Por Leonardo Parrini
Fue el concierto más importante en la historia del Ecuador, por la magnitud de la puesta en escena y la categoría del artista, Roger Waters, fundador de la célebre banda de rock sinfónico, Pink Floyd.
Waters cerró como solista su gira mundial This is not a Drill en Quito, ciudad que puso broche de oro a sus fiestas fundacionales con la presentación del artista británico. El recital de Waters fue, en muchos sentidos, un segundo grito de independencia de trascendencia mundial contra aquellas fuerzas negativas de la historia. Una proclama política musical que se escuchó en la noche quiteña del 9 de diciembre que permanecerá grabada para la posteridad, confirmando el carácter libertario que caracteriza a Quito en sus anales históricos.
Waters hizo honor a su estirpe existencial y musical como artista comprometido con las mejores causas de la humanidad: la paz, la justicia y la plenitud vital en contra del capitalismo, el fascismo y la guerra, enemigos de la condición humana.
Desde tempranas horas, la previa del espectáculo supuso el cierre de las principales vías circundantes al Estadio Olímpico Atahualpa, escenario del concierto de Roger Waters, cuyas puertas se abrieron a las las 18hh00 para permitir el ingreso del público conformado por más de treinta mil asistentes al show, provenientes de la capital y diversas ciudades del país.
El concierto dio inició pasadas las nueve de la noche bajo un cielo despejado y frío, que se encendió con el espectáculo luminotécnico del show y el sonido -de 360 grados- que dejó oír los preliminares acordes de Comfortably Numb, el himno watersiano que ha movilizado emociones de millones de fans en el mundo.
Como una premonición el poema musicalizado en la voz de Waters comenzó interrogando: Hello, is these anybody in there? Just nod if can hear me Is these anyone home. Come on now. I hear you are feeling down. Weel I can ease feeling pain. Get you on your feet again… (¿Hola, hay alguien ahí dentro? Solamente afirme con la cabeza si puede oírme, ¿hay alguien en casa? Ven, oí que te sientes mal. Bueno, yo puedo aliviar tu dolor, ponerte en pie de nuevo…)
Y el público anfitrión se puso de pie para recibir a Waters que hizo gala de talante y talento artístico en uno de sus mejores conciertos en la historia de la banda inglesa.
Lo que vino después fue apoteósico, la creatividad y la tecnología desplegada en conjunción audiovisual de un espectáculo de luces, sonido y mensajes políticos emplazados en gigantescas pantallas donde se leían frases alentadoras: “Contaminador de la tierra de este pueblo/Te demandaron y perdiste/Tienes que pagarle a la gente ahora”. Y la gente estalló en aplausos celebrando la solidaridad de Waters con los pueblos amazónicos, la misma que expresara el día que visitó la selva ecuatorial devastada por la contaminación ambiental provocada por la Chevron.
Continúo el recital con el tema Another Brick in the Wall, con su poema icónico: We don’t need no education. We don’t need no thought control. No dark sarcasm in the classrroom. Teachers leave them kids alone…All in all you are just another brick in the wall. (No necesitamos “la no educación”. No necesitamos “la falta de control mental”. No al sarcasmo oscuro de la clase, profesores dejad a los niños en paz. Al fin de cuentas, solo eres otro ladrillo en la pared).
La noche imponía sus designios de rotundas opacidades sobre el cielo oscuro y los mensajes subían de tono contra el sistema y sus más conspicuos representantes. Y no faltaron alusiones al genocidio de los criminales sionistas.
Luego de una pausa en el concierto, Waters retomó el show con un pentagrama que evocaba sus más notables éxitos mundiales, entre otros, Money y el iconográfico poema The Final Cut: Through the fish-eyed lens of tear stained eyes. I can barely define the shape of this moment in time…
A través de la lente de ojos de pez de ojos manchados de lágrimas
Apenas puedo definir la forma de este momento en el tiempo
Y lejos de volar alto en cielos azules claros
Estoy cayendo en espiral hacia el agujero en el suelo donde me escondo
Y si te muestro mi lado oscuro
¿Todavía me abrazarás esta noche?
Y si te abro mi corazón
Y te mostrara mi lado débil
¿Qué harías?
Pensé que debería desnudar mis sentimientos desnudos
Pensé que debería derribar la cortina
Sostuve la hoja en manos temblorosas
Preparado para hacerlo, pero en ese momento sonó el teléfono
Nunca tuve el valor de hacer el corte final
Waters, se despidió de Quito y de América Latina. Había desmitificado el mundo, había resignificado el sentido de la vida con su mensaje filosófico, profundamente poético y antirromántico. Había dejado detrás de sí, una blanca estela de luz en la ya clara noche quiteña. Había ratificado una rotunda verdad: la esperanza de que no estamos solos en el mundo. Hay en la constelación universal una estrella que sigue brillando con luz propia. Roger Waters, mensajero de la vida y de la paz.



