A poco más de un año antes de que se lleven a cabo las elecciones presidenciales del 2021 en Ecuador, las encuestas de opinión que miden la intención de voto ya empezaron a dar a conocer sus resultados de sondeos flash, no sin dolor de cabeza para algunos interesados. Se trata de una indagación a ciudadanos que están en edad de votar y que son consultados en estos días en entrevistas rápidas, pero no menos representativas del sentir y del pensar colectivo.
Hay una encuesta on line que pregunta a los interesados: ¿Si las elecciones fueran hoy día, por quién votaría? El sondeo digital Encuesta Presidencial Ecuador otorga un 45% de intención de voto a Rafael Correa, seguido por Jaime Nebot 34,9% y Guillermo Lasso con 8,6%. A continuación, hay otros nombres como Jimmy Jairala, Alvaro Noboa 1,6%, Lenin Moreno 1,3%, Fernando Balda 0,9%, Otro 4%, Ninguno Blanco Nulo 1,3%. El sitio www.forosecuador.ec, hace una observación pertinente: “Los votantes en Ecuador generalmente son influenciados por quienes aparecen como ganadores en las encuestas previas al proceso de votación, sin embargo, muchas de las veces los pronósticos difieren de acuerdo a las empresas que realizan estas encuestas».
Por esta razón -señalan los encuestadores digitales-, y con el fin de proporcionar a la ciudadanía información verificable y evitar posibles distorsiones, «a continuación presentamos nuestro propio sondeo, en el que todos pueden participar y expresar su intención de voto. Adicionalmente publicaremos en este mismo sitio web, todas las encuestas realizadas por entes calificados por el CNE para tal efecto, ordenadas cronológicamente, según se presenten al público”.
Establecimos contacto con empresas especializadas en sondeos de opinión y medición de la intención de voto y seleccionamos a Cedatos, por su capacidad técnica, para que nos proporcione sus resultados. El principal de la empresa, Dr. A. Polibio Córdova, comentó que es importante que la ciudadanía reflexione bien su voto en el 2021, puesto que la tendencia actual de intención de voto registra un 35% para Rafael Correa, 18% para Jaime Nebot y un 7% para Guillermo Lasso, aproximadamente. La preocupación del experto es que las dos candidaturas secundarias tienen la posibilidad de unirse, porque aun existe más de un 50% de indecisos, y lograr así una victoria en primera vuelta, caso contrario podría darse un fenómeno como Argentina, país en el cual el kirchnerismo que se le creía derrotado consiguió convocar a las mayorías argentinas en torno de un candidato aglutinador y de factible aceptación popular como Alberto Fernández a la presidencia, secundado por la ex mandataria, Cristina Fernández de Kirchner, como aspirante a la vicepresidencia.
Si se está pensado que el paradigma argentino se pudiera reproducir en Ecuador en el 2021, vale recordar algunos aspectos del modelo gaucho. En Argentina se generó una candidatura progresista, sin olor a absolutismos, amplia, y con capacidad de convocar a nuevos sectores y sumar fuerzas. La propuesta del binomio Fernández-Fernández fue apuntando en la crítica a aspectos concretos del fracaso de Mauricio Macri y de sus políticas neoliberales que han desencadenado un caos y una debacle económica en el país sureño. En Argentina, Cristina F. de Kirchner se alejó despues del resultado victorioso de su binomio y se fue a Cuba por asuntos personales, y dejó que sea A. Fernández quien dé la cara con los resultados en la mano. La convocatoria del binomio había sido amplia, sin sectarismos de ninguna naturaleza y por tanto la celebración fue sobria sin fanatismos extremistas e incluyó a bastos sectores de la sociedad argentina que aportaron al triunfo del Frente de Todos.
Avizorando posibles escenarios, cabe notar que, en términos generales, ambos países tienen electoralmente un detalle en común: Las alianzas son la tónica obligada para enfrentar la dispersión del sufragio.
Ninguna de las fuerzas en tensión electoral en Ecuador está en capacidad de obtener un triunfo categórico por sí sola, en la primera vuelta. Excepto, si los remanentes correistas logran un candidato aglutinador que les asegure el triunfo en la vuelta inicial al amparo de la figura de Rafael Correa que en estos momentos capta la intención de voto, mayoritariamente. Ese cuadro o candidato deberá encarnar la más rotunda oposición a Lenin Moreno, aprovechando el deterioro de la imagen presidencial, sus desaciertos, el incumplimiento de ofertas de campaña y el consecuente desastre económico con visos de sismo social. Las encuestas marcan el sentido de la campaña potencialmente ganadora, quien aspire seriamente al sillón presidencial debe resolver positivamente la ausencia de liderazgo al interior del país, debe llenar el vacío que dejan Moreno, despreciado en las encuestas y Nebot, que aun no cuaja como firme presidenciable. Además, debe decir de manera concreta cómo se propone resolver el principal problema del Ecuador que es el desempleo masivo -no la corrupción- y la falta de vivienda, salud y educación popular que son promesas incumplidas en el fraude del actual gobierno.
La derecha política, por su parte, está obligada a renunciar a los personalismos y buscar un frente amplio que le garantice una votación suficiente para consolidar una victoria en plazas esquivas como la sierra. Las alianzas en la segunda vuelta se imponen para concretar un triunfo final de la tendencia, más allá de los apetitos personales e irrenunciables de los dos candidatos, Nebot y Lasso, que representan al neoliberalismo del modelo empresarial como factor común.
El oficialismo, ya sin capital político por desgaste natural y decepción popular, se jugará una carta clara como opción electoral, el vicepresidente en el rol de outsider y a quien ya se le delega funciones diversas para foguearlo y posicionarlo como un ejecutor de políticas públicas.
En términos estrictamente políticos, Ecuador se juega electoralmente dos opciones en las candidaturas con mayores discrepancias: una es la que apuesta al colapso para retornar al poder y la otra que apuesta a una transición armónica.
En el escenario político electoral, desde hoy hasta los comicios del 2021, prevalecerá un clima de simulación mediática que busca obnubilar a potenciales electores. Se impondrá, por el contrario, quien entienda que la política es el arte de hacer que las cosas sucedan y para que aquello ocurra es elemental mantener un estrecho contacto con la realidad concreta del país y sintonizar con las demandas populares expresadas en la danza de las actualea cifras de las encuestas electorales.



