Por Leonardo Parrini
Por segunda ocasión los chilenos acudieron este domingo a las urnas a decidir sobre una Constitución para el país y rechazaron la propuesta de un nuevo texto constitucional redactado por el Partido Republicano, movimiento que tenía mayoría en una llamada Comisión de Expertos encargada de dar forma y contenido a la nueva Constitución. A diferencia de lo que ocurrió en el primer intento de cambio constitucional en las urnas en septiembre de 2022, el texto ahora rechazado fue redactado por un Consejo Constitucional inclinado hacia la derecha.
El resultado del Plebiscito refleja el cansancio que provoca en los chilenos este proceso de cambio constitucional que comenzó en el 2019 con un claro rechazo ciudadano en las calles a la Constitución de los cuatro generales, redactada por la dictadura de Pinochet en 1980. El resultado por más de 10 puntos de diferencia expresa el sentimiento de los chilenos de que una Constitución por sí misma no resuelve los urgentes problemas del país sureño en el ámbito de la salud, desempleo, educación y seguridad ciudadana, pese a la alta participación electoral (85%). La opción En contra (55,7%) se impuso sobre el A favor (44,2%) de la nueva propuesta de Carta Constitucional en concordancia con lo que ya anticipaban las encuestas que, desde un inicio, daban por hecho el rechazo al nuevo proyecto de Constitución.
El proyecto rechazado tiene todo el componente del pensamiento de la derecha chilena y contenía reformas que la hacen aparecer menos antipopular que la Constitución actual. Con este resultado, Chile mantiene vigente la Constitución creada en la dictadura de Pinochet en 1980. Tras este desenlace nadie puede atribuirse un triunfo y el gran perdedor es José Antonio Kast, conspicuo representante de la extrema derecha y ex candidato presidencial republicano que impulsó el nuevo texto constitucional hoy rechazado.
El régimen de Gabriel Boric considera que el resultado está reflejando que el proceso no representa a las grandes mayorías y ahora se repitió la misma historia del 2022. Señala, además, la necesidad de superar la falta de acuerdos y lograr una Constitución que uniera a Chile. El principal mandato es lograr la unidad de los chilenos para dar solución a los problemas urgentes como son el desempleo y la inseguridad, entre otros. La política chilena, en ese sentido, sigue en deuda con el país. Observadoes coinciden en señalar que la manera de responder al malestar ciudadano es lograr acuerdos, a través del diálogo. Sin embargo, se considera que en Chile las derechas lo tuvieron todo y lo perdieron todo, porque nunca buscaron una Constitución de consenso en esta segunda oportunidad, sino que se trató desde ese sector de imponer una posición sectaria a partir de un atrincheramiento que no reflejaba a la mayoría ciudadana.
Otro de los síntomas del proceso constitucional en Chile es que los chilenos llegan fatigados al segundo plebiscito contitucional, luego de haber participado en tres procesos electorales anteriores que no lograron dirimir una suerte de empate entre los concurrentes a la política chilena, lo que indica que continúa pendiente el problema del poder en el país del sur.
Para una mayor comprensión acerca de la correlación de fuerzas políticas que se expresa en Chile, amerita decir que, a diferencia del proceso electoral anterior (2022), el organismo redactor de la nueva Constitución fue elegido por la ciudadanía y donde primó la izquierda, no obstante ahora los integrantes del Consejo Constitucional de este año fueron elegidos por los partidos políticos, resultando 22 consejeros del Partido Republicano de derecha, de un total de 50 integrantes.
En Chile la democracia formal sigue dándose modos y ensayando figuras electorales para eludir los cambios estructurales de fondo que reclama un amplio sector de la población afectada por el desempleo, inseguridad, bajas pensiones de jubilación y otras prioridades sociales en un país considerado uno de los más inequitativos del mundo.
Los chilenos en un verano tórrido demuestran, fríamente, tener pocas esperanzas en lo que viene. La pregunta clave es ¿para qué una nueva Constitución? Para forjar la impresión de un país constitucionalista que maquilla con tibias reformas su realidad nacional y así hacer funcionar la democracia formal, o para saldar la deuda del Estado con sus gobernados en materia de justicia social y ejercer una democracia real?
Los chilenos tienen la palabra, pero su clase política no tiene, hasta el momento, oídos para ella.



