Para muchos suena apocalíptico, pero no es nada descabellado luego de que uno de los directivos de la red social más popular del planeta, Chris Hughes, pidió esta semana “desmantelar Facebook” y acusó a su actual CEO, Mark Zuckerberg, de haber sacrificado la privacidad de los usuarios con el objetivo de obtener beneficios de sus “clics”. El creador de Facebook, Mark Zuckerberg, “creó un Leviatán que elimina el espíritu de la empresa y restringe la elección de los consumidores”, dijo Hughes, en un artículo de opinión publicado en el diario estadounidense The New York Times. En la misma nota uno de los creadores de la red social propuso, además, dividir la compañía de las aplicaciones Instagram y WhatsApp, adquiridas en los últimos años.
La sugerencia no estuvo exenta de romanticismo. Una fotografía antigua en la que se ve a Zuckerberg y Hughes jóvenes en el campus de la universidad de Harvard en 2004, año de lanzamiento de Facebook, ilustró la publicación. Lo que si es real es que Hughes, se alejó de la compañía hace 10 años, pero dijo de su ex compañero Mark Zuckerberg que es una “persona buena y amable”, aunque actualmente le ha provocado enojo su actitud, porque “su foco en el crecimiento lo llevó a sacrificar la seguridad y civilidad por clics”, sostiene. Y agrega que “el gobierno debe responsabilizar a Mark” por esa situación.
No deja de sonar extraño este discurso empapado de doble moral. Por un lado Facebook sí interviene en la vida de las personas exponiéndolas como blanco de la publicidad, por otro se defiende una utópica privacidad de los usuarios. En tanto, se espera que en los próximos días la Comisión Federal de Comercio imponga una multa de 5. 000 millones de dólares a la empresa, pero eso no es suficiente, sostiene Hughes. Además el ex directivo de Facebook rechaza “el poderío monopólico que adquirió la red social, “y que ha sido utilizado para excluir a las empresas competidoras o ha copiado su tecnología”, señaló y citó los casos de la desaparecida Vine, de Twitter, o Snapchat. Por eso, para el ahora miembro del Proyecto de Seguridad Económica con sede en Estados Unidos y del Instituto Roosevelt, “es hora de desmantelar Facebook”.
La polémica no concluye ahí. Un grupo importante de accionistas de la red quiere destituir a Mark Zuckerberg como presidente del consejo de dirección de Facebook y elegir a un sustituto independiente. Esto se dejó entrever en el anuncio de la reunión anual de accionistas de la compañía, que tendrá lugar el 30 de mayo. Un amargo diagnóstico hecho por lo accionistas de Facebook, describe la actual situación de la empresa: “Sus acciones de clase dual le dan a Zuckerberg, aproximadamente, el 60% de las acciones con derecho a voto de Facebook, dejando el consejo, incluso con un director líder independiente, con una capacidad limitada para controlar el poder del Sr. Zuckerberg”. Nuevamente el discurso oficial de Facebook bajo sospecha. Se advierte en el texto una mayor preocupación por el control de la compañía que por sus usuarios. Una situación que, están convencidos, afecta la gestión y la supervisión de la empresa. No obstante, la pugna interna no se resuelve aún. En la reunión del 2017 más de la mitad de los miembros del consejo de dirección apoyaron una propuesta similar que finalmente no prosperó.
Las cosas están claras. Nadie da un clic por desmantelar la red más popular del mundo. Zuckerberg lo sabe y con el 50% del control de Facebook todavía puede “bloquear efectivamente la decisión”.
Nosotros los latinos cibernéticos
En América Latina ocurre un fenómeno singular con las redes sociales. Estamos retrasados respecto a la extensión de los servicios de conectividad y somos más dependientes de Estados Unidos en cuanto a tráfico de datos. Sin embargo mostramos un crecimiento récord de usuarios enganchados a las plataformas tecnológicas, fundamentalmente a Facebook. Por esa razón, un posible desmantelamiento de Facebook sería una catástrofe regional para los latinos.
Un reciente reporte de Digital Report, informe anual de las empresas Hootsuite y We Are Social, registra que entre los diez países que más tiempo pasan conectados a las redes sociales, hay cuatro latinoamericanos: Brasil, México, Argentina y Colombia. El mismo reporte señala que el promedio de horas dedicadas al mes a redes sociales asciende en el mundo a 5.2 horas. En América Latina es de 8.1 horas.
Somos producto de una cultura cibernético dependiente. Nos dejamos llevar por el pensamiento ciberutópico y hay una línea recta entre la socialización en red y el progreso. Todavia arrastramos un espíritu ácrata y tecnócrata, cuyos gurús son los grandes patrones del capitalismo digital (Google, Facebook, Amazon, Microsoft…), que han encandilado a multitud de profesionales urbanos. Pero la realidad es terca y el optimismo sobre la tecnología como motor para el bienestar pasa por una mala época.
Frente al teórico desmantelamiento de Facebook, nuestra forma de ser y comunicarnos los latinos, esa convivencia digital no está reduciendo la brecha entre ricos y pobres, sino que podría estar haciéndola mayor, de acuerdo con el Digital Report 2019: mientras más de 80 por ciento de los internautas latinoamericanos están en las redes sociales, algunas economías fuertes muestran niveles particularmente bajos de uso de estas plataformas, Alemania, con 40 por ciento, y Japón, con 39 por ciento, entre ellas.
Es la prueba de que Internet no es como algunos piensan un territorio desordenado, llevado y traído por impulsos ciegos, en el que cualquiera se hace rico con la magia de los algoritmos. El mundo que se abrió a la promesa del ciberespacio obedece a una rigurosa lógica, a una fórmula estricta y coherente: la desigualdad. Facebook lo sabe y en eso radica su negocio que va para largo.



