Por Leonardo Parrini
Una brisa bélica que amenaza en convertirse en tornado que perturbe la paz en el continente, recorre la región sudamericana. Vientos de guerra soplan en la zona de frontera entre Venezuela y Guyana, dos países vecinos en disputa territorial por la región del Esequibo, territorio rico en petróleo y minerales. La Guyana Esequiba, también conocida como el Esequibo, es una zona comprendida entre el oeste del río Esequibo hasta el hito en la cima del monte Roraima en América del Sur, con una extensión de 159.542 km cuadrados. La República Cooperativa de Guyana administra la zona como territorio propio, pero cuya soberanía es reclamada por la República Bolivariana de Venezuela, basándose en el Acuerdo de Ginebra de 17 de febrero de 1966. Solamente la parte oriental de la isla fluvial de Ananoco en el río Cuyuní se encuentra bajo la soberanía de Venezuela, pero ha sido protestada por Guyana que no lo entiende así, y ha sostenido que fue un acto de anexión del Ejército venezolano cuando en 1966 la ocupó militarmente.
Litigio actual
Como “una amenaza directa de guerra”, calificó el presidente de Guyana, Mohamed Irfaan Ali, ial hecho de que su homólogo venezolano, Nicolás Maduro, mostrara un nuevo mapa venezolano incluyendo a la región en disputa del Esequibo, al tiempo que ordenó a la petrolera estatal venezolana, PDVSA, entregar licencias para explotar recursos en el Esequibo.
El diferendo data de tiempos coloniales cuando a mediados del siglo XVIII, en 1770, Venezuela era una colonia del imperio español, el Esequibo era parte de esa colonia venezolana y Venezuela no había sido fundada como República. En 1899 hay un litigio y se nombra a un tribunal internacional, en París, que falla a favor del Imperio Británico porque la Guyana era una colonia británica. En 1966, delegados de Gran Bretaña, Venezuela y Estados Unidos conferenciaron y el tribunal de Naciones Unidas ratificó el fallo del tribunal de París. Ese mismo año Guyana se independiza del imperio británico y pasa a ser una República independiente, y desde entonces ha administrado como suyo el territorio del Esequibo.
En la actualidad, en la zona existe una frontera tripartita, compartida por Venezuela, Guyana y Brasil. Cualquier incursión militar venezolana a Guyana implica el cruce de tropas venezolanas por suelo brasilero para alcanzar zonas estratégicas en actual disputa en Guyana. Opción que el gobierno de Lula da Silva ha descartado, terminantemente, pronunciándose a favor de la paz en la región y de la solución del conflicto por la vía de la negociación diplomática y pacífica.
En este conflicto, como en todo diferendo limítrofe, le asiste la razón a ambas partes en litigio, conflicto que, lejos de resolverse por una guerra en la actualidad, amerita el arbitraje de un tercer protagonista que dirima la controversia. ¿Hasta dónde es real esa posibilidad en caso del litigio territorial entre Venezuela y Guyana?
Venezuela no necesita más petróleo, con el que tiene es suficiente para su consumo y exportación, no obstante las dificultades de comercialización del producto debido al boicot norteamericano. Si el presidente Maduro piensa que con más petróleo va a resolver las crisis económicas de su país, se equivoca en toda la línea, el crudo agrega más combustible a una situación, de por sí, inflamable.
¿Qué hace que en estos precisos momentos de crisis, el gobierno de Venezuela quiera embarcarse en una guerra fronteriza por un puñado de tierra? Algunos observadores dicen que Maduro quiere postergar con una guerra las próximas elecciones presidenciales; por el contrario, nosotros estimamos que Maduro busca provocar con una guerra nacionalista la cohesión social mayoritaria a favor del gobierno y así ganar las próximas elecciones. De hecho, a eso apuntó el reciente referendo que el gobierno ganó, ampliamente, cuando el 95% del pueblo venezolano se pronunció a favor de la anexión del Esequibo. En cualquier caso, es una innecesaria jugarreta electoral que compromete la paz de la región.
Aunque las tensiones por el control de la región rica en recursos minerales han persistido durante todo este tiempo, en los últimos años se han agudizado tras la insistencia del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, de «reconquistar» un territorio que, según dice, «desde siempre» perteneció a su país. Caracas insiste en la necesidad de reanudar las «negociaciones de paz» para tratar de poner fin a la disputa, respetando el Acuerdo de Ginebra de 1966, en el que las partes se comprometieron a buscar una solución pacífica a través del diálogo directo. Pero Guyana rechaza el diálogo.
De su parte, el gobierno venezolano parece no advertir que el olor a petróleo estimula los apetitos geopolíticos de Estados Unidos y su acostumbrada injerencia en guerras ajenas. Un conflicto armado daría motivos a EE.UU para intervenir militarmente en la región con insospechadas consecuencias para el propio gobierno venezolano. Sin considerar, además, que una guerra entre Estados latinoamericanos contradice groseramente la política internacionalista que debe primar dentro de un espíritu de integración en Latinoamérica.
Vientos de guerra amenazan a Latinoamérica, la región de paz de mayor extensión hoy día en el mundo. Situación, por demás, inaceptable en los actuales momentos.
Una conocida canción de Violeta Parra, Los pueblos Americanos, del pentagrama musical y político de vieja Nueva Canción Chilena de los años sesenta, versa: Mi vida los pueblos americanos, mi vida se sienten acongojados, mi vida porque los gobernadores, mi vida los tienen tan separados. Cuándo será ese cuando, señor Fiscal, que la América sea solo un pilar, solo un pilar, ay sí, y una bandera que terminen los líos en la frontera, !por un puñao de tierra no quiero guerra!



