Un país sin una clara institucionalidad es como un barco a la deriva. Ecuador navega las turbulentas aguas de una institucionalidad frágil que es el reflejo de la falta de una sólida consistencia ideológica de su clase tradicionalmente gobernante.
Los postulados europeos del conservadurismo de los regímenes monárquicos o republicanos burgueses no fueron aprendidos en su totalidad por los ilustrados criollos. Faltaron a algunas clases y no asistieron a las clases de liberalismo. No les interesa la libertad, la igualdad y la fraternidad preconizada por los burgueses originarios, ni la democracia formal, ni la libre competencia proclamada por lo primeros banqueros europeos.
Así, Ecuador acuñó a una derecha sin proyecto político propio, que no sea el ideario neoliberal fracasado en países como Chile, Argentina y Brasil. Ideario que no es solo una fórmula económica sino toda una filosofía política reaccionaria que implica neoliberalismo cultural, social, etc.
Con una mentalidad cortoplacista y mimada por el régimen actual la derecha económica buscaba recuperar sus negocios inmediatos: manejo del dinero electrónico, derogación de la ley de plusvalía para especular con los bienes raíces, manejo de negocios energéticos, control de aduanas para facilitar las importaciones, bajar impuestos a la renta y salida de capitales, flexibilización laboral para ganar dinero fácil y rápido de la explotación de la mano de obra, reducir el Estado y sus servicios para privatizarlo todo desde sus empresas, etc. Cuatro o cinco negocios que ya recuperaron para hacerse “más competitivos” y volver más rentables sus negocios aupados desde las Cámaras industriales y comerciales o las entidades financieras y bancarias.
Todo aquello ya lo tienen y para eso no fue necesario estar sentados en Carondelet. Basta con utilizar las instituciones, ejecutivas, legislativas, judiciales y de control para hacerlas tramitar la parte sucia de la politica. Y obviamente los medios de comunicación que son parte estructural del poder establecido. Medios que son sus voceros espontáneos, cooptados o contratados para determinados fines.
No obstante, la derecha ecuatoriana no quiere heredar el poder de un gobierno calificado de traidor a sus propios principios reformistas o revolucionarios, sino que aspira ganar una elección el 2021 para poner en marcha un plan de negocios desde el Estado o privatizando la mayor parte de los servicios estatales en beneficio de sus empresas vinculadas.
La derecha ecuatoriana es una derecha que no actúa “derechamente”, de cara a la politica sincera, sino que se parapeta en los medios de información, actúa en empresas vinculadas, saca las castañas con la mano del gato “gobernante” que hace aparecer lo ajeno como propio en el plano de las ideas y los planes de gobierno.
La nuestra es una derecha provinciana sin miras a largo plazo, sin objetivos históricos, sin personalidad propia. De ese modo concibe también a un país sin soberanía internacional, sin autonomía politica interna, sin vocación de futuro.
Con esta derecha politica Ecuador no da ni un paso atrás tampoco adelante. Con esta clase dirigente sin clase, lo único cierto es el futuro incierto. Con esta derecha, el pueblo tiene la gran opción de plantear sus iniciativas y concebir un país distinto. Dios nos oiga y el diablo que milita en la derecha se haga el sordo.



