En nuestro país se producen grandes cantidades de deshechos alimenticios convirtiéndonos en uno de los países más derrochadores del mundo, que deshecha uno de cada tres alimentos producidos, lo que implica un desperdicio de recursos, agua, energía y tierra. A esta conclusión arriban especialistas que señalan que la producción de alimentos cuesta a la economía global $ 940 mil millones de dólares anuales, usa un 30% de la energía y provoca el 75% de la deforestación planetaria con fuerte impacto en la biodiversidad mundial.
Un informe de FAO señala que Ecuador desperdicia el 45% de fruta producida en el país, mientras las cifras de desnutrición y pobreza creciente son alarmantes. La humanidad desperdicia más de un tercio de lo que produce en alimentos. Solo en nuestro país botamos 939 mil toneladas métricas de alimentos por año, según precisa la organización mundial FAO. En dinero esa cantidad equivale a 334 millones de dólares anuales, convirtiéndose Ecuador en uno de los países latinoamericanos en donde más se desperdicia alimentos desde la producción hasta la fase de su consumo.
Tarsicio Granizo, ex ministro del Ambiente y actual director de WWF-Ecuador manifiesta en medios de prensa que “el desperdicio de alimentos implica que estamos produciendo más de lo que alcanzamos a consumir y eso tiene un impacto directo en las tasas de deforestación. Por eso es importante modificar nuestros hábitos de consumo y no comprar más de lo que realmente vayamos a utilizar. La R de Reducir, tiene que ser una estrategia que apliquemos en nuestras casas, especialmente en estos tiempos en los que la pobreza, por efecto de la pandemia, aumenta en el Ecuador”.
La organización ambientalista WWF trabaja en un proyecto denominado Ecuador Sin Residuos, conjuntamente con la USFQ y empresas privadas, en el desarrollo de estrategias que posibiliten reducir el desperdicio de comida en empresas que logren una mayor capacidad de medir sus desperdicios y se vuelvan más eficientes en la producción y elaboración y consuno de productos alimenticios.
Los especialistas estiman que existe “un enorme potencial de la economía circular”, en tanto los residuos orgánicos representan el 57% de todos los residuos del país. La academia considera que “hay un potencial enorme en desarrollar una metodología de medición del desperdicio para varios tipos de empresas y negocios y que perciban el beneficio interno y externo de evitar el desperdicio. Además, este esfuerzo visibiliza la importancia de la colaboración entre sectores social, privado y academia”.
Los esfuerzos apuntan, además, a que los habitantes en el país modifiquen hábitos de consumo hacia costumbres más sostenibles. Todos podemos contribuir a lograrlo haciendo una lista de compras para racionalizar gastos, estableciendo un plan de comidas domésticas antes de acudir al mercado. Además, podemos sumarnos a la donación de alimentos a través de programas establecidos y, al fin de cuentas, exigir a las grandes empresas industriales mejores prácticas de producción, según propone la WWF.
Al derroche de recursos alimenticios se suma el impacto mundial que producen los desperdicios en el ambiente natural, “para el cambio climático, la deforestación, la sostenibilidad de la agricultura, los medios de subsistencia humanos y los suministros de alimentos”.
Ya es hora de reconocer el valor de los alimentos en un mundo que padece hambre. Una omisión socialmente inaceptable, además, en un país como Ecuador que exhibe un galardón vergonzante como uno de los más derrochadores en recursos alimenticios.



