Cuando se ha cumplido el escrutinio oficial de los comicios de este domingo 20 de agosto, la segunda vuelta electoral ya tiene dos candidatos a la presidencia de la República, Luisa González y Daniel Noboa, quienes obtuvieron las dos primeras mayorías, alcanzando el tercer lugar Christian Zurita.
Los comicios, que se desarrollaron con relativa normalidad, confirman algunos hechos claves. Las encuestas perdieron representatividad en sus cifras, frente a los cambios en la intención de voto manifestado en las horas previas a las votaciones. Las causas de las variaciones pueden ser múltiples destacándose el asesinato del candidato Fernando Villavicencio y el debate electoral televisivo. Ambos sucesos mostraron un cambio en la normalidad del proceso y expusieron elementos nuevos hasta ese momento.
El crimen de Villavicencio provocó que un sector de la población endosara los votos del candidato malogrado a su reemplazo en la fórmula electoral, Christian Zurita, en un claro voto de “sentido pésame”, de condolencias políticas.
Mientras que el debate mostró a un emergente candidato de nuevo cuño que, proviniendo de una familia adinerada, representante de la vieja derecha económica del país, el heredero Daniel Noboa planteó un discurso populista en su campaña, en tono sereno no beligerante con el correísmo, con solvencia y claridad, lo que le abrió las puertas a la simpatía generacional de jóvenes que se identificaron con novel empresario. La votación de Luisa González representa el voto duro del correísmo (32,0%), lo que confirma que un tercio del electorado mantiene una clara conciencia progresista.
Una primera conclusión es que la gran derrotada es la derecha política del país, puesto que ninguno de sus candidatos logró una votación significativa en términos individuales. Políticos que, de una u otra forma, han sido voceros del discurso de un modelo económico neoliberal. Los movimientos o partidos a los cuales pertenecen han apoyado en su momento las privatizaciones, el desmantelamiento del Estado, la reducción de impuestos a los empresarios, el recorte presupuestario a la educación y la salud, entre otras medidas ensayadas por el régimen de Lasso, además de un obsesivo anticorreísmo. La excepción la constituye Noboa que, siendo parte de los sectores conservadores del país, no dejó entrever su ideología originaria con nitidez y se parapetó tras un discurso populista, con estilo innovador y conciliador, pensado en la juventud que se identificó con él, en un país en el cual la mayoría del electorado está conformado por ciudadanos entre 16 y 40 años.
La victoria es del correísmo, Luisa González gana con la fidelidad expresada a Rafael Correa. Es una candidata militante en toda la línea, su aporte a la campaña pudo ser mayor si hubiese tenido la oportunidad de expresarse con propiedad, sin repetir necesariamente un guión que puede ser impuesto. El correísmo confirma con estos resultados que, más allá del cambió obligado de membrete -ALIANZAPAIS, RC- o de lista electoral, mantiene la preferencia progresista de un tercio de la población del país, lo que demuestra la vocación de cambio de los ecuatorianos. Cambio de un modelo neoliberal obsoleto que no ha dado respuesta a los problemas del país ni a las necesidades de su población.
Ecuador mostró esta vez su decisión de cambio, de renovación en rechazo a las políticas antipopulares de Moreno y Lasso . Los dos ganadores son rostros nuevos y jóvenes, sus discursos no son una apología del tradicional modelo político que impusieron los dos últimos presidentes, en beneficio de los sectores pudientes y conservadores del Ecuador.
Para la segunda vuelta ambos candidatos -González y Noboa- con seguridad remozarán sus estrategias. Un Noboa estimulado por el resultado en la primera vuelta, reiterará su “populismo benefactor” con tono tecnocrático empresarial, y hará énfasis en la renovación y oportunidad para los jóvenes, sin olvidar a los “mayores” y “desposeídos”. Luisa González deberá enfatizar en los ideales y gestión del progresismo que representa un verdadero cambio social, expresar con claridad derechos etarios juveniles y de género y mostrar nítidas definiciones en materia de política económica, empleo, seguridad y política internacional. Deberá enfrentar, como en otras ocasiones, la oportunista “unidad” electoral de la derecha contra el progresismo correísta, una vez más con apoyo de la falsa izquierda, el maoísmo, rezagos del socialismo criollo, sectores indígenas ecologistas, la socialdemocracia, que servirán de apoyo, en medio de la ignorancia y el oportunismo, a la candidatura millonaria de Daniel Noboa. En la otra orilla el pueblo ecuatoriano deberá ratificar su vocación de cambio, su instinto transformador de un país sumido en el pasado oligárquico remozado de neoliberalismo que, al final del día, resulta ser lo mismo.



