Por Leonardo Parrini
No llores por mi Argentina, dice la canción evocando la muerte de Evita, peronista histórica del país gaucho. Sí lloro por ti Argentina, !cómo no llorar cuando la nación de Cortázar dio paso al neofascismo! Esta vez, Argentina asiste a una segunda muerte de sus caudillos peronistas, un deceso político al tenor de una derrota electoral propinada por Javier Milei, outsider de extrema derecha que les hizo ver su fracaso en el gobierno y que ha prometido convertir a Argentina en un nuevo reducto del capitalismo neoliberal.
Que los países tienen el gobierno que merecen es una verdad amarga, pero verdad al fin. Y que los pueblos que no conocen u olvidan su historia están condenados a repetirla es otra verdad acaso menos ácida que la anterior, pero amarga al fin.
Argentina y su pueblo merecen el gobierno que se han dado el domingo anterior, por haber olvidado su historia. Si no, cómo explicar que la gran nación del sur que sufrió sangrientas dictaduras en los años setenta con Jorge Rafael Videla (1976 a 1978), Onganía y otros militares golpistas, haya elegido a un Javier Milei, sujeto político que abiertamente se pronunció a favor de esas dictaduras haciendo gala de un neofascismo a la criolla con yerba mate y milonga incluidos. Milei míticamente intenta una respuesta: “La victoria no es de la cantidad de soldados, sino de la fuerza que viene del cielo”. Un discurso vacío, luego de conocer los resultados, y que concluyó con un ¡Viva la libertad, carajo!
Para que no quede duda de quién se trata, Javier Milei escribió en su cuenta de Twitter: “Javier Milei 2023. Donald Trump 2024. Jair Bolsonaro 2026” De esa manera anuncia a su troupe el regreso de la extrema derecha en el continente.
Milei es un outsider que tiene como experiencia un cargo como diputado, sin mayor cultura política. Como candidato presentó salidas fáciles, emotivas, que cayeron como caldo de cultivo en el camino que le dejó labrado Alberto Fernández y su fracasado gobierno que, a manera de suicidio político electoral, nombró de candidato presidencial al ministro de Economía -Sergio Massa- responsable del 145% de inflación en Argentina. Milei valiéndose del fracaso de los peronistas, herederos de políticos de otras generaciones, impresionó a un electorado joven, ignorante de las implicancias de la política que, mostrando cansancio de “los mismos de siempre”, decidió apoyar al improvisado candidato de la ultra derecha.
Este fenómeno hace pensar en que el populismo progresista tiene una asignatura pendiente: renovar su discurso y tratar de captar la atención y convencer a una juventud tecnócrata, ignorante de los conceptos de la política, obnubilada con las tecnologías y las expresiones virtuales, frente a una realidad que no logra comprender en toda su magnitud.
Ignacio Ramonet, analista de geopolítica, señala con acierto: “El balance de ese infeliz de Alberto Fernández es totalmente desastroso: Milei es su herencia”. Y tiene razón. Fernández y su ministro de Economía convertido en candidato presidencial iniciaron un camino cuesta arriba tratando de convencer a los argentinos de que el desastre económico del país, otrora próspero, no es culpa de sus políticas erráticas que abrieron las puertas del triunfo de la ultra derecha argentina.
Sergio Massa, luego de reconocer el triunfo de MiIei, habló de que “la convivencia, el diálogo y el respeto por la paz frente a tanta violencia y descalificación, es el mejor camino que podemos recorrer”. Sin duda, son las palabras de un derrotado, de un político sin rumbo ni derrotero que señalar a sus seguidores. Por decir lo menos, son expresiones de un ingenuo de la política si cree, convencido, que con Milei habrá “convivencia, diálogo y respeto por la paz” en Argentina.
Milei, en tanto, anunció que negaría la entrada de Argentina a los BRICS (foro político y económico conformado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica que potencia las posibilidades de cada uno de sus miembros, a través de la asistencia financiera para determinados tipos de proyectos); la entrada de Argentina a ese foro estaba prevista para el 1 de enero. Milei ha dicho que sus aliados internacionales solo serán EE. UU e Israel y que rompería relaciones con China y Brasil por ser países comunistas: “Nuestro alineamiento de geopolítica es con EE. UU e Israel, esa es nuestra política internacional. Nosotros no nos vamos a alinear con comunistas”, sostuvo.
El ecuatoriano Durán Barba asesoró en su campaña a Milei a cambio de dinero haciéndole ver qué mensaje pegaría mejor entre los indecisos; mientras tanto, el peruano Jaime Bayly visitó en Buenos Aires a Milei y lo entrevistó como una forma gratuita de proporcionarle una plataforma internacional. Milei, no obstante, exhibe un logro: haber conseguido el triunfo con un partido político que no existía antes de la campaña presidencial. Un colectivo que logró concitar el apoyo de los otros candidatos perdedores a cambio de nada.
En su reducto, el peronismo queda bastante desgastado luego de estas elecciones, y es un lastre que afecta a la política argentina porque es una suerte de fanesca política donde cabe de todo. En eso se ha convertido el progresismo argentino, en una amalgama de tendencias disímiles bajo la romántica evocación de sus líderes históricos.
A este desgaste se suma la imagen rechazada de Cristina Kirchner y la figura de Alberto Fernández, visto como el peor presidente que ha tenido Argentina en los últimos años. Al fin y al cabo el 45% de votos obtenido por Massa no es tan malo para uno de los peores ministros de Economía que puede tener un país latinoamericano con un 145% de inflación galopante, con el FMI en contra y diversas decisiones sin tomar. Es el momento que los argentinos entiendan que ya es hora de pasar la página histórica del peronismo.
El mexicano Leo Zukermann líder de opinión de la televisión mexicana que ha justificado el genocidio israelita en Gaza, escribe en su cuenta de Twitter: “Que Dios bendiga a los argentinos que hoy dieron un paso muy importante para rechazar a uno de los peores regímenes populistas de América Latina”. Junto al mexicano toda la derecha latinoamericana celebra y ora en gratitud divina por la victoria de Javier Milei, el apóstol del neo fascismo gaucho que no hará milagros ni asegurará la tierra prometida a los conservadores de su país. Es muy probable que Milei no termine su mandato por ingobernabilidad con un Congreso que no está a su favor. No podrá dolarizar en un año y medio a la endeudada Argentina y repetir libretos pasados es la peor fórmula en los momentos actuales. Las políticas propuestas por Milei son las mismas políticas que el ex presidente Menen aplicó en su segundo gobierno, y que no han funcionado en ningún país del mundo. Achicar al Estado, privatizar los servicios públicos, dejar el destino del país en manos de empresarios usureros, y hacer caso omiso a toda política social en un país empobrecido como Argentina, es una genuina invitación al caos, si no que mire lo que vivimos en Ecuador.
Volverán las oscuras golondrinas al país del sur, las plazas se llenarán de madres y abuelas de mayo protestando por justicia, los obreros del puerto ya no se persignarán luchando por sus salarios, no se callará el cantor ni dejará morir de espanto la esperanza, la luz y la alegría, alzará su voz y las calles se llenarán de asalariados si el que canta levanta su voz en las tribunas.
Sí lloro por ti Argentina, pero al mismo tiempo reprocho tu mala memoria, tu liviandad histórica como pueblo que no sopesa las consecuencias de sus actos colectivos. Sí lloro por ti, Argentina…



