitió el decreto ejecutivo 812, que deja sin efecto la fusión y restituye tanto el Instituto de Cine y Creación Audiovisual, ICCA, como el Instituto de Fomento, artes y creatividad, IFAIC. Con esta medida, para los dos institutos será un comenzar de nuevo, ojalá se convierta en una oportunidad para corregir todos sus errores.
De este modo, el cine recupera su Instituto y espera también recuperar su producción. No olvidemos que el cine ha sido uno de los sectores más activos y sufrió una gran recesión: en los años 2007-2008 se producían 38 largometrajes al año, pero desde el 2018 solo se producen 18, y en la post pandemia aún menos, pues en el 2022 ni siquiera se convocó a un fondo concursable, y recién en el 2023 se realizó la nueva convocatoria para el cine y el audiovisual.
Esta penosa situación se refleja en el PIB cultural, que sufrió una constante disminución. Así tenemos que en el 2014 el PIB cultural era del 2.1%; en 2018 bajó al 1.87%; en el 2020 al 1.73%, y en el 2022 apenas fue del 1.5%. Es la triste realidad. Y pensar que un ministro irresponsable afirmó que el PIB de cultura llegaría, para el 2023, al 3.5%.
Recortes al presupuesto de las entidades de cultura
Con la llegada de Lenín Moreno se iniciaron los recortes a los presupuestos de las entidades de cultura. Con Lasso, los presupuestos -ya pírricos- fueron reducidos aún más, hasta prácticamente asfixiar a las entidades de cultura.
El propio Ministerio de cultura sufrió una fuerte disminución presupuestaria: de los 53 millones que recibió en 2015 a solo 19 millones en el 2022 y a 18 millones en 2023. En el año 2013 el presupuesto global de las entidades que forman parte del Sistema nacional de cultura fue de 120 millones, pero ha ido paulatinamente disminuyendo hasta apenas 47 millones en el 2020. Es decir, se recortó un 155%.
La Casa de la Cultura ha sufrido un recorte similar, de 17.9 millones del 2011 ha disminuido a solo 13 millones 500 mil dólares en el 2022, y a apenas 12 millones en el 2023. El presidente de la Sede nacional de la Casa de la Cultura, Fernando Cerón, señala: “Tener un presupuesto tan bajo evidencia que al Estado no le interesa la cultura. En relación a nuestra institución, este presupuesto refleja que el Estado invierte 0.86 centavos por persona al año.” En Septiembre de 2023 se dio un nuevo recorte, de 170 mil dólares, lo que provocó plantones de protesta y que varios ciudadanos, directores de los Núcleos de la Casa de la Cultura, interpusieran, el 11 de octubre de 2023, una acción de protección para recuperar, al menos, los presupuestos del año anterior.
Lo mismo sucedió con el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, INPC, que de 16.8 millones de dólares en el 2013, pasó a solo 4.2 millones en el 2021, aunque luego, en el 2022, se creó un Fondo concursable con 1.8 millones. La única institución que no ha visto reducido sus presupuestos es el IFCI, que en estos últimos años ha contado con un presupuesto de alrededor de 9 millones de dólares anuales para financiar las diversas líneas de fomento.
La reducción del presupuesto también afectó a las artes escénicas, pues el Festival de Artes Vivas de Loja pasó de un presupuesto de 3 millones de dólares, en 2017 y 2018 a solo 370 mil dólares en 2023.
La gestión del Ministerio de Cultura
Recuerdo que cuando el presidente Lasso nombró como Ministra de cultura a Ma. Elena Machuca, más de 300 artistas y gestores remitieron una carta al presidente en la que le solicitaban revea esa decisión. Hoy, sabemos que los firmantes no se equivocaron. Y quizá esta sea otra característica del año que termina, la pésima gestión de Ma. Elena Machuca al frente del Ministerio; totalmente ausente, eludiendo toda responsabilidad para solucionar los temas mas urgentes, y encerrada en una burbuja decorada con fotografías de lanzamientos, inauguraciones y viajes.
Aunque parezca mentira, el Ecuador aún carece de indicadores de cultura. La Cuenta satélite, responsabilidad del Ministerio de Cultura, no termina de despegar, y no se ha consolidado el Sistema Integral de Información Cultural, otro mandato de la Ley de cultura incumplido. En un momento, ya generaba cierta información a través de boletines trimestrales, pero en la gestión anterior volvió a cero.
Otro tema que revela de cuerpo entero la pésima gestión ministerial es la reserva patrimonial del Aranjuez -que fue cerrada por el Ministro Velasco, por “afectaciones estructurales” del edificio- y que guarda las mas importantes colecciones culturales, documentales y patrimoniales del país. En un inicio, Machuca ratificó su traslado al edificio de UNASUR, en la Mitad del Mundo, e incluso anunció que en 8 semanas estaría listo el traslado. No fue así. Se retractó a pesar de que ya se había contratado a la empresa de mudanzas. Pero el remedio resultó peor que la enfermedad. Desalojó el edificio del Centro de Investigaciones para la memoria y el patrimonio cultural, del INPC, para ahí alojar la reserva. Una vergonzosa muestra de canibalismo cultural, a pesar que los informes técnicos recomendaban que el edificio no era apto para recibir la carga que implicaba la reserva. Efectivamente, el edificio sufrió afectaciones y hasta el momento la Reversa -que recibía 50 mil visitas al año- sigue cerrada y sin solución alguna. Y le corresponde ahora a la nueva Ministra de cultura, Romina Muñoz, encontrar una solución.
Hay una sola iniciativa que el Ministerio ha implementado en este periodo, el famoso Teatro del Barrio, un pedido personal del presidente Lasso, quien imaginó -como en Europa- barrios repletos de actividad cultural. En realidad, apenas eventos para maquillar y ocultar la precariedad y la desigualdad, y justificar un modelo neoliberal devastador. Para variar, la Ministra Machuca lo convirtió en Fondo concursable con un pírrico presupuesto de alrededor de 1 millón 200 mil dólares, por convocatoria. Un proyecto que, al igual que el Arte en el Aula y Arte para Todos, no ha generado impacto alguno y los barrios del país siguen abandonados y, en muchos casos, tomados por la delincuencia y el crimen organizado.
La Casa de la Cultura Ecuatoriana
La mayor institución cultural del país, la Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión, no termina de despertarse. Hoy tenemos una Casa que intenta un cambio pero se encuentra con pírricos presupuestos. Hay voluntad de cambio pero no hay recursos. Además, casi el 90% se destina a gasto corriente, con aproximadamente 300 empleados en la Sede nacional y 300 en los núcleos, lo cual es insostenible. Una administración que propuso un ambicioso, y necesario, plan de refundación -contenido en el libro Sinergia- que aún no ha sido implementado. Una reestructuración institucional que aún espera y desespera. Una Casa incapaz de recuperar la representatividad cultural y su voz no logra ser amplificada para generar adhesiones y, sobre todo, para lograr que artistas, gestores y público retornen a la Casa. Una Casa que aún no puede generar un cambio verdadero, mas allá de su nombre: Casa de las Culturas. Una Casa aún triste y desolada. Y sin capacidad de autogestión. Una Casa de la Cultura que busca la aprobación de una reforma a la Ley orgánica de cultura -ya pasó el primer debate- que le permita acceder a presupuestos dignos y que terminen con cierta ambigüedad en el ejercicio pleno de su autonomía.
La Casa vive un lento y parsimonioso proceso de transformación. Hay ciertos atisbos de cambio, algunos brotes verdes ya son visibles; la Biblioteca, por ejemplo, generó un espacio infantil y desarrolla actividades que fomentan el libro y la lectura, no solo en la Sede sino en provincias. Pero los museos y las salas de exposiciones aún lucen vacíos, apenas si se volvió a montar una parte del museo de instrumentos Pedro Pablo Traversari, y que fue posible gracias al aporte financiero de la familia Traversari. Las salas y los teatros, incluida el Agora, cada vez más deterioradas. Después de dos años de gestión, aún todo está por hacerse; aún el camino del cambio y la transformación debe construirse.
En los Núcleos provinciales, casi sin recursos, el cambio es aún más lento o inexistente. Los mismos núcleos que ya, en la administración anterior, dinamizaron su acción son los que han proseguido con esa gestión; el de Azuay, el de Manabí y algo el del Guayas y Loja. El caso del Núcleo de Pichincha vale la pena destacar, han dado un giro importante en su gestión y se muestra permanentemente activo, dinámico y trabajando sobre todo en procesos de formación y capacitación.
Los gobiernos locales
Los Gobiernos locales que deben cumplir una importante labor cultural, apenas si se interesan en la cultura. En el caso de Quito y Pichincha la conmemoración del Bicentenario era una magnífica ocasión para reactivar la economía de la cultura, pero apenas si consiguieron montar tarimas y programar eventos. Los Municipios y Prefecturas, eso si, aparecen muy temprano a la hora de las campañas electorales y se dedican a montar mas tarimas y programar conciertos. Se destinan enormes cantidades de dinero a la contratación de artistas extranjeros para ofrecer espectáculos gratuitos en búsqueda de adhesiones políticas.
En el Municipio de Quito, en el año 2019 solo el 1.68% fue destinado a Cultura. En el 2020 fue de apenas el 1.32%. En el 2022 fue de 1.65%, incluyendo el programa de fiestas. En la mayor parte de municipios del país, el grueso de sus presupuestos de cultura son espectáculos y shows masivos.
Los museos y centros culturales municipales de Quito generaron una intensa actividad a través de exposiciones diversas que no se vieron afectadas por el cambio de autoridades. Exposiciones que conjugaron a artistas audiovisuales con muestras sobre saberes y prácticas ancestrales y culturas urbanas. Una intensa actividad que se vio manchada por la censura y cancelación del concierto de Sal y Mileto.
La nueva administración del alcalde Pabel Muñoz ha priorizado los eventos, y casi todo su presupuesto de cultura lo destinó a financiar tarimas, shows y festivales, como el Quito-Fest; 1200 eventos entre Verano de las artes y Fiestas de Quito con la finalidad de “ocupar el espacio público” como una forma de combatir la inseguridad. Sin embargo, hasta el momento no ha presentado a la ciudad su Plan de cultura. La Secretaria Valeria Coronel ha dicho, en varias entrevistas, que está realizando un diagnóstico. Y lo que es más, el Alcalde Muñoz, luego de siete meses, no ha presentado a la ciudad el Plan de gestión para el Centro histórico, lo que es muy grave; más aún si con la operación del Metro, el Centro histórico tiene la oportunidad de volver a dinamizarse.
Los artistas, grandes hacedores
Así, la actividad cultural en estos últimos años se ha gestado a pesar del Ministerio de cultura y el gobierno nacional. Los artistas y gestores culturales han sido los grandes hacedores. Son ellos quienes, con su esfuerzo personal y colectivo han logrado mantener vivos los espacios culturales. Artistas y gestores que, con enorme esfuerzo y tenacidad, se asociaron para seguir activos: espacios como El Útero, Casa Mitómana, Mi Longa, Ocho y Medio, Casa Rebelde, Casa Santa Bárbara, Tres gatos; galerías como Mas Arte o N24, o salas como Estudio de Actores, Teatro Victoria, Micro teatro, lograron resistir y siguen de pie. Artistas populares y comunitarios que, pese a todo, continúan con sus proyectos culturales. Así mismo, han nacido nuevas pequeñas librerías y las editoriales, remando en colectivo, consiguieron conectarse con sus lectores, y resistieron; algunas tuvieron el privilegio de acceder a recursos públicos. O colectivos patrimoniales que volvieron a contar sus historias y contribuyen a preservar nuestra memoria.
A propósito de editoriales, poco o nada ha cambiado el frágil panorama editorial en un país sin Plan lector y sin políticas para el fomento del libro y la lectura. Se renovó la Cámara Ecuatoriana del libro, con el retorno de Fabián Luzuriaga, quien ha ofrecido un plan de reactivación a través de ferias de libros, asesoría a sus socios e impulsar una nueva Ley del libro. Finalmente, el Municipio si realizó la Feria del libro de Quito, con mejor organización y producción en el Centro de convenciones del Bicentenario, junto a un encuentro de bibliotecas y de actores del ecosistema del libro. Y anunció para mayo próximo, la gran Feria del libro de Quito.
Cabe mencionar la labor de Planeta Ecuador que el año pasado publicó más de una docena de libros de autores ecuatorianos. Y hay que destacar también los premios a dos escritoras; Yuliana Ortiz, quien obtuvo el premio IESS-IILA, en Italia; y Sandra Araya, quien ganó el premio de novela corta Miguel Donoso Pareja.
También es necesario mencionar a los Teatros y salas musicales que lograron consolidarse y mantener una programación constante. La Casa de la Música y el nuevo teatro San Gabriel, por ejemplo, lograron, por su capacidad de butacas y óptimas condiciones técnicas, ser una magnífica alternativa para propuestas musicales y de artes escénicas independientes. Escenarios que, por la gran respuesta del público, tienen ya estructurada la programación para el 2024, a día seguido, y, en buena hora, con la mayor parte de sus funciones con taquilla agotada.
El 2023 ha sido un buen año para la reactivación de los espectáculos musicales, incluidos los internacionales, y no solo en Quito o Guayaquil sino también en provincias. El público ha vuelto a los conciertos, a pesar del, en muchos casos, alto costo de las entradas; Roger Waters se convirtió en el espectáculo musical del año. Los Municipios, como hemos dicho, se activan y disponen de enormes presupuestos para la contratación de artistas internacionales, y nacionales, para sus fiestas, no importa la calidad de esos artistas, importa la visibilidad política que esos eventos “gratuitos” otorga a las autoridades.
En el 2023 debimos lamentar la partida de uno de los mas importantes artistas visuales del país, Oswaldo Viteri, quien deja un gran legado artístico. Y también sufrimos la partida de dos escritores quiteños, Allan Coronel y Francisco Torres Dávila, cuya obra debe llegar a las nuevas generaciones.
El Ecuador vive una violencia nunca antes conocida que han sumido al Ecuador en la incertidumbre y el temor. Una descomposición social que ha generado los peores indicadores de su historia. Está tan descompuesto y roto el tejido social que ya no hay fuerzas para protestar y exigir respeto a los derechos culturales, sociales y laborales, como lo señala la gestora y docente Paola de la Vega: “Percibo en el sector cultural un agotamiento generalizado alrededor de cualquier debate que pueda cuestionar el enfoque político o de gestión de las instituciones culturales. Hay un debilitamiento en las organizaciones culturales, gremios, asociaciones, redes, etc. aparece la lucha cotidiana de los trabajadores de la cultura por la supervivencia individual.” (Revista Rocinante, julio 2023.).
Con el nuevo gobierno de Daniel Noboa, se ha iniciado un proceso de cambio de autoridades en las diversas instituciones oficiales de cultura. Anhelamos que ese cambio genere, al fin, una gestión eficiente que incluya presupuestos dignos y, sobre todo, un compromiso no solo para mejorar los servicios culturales sino para abrir las puertas y trabajar de la mano de los artistas y gestores.
Si hay una palabra que destacar en el año que concluye, esa es RESISTIR. Este ha sido el principal activo de artistas y gestores culturales. Así, resistiendo, han logrado tejer redes desde perspectivas colectivas y colaborativas. Así han nacido nuevas formas de relaciones productivas y creativas, con las que han logrado no solo mantener sus proyectos sino, sobre todo, sostener la vida.
Que en el nuevo año termine la violencia, la precariedad y el desamparo.



