Chile celebra 210 años de su Independencia, en conmemoración de la Primera Junta Nacional de Gobierno constituida el 18 de septiembre de 1810, y es tradicional que los chilenos hagan oír un grito de !Viva Chile! Que viva, ¿pero en qué circunstancias? Esta pregunta intentan responder dos analistas chilenos en sendos artículos de opinión que reflejan el sentir que prevalece en el país del sur.
Hugo Gutierrez, diputado por la jurisdicción norteña de Iquique, se anticipa a caracterizar la democracia chilena como restringida: “el presidencialismo político, tal cual como está en la Constitución del dictador, es solamente una de las tantas manifestaciones detrás de la instalación de la democracia restringida y de la economía en favor de la concentración de la riqueza”, señala.
Según Gutierrez, la democratización política, económica y social es lo único que puede redibujar el escenario de relaciones entre una gran mayoría social y un grupo de individuos cuyo recurso permanente ha sido la extorsión al poder político mediante las estructuras de su poder fáctico en Chile. Frente al proceso constituyente que vive Chile de cara al Plebiscito del 21 de octubre en el que se aprobará la creación de una nueva Constitución o se ratificará la actual, vigente desde 1980, el potencial transformador de la nueva Carta constitucional estará determinado por el tipo y profundidad de la intervención política del pueblo, “la que dependerá de su estado de movilización, deliberación, organización e incidencia en los espacios de la sociedad”, señala el analista.
El periodista Juan Pablo Cárdenas, en su artículo “Qué pasará en Chile” ensaya una respuesta a las inquietudes de Gutierrez y de todos los chilenos. En su análisis, Cárdenas, percibe que la pandemia está determinando mucho lo que acontezca sobre el Plebiscito Constitucional convocado para octubre. Incluso no descarta que “los que tienen más remilgos hacia las decisiones ciudadanas confían en los rebrotes del Covid 19, en la agudización de las protestas sociales y la conmoción que vive la Araucanía para plantear la idea de que todos estos procesos electorales debieran suspenderse”.
Chile ha vuelto a encenderse en demandas y protestas sociales -constata Cárdenas- y las llamadas fuerzas del orden se preparan para impedir los acontecimientos del 18 de octubre pasado. Los chilenos en general aceptan que el país, definitivamente, cambió desde ese día y hoy el pueblo asume que solo con su movilización podrá exigir un trabajo y salario justo, una pensión digna y la posibilidad de que el país supere la profunda inequidad que lo identifica.
Este escenario de democracia restringida ha puesto a Chile ante “una riesgosa trampa”. Si la votación por “el apruebo” no alcanza a garantizar el 75% de los miembros en la convención constituyente, “la derecha y los sectores más retardatarios podrán ponerle muchos obstáculos a cada precepto de la nueva Carta Magna”. Frente a esa eventualidad no se puede descartar “un severo conflicto social cuando el pinochetismo y sus herederos decidan ejercer su veto a las reformas acordadas mayoritariamente”. Como tampoco es descartable que el Plebiscito y las siguientes consultas electorales sean invadidos por el cohecho, la millonaria propaganda electoral y otras prácticas ya institucionalizadas en los procesos electorales chilenos., sin descontar que el gran empresariado moverá ingentes recursos para influir indebidamente en estos procesos.
De prolongarse tal insolvencia política y frustración popular, Cárdenas augura en Chile “un escenario de serias confrontaciones”. A la inestabilidad del proceso constituyente se suma lo que está sucediendo en la Araucanía, en el sur de Chile. Basta revisar el recuento cotidiano de la radicalidad que ha adquirido el conflicto mapuche. Un conflicto racial agudizado por el terrorismo de Estado que está a un paso de que se extiendan por todo el territorio nacional.
Chile vive hoy “encima de un polvorín a causa de los abusos de las autoridades, la codicia empresarial y la cada vez más extensa discriminación y marginalidad social”. Y la chispa que encienda la hoguera de una nueva confrontación fratricida “puede ser el intento que algunos ya expresan de desoír u obstaculizar la voluntad soberana”. Ejemplos históricos hay varios, señala Cárdenas: la revolución de 1891, las reiteradas masacres a trabajadores y estudiantes, la llamada Pacificación de la Araucanía, el bombardeo a La Moneda y la forma en estos últimos años en que la clase política se ha corrompido y dado la espalda a la sociedad civil en el país del sur.
Viva Chile, pero vive en la convicción de que el desencanto del pueblo sobre el sistema que rige a los chilenos augura una nueva explosión social, cuyo valor ya entendió el pueblo chileno en la fuerza del derecho a la rebelión. Viva Chile, ojalá en la vivencia de que el país pueda salvarse de un nuevo vendaval político y social que se está haciendo inminente.



