Ya no tiene mayor trascendencia para la vida nacional, agobiada por una epidemia que sigue fuera de control y por la hecatombe económica que no muestra señales de superación a corto plazo, quien sea el próximo vicepresidente o vicepresidenta del gobierno. Se elige por cumplir con una coherencia constitucional, mas no porque el cambio represente una renovación cualitativa de fondo en la política oficial ni en los rumbos del país. El regimen envió la terna de aspirantes entre los que aparacen Maria Paula Romo, actual ministra de Gobierno, y de relleno el nombre del secretario del gabinete, Juan Sebastián Roldán y de Alejandra Muñoz, directora del Servicio Nacional de Aduana de Ecuador.
La designación de un nuevo segundo mandatario (a) -el cuarto en este régimen- es un síntoma del estado político en el que se encuentra el país. No era impredecible la renuncia de Otto a la Vicepresidencia y que en el cargo lo reemplace Romo. Sea porque la Asamblea la “elija” entre los nombres de la terna que envió Moreno para cumplir con la formalidad, o sea porque ninguno de los tres nombres cumplen con las exigencias legales y, al cabo de 30 días, asuma automáticamente. Esa es la parte formal, la apariencia de una maniobra política preestablecida por el gobierno en su propósito de hacer que se den condiciones para continuar en el poder por otro periodo presidencial.
Las fichas del guión son evidentes: Otto renuncia a la Vicepresidencia, se convierte luego en candidato oficialista a la Presidencia para el 2021 y su cargo vacante es ocupado por Romo. Y ¿por qué Romo?: simplemente porque es de la “mesa chica”, del círculo presidencial íntimo, es el cuadro de confianza hasta para remplazar a Moreno y con cierta capacidad de maniobra para lavar todas las caras y las manos sucias del gobierno, incluida su propia imagen. No olvidemos que tiene un juicio político pendiente guardado en el closet de la Asamblea por “incumplimiento de funciones” y la respuesta policial durante las protestas del paro de octubre.
Es un desplante de Moreno proponer a la Asamblea el nombre de Romo para vicepresidenta, pero ese es el plan, seguir gobernando con su círculo íntimo y mantener control para evitar un mayor deterioro del gobierno en los 10 meses que le restan. El ejecutivo necesita 70 votos en la Asamblea para que se elija al nuevo vicepresidente (a) de su terna, sin alianzas no tiene opción y hasta el momento no hay aceptación a los nombres propuestos. El gobierno cuenta con frágiles 42 votos entre sus filas parlamentarias para designar a su segundo mandatario. Un voto por Romo podría ser interpretado como dar una bocanada de oxígeno a un régimen que muere por asfixia política. ¿Quién quiere dar respiración artificial boca a boca a un régimen impresentable?
Los 29 miembros del bloque de la Revolución Ciudadana no muestran disposición a nombrar vicepresidenta a Romo, por las mismas razones que alientan el juicio político a una ministra de Gobierno que es cuestionada por ser “responsable de la muerte de 12 personas y la detención ilegal de más de 1.200” durante el paro nacional de octubre de 2019.
En las otras bancadas no se ve una clara voluntad política a favor del régimen y su terna. Los socialcristianos han dicho que “el Gobierno nacional ha tornado intrascendente quien ocupe la Vicepresidencia”. Y esa intrascendencia se refleja en la apatía parlamentaria por elegir un nuevo segundo mandatario (a).
Mientras la Asamblea Nacional no parece abrir las puertas de la Vicepresidencia a Romo, lo probable es que la funcionaria tenga que entrar por la ventana, aupada por la fuerza de la ley.



